Hacia un periodismo feminista: Las falacias de periodistas sin ética feminista

Por Suiry Sobrino Verástegui

El viernes 15 de enero, Augusto Álvarez Rodrich, conductor  del programa digital Claro y Directo de RTV, invitó a la reconocida periodista Paola Ugaz para conversar sobre el feminismo en el Perú, a raíz de la publicación del libro “¿Será que soy feminista?” de la también periodista mexicana Almar Guillermopietro. En esta nota, analizaré los puntos que abordaron en la conversación que no comparto, y explicaré la necesidad de poner en debate las prácticas comunicacionales con ética feminista.

Quiero pensar que el año pasado fue trascendental para sentar las bases de la transformación de las comunicaciones hacia una práctica con ética feminista. Lo creo porque fue precisamente el año pasado, que tuvo lugar la publicación de la resolución del Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana, que declaró fundada la queja de Yanira Dávila, conductora de Aprendo en casa; y exhortó al diario La República, a no propiciar el ciberacoso y a llevar a cabo un programa de formación continua en periodismo con enfoque de género. A pesar de que esta resolución marca un hito y fue celebrada por varias y varios profesionales de las comunicaciones; el diario la cuestionó con en una editorial que tituló “En defensa de la noticia”, en donde no solo no asumen ninguna responsabilidad, sino que también señalaban que varias partes del documento violan “ irrenunciables preceptos de la libertad de expresión”.

Esta introducción es necesaria para analizar desde qué postura ideológica, Alvarez Rodrich, plantea una entrevista crítica hacia el feminismo peruano. Puesto que a pesar de reconcocerse como feminista, carga consigo la sombra de la justicación a la violencia simbólica hacia las mujeres ejercida por el medio del que es parte. Lo que me permite la siguiente reflexión: ¿hace cuánto que ser feminista no significa más que repetir un discurso superficial de rechazo a la violenciamientras, al mismo tiempo, se violenta o deja violentar a las mujeres?

«No es que con el #HermanaYoTeCreo buscamos que no haya investigación, sino que se cuestionen los métodos que se han utilizado para hacerlo, que nos dejan a las mujeres sin más armas de defensa que nuestras redes sociales«.

Esa pregunta se relaciona con mi principal problema con la entrevista: la reducción del feminismo a un movimiento homogéneo. cuyo propósito es acumular likes en redes sociales y que requiere de un asesoramiento profesional para “ganar aliados”. Es esta erradavisión del feminismo, la que permite que se propaguen una secuencia de imprecisiones y falacias durante todo el programa. Acá algunas:

  • “A mí no me basta el #MeToo”:  Paola Ugaz menciona que como periodista que se basa en hechos, el #MeToo no es suficiente. Sobre esto, me gustaría decir que el #MeToo no es una teoría del periodismo, sino un movimiento social que debe analizarse desde la complejidad de las dinámicas de género y el acceso a la justicia en cada espacio demográfico en donde se haya viralizado. El #HermanaYoTe creo (en español), ha sido malinterpretado en favor de los grupos políticos antiderecho y misóginos, como si con esta consigna les feministas, quisiéramos que se nos permita pasar por encima del debido proceso. Cuando en realidad, es una postura política de hermandad entre mujeres, ante la justicia patriarcal que históricamente ha silenciado nuestras voces. Es una consigna que intenta construir una barricada digital para las víctimas, por quienes sabemos lo duro que puede ser el sistema para las mujeres. No es que con el #HermanaYoTeCreo buscamos que no haya investigación, sino que se cuestionen los métodos que se han utilizado para hacerlo, que nos dejan a las mujeres sin más armas de defensa que nuestras redes sociales.
  • La ética feminista tolerante y sin rabia: Ugaz menciona que otras de las cosas que postula Guillermoprieto en su libro es que la ética feminista debería tener tolerancia. Yo no he leído el libro, pero sí escuché una entrevista a la autora, en donde ella aclaraba que este está redactado a partir de su experiencia como mujer no militante. Lo menciono porque muchas veces durante la entrevista, da la impresión de que las opiniones de Guillermoprieto son tratadas como importantes para ser consideradas por el movimiento feminista peruano, incluso como para un fin de “mejora”. Cuando lo que expresa la autora, en cambio, es que el libro refleja sus cuestionamientos acerca del feminismo. En ese sentido, desde el desconocimiento puedo entender que se perciba que el feminismo debe ser tolerante, dialogante y conciliador. Pero el feminismo no es solo el sector mainstream que reproduce discursos vacíos ni el academicismo que muchas veces puede ser excluyente; el feminismo también nace desde la rabia, el dolor, la injusticia, la cólera, el llanto y la marginalización. A ese feminismo muchas veces invisibilizado  los medios no se le puede pedir conciliar con el sistema que les ha oprimido desde antes de nacer. Ese feminismo no necesita ‘portarse bien’ ese feminismo resiste y existe.
  • “El activismo promueve su causa frente a lo que sea”, concuerdan Paola Ugaz y Álvarez Rodrich en su conversación, cuestionando que una periodista pueda ser feminista o viceversa: ¿Puede ser el periodismo activista? Esta es una discusión frecuente y que da para largo. A pesar de que ambos periodistas abordan este punto como una verdad irrefutable, lo cierto es que en el mundo cada vez más se habla sobre periodismo activista, tanto como se cuestionan los principios de la objetividad periodística. Para mí, el activismo no se traduce a una práctica lobbista como lo quiere hacer ver Álvarez Rodrich, el activismo es asumir una causa y llevarla a cada espacio de tu vida. No se contradice con la búsqueda de la verdad, pero sí con la objetividad que todavía, algunos medios demandan del periodista. Lo cierto es que el periodismo también se transforma; y sobre todo ahora, en épocas en donde cualquiera puede ser creador o creadora de contenidos. Debemos trabajar en unen un periodismo que no solo cumpla con la labor de informar -que es digamos, lo mínimo que se espera- sino que tome postura frente a lo que pasa. Y tanto la República, como todos los diarios del país, lo hacen, solo que prefieren no reconocerlo o en todo caso, piensan que eso es neutralidad.

Es importante reconocer que, al debate sobre la comunicación, el género y los derechos humanos, llegamos tarde como país. En la región ya hay países que han tomado la delantera; por ejemplo, en Argentina el año pasado se presentó un proyecto de ley que busca paridad y equidad en los medios de comunicación. Brasil, por otro lado, cuenta con Paula Cesarino Costa como primera editora de diversidad. Es urgente seguir conversando, cuestionandonos y debatiendo desde lo que nos exige la sociedad de hoy, Pero, sobre todo, es importante hacerlo con responsabilidad, con información y priorizando nuevas voces o voces históricamente silenciadas. Que es, precisamente lo que debería primar en la búsqueda por la verdad.

Algunas lecturas complementarias:
Sobre la importancia e impacto social del Feminismo digital en Latinoamérica.
Sobre Ética feminista.
Más sobre Ética feminista.
Sobre la diversidad de feminismos.


Suiry Sobrino Verástegui es periodista con especialidad en estudios de género por la Universidad de Chile, estudiante del diplomado de Comunicación, género y derechos humanos de la organización Comunicar Igualdad de Argentina y activista por una comunicación feminista.

Síguela en sus redes sociales en IG y Twitter: @SuiGnris . 

Son 25 años y continúa la espera de un juicio para las mujeres esterilizadas contra su voluntad

Por La Madre

La crisis sanitaria derivada de la pandemia COVID-19 nos afecta a todas, pero sobre todo a aquellas comunidades que ya eran vulnerables. Las mujeres esterilizadas contra su voluntad durante el gobierno de Fujimori en la década del noventa, acarrean problemas de salud desde entonces, problemas desatendidos que en el contexto actual las sitúa en un lugar de mayor vulnerabilidad mientras luchan por iniciar el juicio que tanto esperan. El 11 de enero de 2021 será la esperada audiencia en donde se sustentarán los cargos al expresidente Alberto Fujimori, sus ministros Alejandro Aguinaga, Marino Costa Bauer, Eduardo Yong Motta y demás responsables del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar – PNSRPF (1996-2000). En esa audiencia se decidirá si se da apertura a la ansiada investigación judicial o no, condición previa y necesaria para un posible juicio. En La Madre, estaremos atentas y vigilantes. 

En plena pandemia y crisis política, continúa la espera de un juicio para las mujeres esterilizadas contra su voluntad

Son 25 años desde las primeras denuncias, más de 8 mil casos registrados por el Estado peruano en el Registro de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas – REVIESFO a la fecha, miles de denuncias más apiladas en el Ministerio Público y cientos de miles de personas más afectadas. En concreto, 272 mil mujeres y 22 mil varones fueron esterilizados contra su voluntad entre 1996 y 2000, aunque hubo consecuencias hasta el año 2001. El PNSPRF fue drástico y sistemático al aplicar las metas y cuotas, y en general no garantizó el consentimiento informado. Así, es fácil perder la cuenta.

Este año hemos aprendido eso, que es fácil perder la cuenta de los días en confinamiento, del número de infectados de COVID-19, de las camas que se necesitan en los hospitales. También es fácil perder la cuenta, después de décadas, del número de informes sobre las esterilizaciones forzadas llevadas a cabo en el Perú hace ya más de dos décadas, denuncias, archivamientos, reaperturas del caso. En la audiencia del próximo 11 de enero se sustentarán los cargos contra el expresidente Alberto Fujimori, sus ministros Alejandro Aguinaga, Marino Costa Bauer, Yong Motta y otros implicados. 

A estas alturas de 2020 sabemos que la pandemia COVID-19 y la crisis derivada de ella y de las medidas tomadas para combatirla sitúan especialmente a las poblaciones que habitan los márgenes en un lugar de mayor vulnerabilidad. Aquellos grupos de pacientes que necesitan tratamientos de larga duración, como las personas que viven con VIH o cáncer, han visto cómo sus terapias han cambiado o desaparecido debido al desabastecimiento de medicamentos y el colapso de los servicios hospitalarios. Por ejemplo, para el mes de agosto, ya se estimaba que, “los focos más altos de tuberculosis en el país coinciden con las zonas más afectadas por la Covid-19 en Perú, son los distritos más pobres”. 

Las mujeres esterilizadas no son una excepción. Por falta de atención médica, falta de apoyo económico, falta de acceso a la justicia y la exacerbación de violencia doméstica, su situación ha empeorado durante la pandemia. Las personas registradas en el REVIESFO tienen el derecho a atención especializadas por el Sistema Integral de Salud (SIS). Sin embargo, la mayoría no han podido acceder a estas atenciones. De una parte, los servidores de salud de los hospitales del SIS no han sido capacitadas en la ley, de otra, los mismos doctores o enfermeras que esterilizaron a las personas afectadas siguen trabajando en los centros de salud. Esto también revela que los mismos derechos humanos de las mujeres esterilizadas que están siendo violentados dentro del panorama de la pandemia operan dentro de los mismos parámetros que justificaron su esterilización sin consentimiento previo en la década del 90: ser mujeres descendientes de pueblos originarios, rurales y pobres. Para cambiar la situación de las mujeres que fueron esterilizadas, es necesario apoyar cambios estructurales a través de la defensa y la materialización de las garantías de los derechos humanos. Estos cambios podrían lograr que la categoría de ser mujer indígena no sea una de vulnerabilidad. 

Aún en esta profunda crisis sanitaria, económica y social, las mujeres afectadas por la esterilización forzosa siguen en la lucha. La Asociación de Mujeres Peruanas Afectadas por la Esterilización Forzada (AMPAEF) acaba de presentar su caso frente a la comisión de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer – CEDAW, en un esfuerzo para atraer más atención internacional. Sin embargo, el caso enfrenta severos obstáculos, que no solo tienen su causa en la pandemia:

  1. La audiencia del caso se ha retrasado, puesto que esta debió darse en el mes de marzo, mes en el que inicia el confinamiento; 
  2. El bono económico repartido por el Estado en el contexto del covid-19 no ha llegado por las afectadas, quienes han denunciado estos hechos; 
  3. El Congreso de la Nación no llegó a aprobar la inclusión de las mujeres afectadas por las esterilizaciones forzadas dentro el Programa Integral de Reparación, propuesta que se presentó en el Pleno Mujer en setiembre de este año; 
  4. Se estableció un grupo de trabajo en el Ministerio de Justicia, en el que no se ha incluido la participación de las afectadas; 
  5. La primera exposición fotográfica sobre el tema titulada Ikumi, que en un principio debió exponerse un mínimo de 2 meses, solo se expuso 10 días en el Lugar de la Memoria.

Por todo ello se hace un pedido explícito a las autoridades de cumplir con sus responsabilidades y llevar un proceso que siga el debido proceso para llegar a la justicia. Además, recordar que es nuestro deber como sociedad mantener viva la memoria de nuestra historia y apoyar a que las voces de las mujeres que fueron esterilizadas en contra de su voluntad sean escuchadas.


El proyecto LA MADRE está integrado por un equipo de investigación multidisciplinario reunido para explorar el caso de las esterilizaciones forzadas ocurridas en la década del 90 en el Perú, durante el régimen autocrático del expresidente Alberto Fujimori, con el fin de identificar los vacíos e inconsistencias de la versión establecida de los hechos y contribuir a su esclarecimiento como un necesario ejercicio de memoria. Sus actuales integrantes son: Arely Amaut, Alejandra Ballón, Marieliv Flores, Ana Muñoz, Natalia Sánchez, Lucía Isabel Stavig e Inés Ruiz.

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Violencia entre mujeres: Un debate abierto y necesario

Por Gabriela Wiener y Claudia Cisneros

El patriarcado ha manejado siempre el discurso de “violencia es violencia venga de donde venga” para negar la violencia estructural contra las mujeres e impedir que se combatan las causas del machismo. Como señala la estudiosa de género española Beatriz Gimeno, si todo es violencia y sobre todo si todo es el mismo tipo de violencia entonces no hay razones para establecer medidas concretas de lucha contra la violencia machista. De hecho ese es uno de los argumentos más usados por quienes descalifican los feminicidios e insisten en que se traten como simples asesinatos, extirpándoles su causa de fondo: el género. Aun cuando tenemos perfectamente claro que una mujer puede ser una agresora y creamos que es importante que estemos por fin visibilizando las violencias que se ejercen dentro de nuestros espacios familiares, feministas y lésbicos, toca plantearnos algunas dudas sobre cómo estamos gestionando esto juntas. Hay dos casos puntuales que abren el espacio a un debate y cuestionamiento dentro de los feminismos. Uno es la reciente denuncia contra una comediante feminista y lesbiana por abuso de poder con una menor de edad que estudiaba en la escuela que ella dirigía; y el otro es el reciente fallecimiento de una poeta feminista tras complicaciones por su intento de suicidio luego de que le fuera retirado un premio de poesía por una denuncia de agresión a otra mujer.

Hay que cuestionarnos el efecto político que tiene para la lucha feminista equiparar la violencia patriarcal de un hombre contra una mujer con las violencias que se dan dentro de un grupo oprimido, es decir, entre mujeres y disidencias. Hay que cuestionarnos la ética feminista de colocar en el mismo nivel de violencias y castigo a la violencia que ejerce un hijo del patriarcado contra una mujer, y a la violencia de una mujer contra otra mujer, aunque esta última esté atravesada también por las violencias en relaciones de poder.

Si hablamos de violencia de género y colocamos la imagen de una mujer denunciada por abuso de poder al lado de la imagen de dos agresores hombres – como hemos visto que se ha hecho en algunos medios de comunicación a propósito de la denuncia contra la comediante Carolina Silva Santisteban, o cuando se compara a esta misma mujer, sin observar matices, con un depredador serial como Guillermo Castrillón – un profesor de teatro con 16 acusaciones de abuso sexual y violación en su contra – corremos el riesgo de impactar el trabajo de fondo que vienen haciendo los feminismos desde hace muchos años para diferenciar entre la violencia de género, es decir, la sistémica respaldada por un orden político patriarcal que ejerce el hombre contra la mujer por el solo hecho de ser mujer, de las demás violencias. Este artículo no trata de defender nombres o personas específicas, tampoco de acallar a quienes dentro del feminismo piensen distinto acerca de la justicia, pero sí se trata de hacernos estas preguntas, de indagar y ahondar en reflexiones críticas que ayuden a poner luz en estos complejos temas que nos interpelan a todas y a debatirlos.

Es una enorme conquista que actualmente la ley reconozca la violencia machista como un tipo específico pero no podemos bajar la guardia porque los sectores ultraconservadores siguen intentando desaparecer esa distinción. La violencia que se da entre personas del mismo género en el contexto de la familia, de la pareja y/o en relaciones de poder tiene sus particularidades y debe ser tratada como tal en toda su complejidad. Según un enfoque interseccional, las relaciones entre mujeres pueden ser muy complejas en términos de poder, y aunque no tengan que ver con género, las violencias pueden tener que ver con edad, con racialidad, con clase, etc. aunque ese es un tema de fondo para otro artículo.

Ningún grupo humano está exento de relaciones de poder, pero por más rol agresor o masculinizado que pueda tener una mujer, no se pueden comparar sus actos con las motivaciones y relaciones de poder de un hombre cis que ha nacido y crecido embebido de la cultura de dominio patriarcal hombre-mujer; equipararlos es un error categorial. Extrapolar la violencia hombre-contra-mujer a la violencia mujer-contra-mujer puede parecer lógico, consecuente como una prueba de que ejercemos un feminismo imparcial, sin fisuras. Pero esas exigencias son las típicas estrategias patriarcales para rompernos y volvernos contra nosotras mismas. Los enemigos del feminismo utilizan nuestros debates abiertos para posicionar la idea de que el feminismo es incapaz de trascender sus propias contradicciones.

Hay también un enorme riesgo de que, al señalar la violencia dentro de un grupo históricamente discriminado como las lesbianas, se incurra implícita e involuntariamente en lesbofobia. Claro que las mujeres, claro que las lesbianas, claro que las feministas también pueden ser machistas, violentas, acosadoras, abusivas y asesinas, porque no escapan a la categoría de humanas por ser mujeres, y hay que combatir esa violencia, pero hay que distinguir que no es una violencia nacida y constituida por el orden político patriarcal. Pese a que también existe un porcentaje mínimo de violencia de mujeres hacia hombres en el entorno familiar, no es algo que, como asegura Gimeno, las feministas tengan que estar señalando todo el tiempo en su activismo.

Eso no quiere decir que caigamos en el error de promover políticas de silenciamiento dentro del propio movimiento como se ha intentado algunas veces, ocultando por ejemplo el intento de feminicidio de una mujer lesbiana hacia otra porque ésta era referente o líder de una organización. Eso es grave. También debemos estar alertas a que no se banalice y utilice alguna denuncia solo para cancelar y desactivar voces necesarias dentro del feminismo. Por eso es importante revisar constantemente nuestros haceres, porque nosotras también estamos atravesadas por un tipo de violencia y también nos equivocamos. Hay que hacer funcionar la inteligencia colectiva en procesos difíciles que no acallen sino que escuchen, que ponderen y procuren justicia, y sería deseable que fueran liderados por las propias lesbianas y bisexuales.

Sin dejar de reconocer y abordar las violencias intrafemeninas, el foco y prioridad de nuestras luchas feministas, como sabemos, es el problema sistémico de la violencia hombre-contra-mujer, porque es el que más ocurre, el que más víctimas deja y el que atraviesa todas las estructuras culturales y sociales en las que interactuamos.

Foto: Monica Garwood

Hacia una justicia restaurativa entre mujeres

El otro caso cuya posibilidad de debate fue postergado por la vacancia y el golpe de Estado en el Perú fue el de Evelyn Rondinelli y el colectivo feminista Elefanta de papel; un caso que en los primeros días de noviembre nos sobrecogió a todes:  Evelyn, una joven neurodiversa es cancelada por una denuncia de agresión en un espacio feminista. Las compañeras de Elefanta de papel deciden seguir los protolocos aceptados culturalmente por los movimientos feministas, como garantizar que sus espacios sean seguros y estén libres de agresores y la separan del proyecto colectivo «Húmeda» en el que venían trabajando. Además, le retiran un premio de poesía recientemente otorgado por el colectivo. La decisión detona en Evelyn una crisis psíquica que la lleva al intento de suicidio y a su posterior muerte por complicaciones de ese fallido intento. Ese hecho a su vez desata un linchamiento en redes sociales contra las jóvenes de Elefanta de papel, también autoidentificadas como neurodivergentes, a quienes se culpa de su muerte. La cancelación y el suicidio de una feminista generan más señalamientos y linchamientos desde el feminismo, más daño y más dolor. En toda la gestión, de comienzo a fin, hay algo en nuestra red feminista que no funciona; hay ausencia de una efectiva mediación, no hay un tratamiento cuidadoso de la salud mental de las implicadas o no el suficiente para evitar todos estos daños subsecuentes; la inteligencia colectiva parece fallarnos y no hay dónde encontrar ese espacio de apoyo mutuo y cuidados porque es posible que no exista o esté aún por construirse. Conclusión: una compañera muerta, muchas heridas y desconcertadas, y el patriarcado culpando al feminismo de todo.

Tras la pausa por la crisis política, la herida se ha reabierto luego de que el semanario En sus trece de César Hildebrandt –una revista en la que escriben solo columnistas hombres y desde donde se ha atacado varias veces a mujeres activistas– incluyera una versión de los hechos que intenta dañar a las feministas o deslizar su responsabilidad en la muerte de una persona. Un tema como este, sin embargo, tan complejo y revelador de las distintas violencias que atraviesan también a nuestras comunidades, y que orbita sobre cuestionamientos que llevamos desde hace un tiempo haciéndonos respecto a algunas de nuestras prácticas como feministas, requiere otro tipo de tratamiento y espacio para convocar la reflexión, el encuentro y también la reparación. 

Es tiempo de hablar entre nosotras de estas cosas y no dejárselas al enemigo patriarcal para que nos despedace. Es tiempo de plantearnos protocolos internos para feministas –como siempre en proceso de aprendizaje, deconstrucción y construcción– que no se agoten en los que usamos para defendernos del enemigo común y mayor: el patriarcado y sus hijos abusadores y agresores. Estos últimos casos plantean un problema emergente que nos confronta con nuestras propias limitaciones y posibilidades. Si la justicia formal aún es patriarcal y ofrece pocos espacios y posibilidades para las víctimas y sobrevivientes de violencia de género, la denuncia pública contra agresores masculinos que ejercen poder y abuso con impunidad sigue siendo una manera importante de buscar alguna justicia alterna y sanación para muchas víctimas, pero no deberíamos conformarnos con que sea la única. Hay que explorar otras formas de justicia que surjan de la reflexión colectiva, que no reproduzcan más violencia patriarcal, sobre todo para la resolución de conflictos en nuestros propios espacios, y aún más, cuando las acusadas de agresión sean otras mujeres. Y no estamos hablando de amigas o compañeras, hablamos de mujeres. Y poniendo mucha más atención cuando les acusades son también personas LGTBQI, racializades, precaries, pobres, gordas, mayores, neurodiversas, diversas funcionales y vulnerables en general, que han recibido violencias varias toda su vida.

Para llegar a ello, en primer lugar, es imprescindible partir del reconocimiento del daño por un lado y el deseo de reparación por otro, desde la escucha mutua, el hacerse cargo, el perdón y la toma de consciencia en procesos internos que prioricen el acompañamiento a las víctimas, su cuidado y atención a sus necesidades, pero procurando alejarnos cada vez más del castigo para acercarnos a la restauración consensuada cuando esto sea posible.

Nos toca trascender la polarización que siempre nos encasilla maniqueamente en el papel de la señaladora o la defensora, de la castigadora o la apañadora, para intentar trabajar estas violencias entre mujeres con mediaciones activas y amorosas hacia procesos de enmienda y verdadera liberación feminista. Al fin y al cabo, todas estamos aprendiendo a andar los caminos del feminismo, que son diversos y complejos, pero que se entrelazan porque persiguen lo justo, lo sanador, lo transformador. Ojalá éste pueda ser un aporte a un debate urgente y sororo.


Gabriela Wiener – Periodista, escritora y feminista. TW

Claudia Cisneros – Periodista y comunicadora con estudios en mujer, sexualidad y género. TW

Mientras la RAE retira de su Observatorio “elle” y “cisgénero”, Catalunya incluye palabras sobre géneros y actualiza el léxico LGTBIQ+

Por Leonor Pérez

Lo que no se nombra no existe. Y lo que no se nombra en todas las lenguas, no existe para quienes las hablan, por eso, el catalán demostrando que es una lengua muy viva y que avanza con los tiempos, a diferencia del conservador castellano, acaba de incorporar 14 palabras que explican la diversidad sexual, el género y todas las fobias contra las diversidades; también ha modificado las que se referían de forma despectiva a la comunidad LGTBIQ+.

El Instituto de Estudios Catalanes (IEC) además ha modificado 17 palabras con el objetivo de actualizarlas en consonancia con el momento actual. Por ejemplo, la palabra “doneta” que se traduce como mujercita, y cuyo significado era: niña que hace cosas de mujer u hombre afeminado; ahora remarca que la frase “hombre afeminado es una frase despectiva”.

Otro de los cambios notables es la palabra “bardaix”, hasta ahora traducida como sodomita, con la actualización señala: “sodomita dicho despectivamente”. También se ha cambiado el significado de afeminar, antes: “perder la energía moral, ser excesivamente blando”; ahora: “perder los rasgos masculinos, hacer que por sus maneras y acciones se parezca a una mujer”.

La incorporación de términos por el Instituto de Estudios Catalanes (IEC) refleja la intención de la lengua catalana de normalizar y visibilizar las múltiples maneras de relacionarnos social y afectivamente; y no es extraño que esto ocurra en Catalunya, primera comunidad autónoma española en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción por parte de familias homoparentales.

Actualizar el diccionario formal con el uso cotidiano y real de términos que ya forman parte de nuestra conversación diaria o de la información que consumimos vía los medios a nuestro alcance, demuestra la aceptación, inclusion y aplicación del enfoque de género desde las instituciones

Entre  las palabras incorporadas por el DIEC están aquellas que redefinen los géneros como no-binarios dejando atrás el concepto patriarcal hegemónico del género como singular y binario: u hombre o mujer.  Así, se incorporan al diccionario los siguientes términos:

  • Cissexual:    Que se siente del sexo al que pertenece biológicamente. Cissexualitat: Calidad o condición de cisexual.
  • Intersexual: Que presenta caracteres sexuales masculinos y femeninos. Intersexualitat: Calidad o condición de intersexual.
  • Monosexual: Que siente atracción sexual hacia individuos de un sólo sexo. Son monosexuales tanto los homosexuales como los heterosexuales. Monosexualitat: Calidad o condición de monosexual.
  • Transgènere:  Que se siente del sexo opuesto al que pertenece biológicamente.

Personas transgénero son aquellas que no se sienten del sexo al cual pertenecen biológicamente porque su identidad no se ajusta a las categorías tradicionales de hombre y mujer. Relativo o pertenecer a los transgéneros. Colectivos transgéneros. Transgènerisme: Calidad o condición de transgénero.

También se incorporan los términos que definen el rechazo o fobia específico contra las personas que se identifican con estos géneros no binarios. Así, por ejemplo, se añaden:

  • Bifòbia:        Aversión a la bisexualidad o a los bisexuales.
  • Cisfòbia:      Aversión a la cisexualidad o a los cisexuales.
  • Heterofòbia: Aversión a la heterosexualidad o a los heterosexuales.
  • Interfòbia:   Aversión a la intersexualidad o a los intersexuales.
  • Lesbofòbia:     Aversión al lesbianismo o a las lesbianas.
  • Transfòbia:     Aversión al transgenerismo o a los transgéneros.

Pese a celebrar la incorporación de los 14 términos y las 17 modificaciones, hay una acepción acerca de la mujer como sexo débil que aún se espera sea modificada. Hace 4 años una petición exigía el retiro del DIEC de “El bell sexe o el sexe dèbil. Les dones” que significa “el bello sexo o el sexo débil. Las mujeres. Se trata de una definición machista que perpetúa una imagen disminuida de la mujer.

¿Y la RAE? Recula que recularás

El último 29 de octubre el Observatorio de la Real Academia de la Lengua Española, (RAE), una suerte de purgatorio de plalabras,que consigna de manera provisional neologismos, extranjerismos, tecnicismos, regionalismos, etc. incluyó el pronombre “elle” y la palabra “cisgénero”, así como los anglicismos hashtag e influencer.

Muchos hispanoparlantes esperaban que fuera una oportunidad en que la RAE se ‘desanquilosara’; sin embargo, 24 horas después, al parecer las mentes más rancias de la academia se encargaron de desaparecer los términos “elle” y “cisgénero”. Una simple búsqueda en la página del Observatorio de la RAE nos permite advertir que ya no están, cumpliéndose con el enunciado de que advierte: «La presencia de un término en este observatorio no implica que la RAE acepte su uso». Por su parte, hashtag e influencer, continúan presentes, o sea, no es que no sean modernos, es que no son inclusivos y tampoco parecen interesarse en temas de género. Una muestra más de la hegemonía de la perspectiva masculina y heteronormativa en todas las cosas, hasta en las palabras y lo que nombran, o más bien, lo que no quieren nombrar.

Captura de pantalla de la página del Observatorio de palabras de la RAE.

Así, la RAE sigue dando la espalda a las diversidades pues no permite que sean nombradas de manera formal en una lengua hablada por más de 500 millones de personas, la segunda más hablada del mundo, sólo superada por el chino y sus variantes. No dejar que la lengua evidencie la realidad de todas, todes y todos los que la hablan, es una flagrante vulneración a los derechos de las diversidades y una rotunda falta de visión. No es casual que en sus más de 300 años y entre sus 486 académicos, sólo 11 mujeres hayan sido parte de la RAE, mientras que el Instituto de Estudios Catalanes con sólo 113 años de creación ha tenido ya a más de 30 mujeres entre sus integrantes.

Por eso no sorprende que de las 14 incorporaciones hechas por el diccionario catalán, sólo 2 están incluidas en el diccionario de la RAE, y en realidad una es declinación de la otra: intersexual e intersexualidad. Esto va en la línea de la RAE que por lenguaje inclusivo entiende sólo la visibilización del sexo femenino: «La RAE está a favor de una mayor feminización del lenguaje».

La “feminización del lenguaje” es algo que celebramos, sin embargo, también exigimos que sea inclusivo. Es hora de que la RAE ceda a la formalización de las palabras que nombran lo que hasta hace poco tiempo la sociedad se esforzaba en menospreciar y ocultar. Lo que se nombra existe y si existe se puede cuidar, disfrutar y defender. Normalicemos la diferencia, todas las diferencias, en nombre de la igualdad y de la equidad.


Leonor Pérez-Durand es periodista audiovisual, activista, creadora de

teleoLeo.com , sitio web de noticias que aborda temas de afectan a mujeres y

diversidades, pero también, cumpliendo con los objetivos de igualdad y justicia

social del feminismo, da voz a quienes no la tienen.

“Desde mi posición profesional estoy avocada a denunciar los abusos cometidos

contra las y los más débiles, ese y no otro es el objetivo de mi trabajo”.

‘El maíz de la soledad’ o cómo sobrevivir a la indiferencia de género en el exilio

Cuando eres de una de las ciudades más peligrosas de Latinoamérica, tu safety mode se activa cada vez que regresas de visita. Como si pudieras repeler el peligro manteniéndote alerta: un estado zen de defensa personal.  

De regreso en tu pueblito montañés de Tennessee —aunque una vocecita dentro de ti te recuerda que por ser mujer el peligro siempre acecha— te das permiso para bajar un poco la guardia.

Te relajas.

Te sientes a salvo otra vez.

Entonces el universo te regala un nuevo código postal. La oportunidad de tu vida: un Máster en Escritura Creativa en una famosa universidad asentada en el estado del maíz.

Destino: Iowa City.

Tu safety mode se relaja aún más. Una pequeña ciudad del medio oeste norteamericano. La ciudad de la literatura. Una meca para todo el que tenga ambiciones literarias en este país. Un paraíso lleno de escritores.

Nada malo podría ocurrir en un lugar así.

¿Cierto?

Pero apenas llegas a Iowa City te encuentras con un mundo de slumlords sobre el que nadie te advirtió. Un lugar en el que las fachadas que parecen casas —porche y flores incluidos— ocultan apartamentos pequeños y tristes, propiedad de corporaciones afincadas en alguna metrópolis muy lejos de los maizales.

Descubres que a esos seres corporativos no les importa ni tu vida ni tu seguridad y que descargan los servicios de mantenimiento en otras empresas que a su vez descargan esos trabajos en hombres que no pertenecen a ninguna plantilla. Así nadie tiene ningún tipo de responsabilidad. Nadie tiene que responder. ¿Garantías sobre aquellos hombres que tienen acceso a tu lugar de vivienda? Absolutamente ninguna.

A pocas semanas de empezar las clases en el programa de tus sueños, pides que reemplacen el toilet obsoleto del estudio que los seres corporativos te alquilaron. Ellos envían un acechador a tu puerta —un hombre que te acusa de robar un dinero que según él se le cayó en aquel baño diminuto.

Un acechador que toca varias veces a tu puerta a lo largo del día.

Un acechador que te encuentras al final de la tarde de ese mismo día… dando vueltas en el estacionamiento… esperándote.

Un acechador que te hace sentir atrapada en tu carro y que te hace llamar por primera vez en tu vida a la policía.

Un acechador que destruye tu safety mode para siempre.

Pero no, la historia no acaba aquí con este hombre.

Descubres que tu vida tampoco le importa a la policía. El oficial que envían 25 minutos después de que llamas al 911, archiva tu caso bajo uno que a él le parece más importante: el reporte del objeto perdido del acechador. Esperas en vano alguna señal de que el peligro ha pasado, pero todo lo que recibes del oficial es su tarjeta —para que lo llames en caso de que encuentres el dinero del acechador.

No, tampoco acaba acá con este otro hombre.

Refugiada en un hotel, un par de horas después del incidente con el acechador y el oficial de policía, la primera persona a la que contactas es la directora de tu programa. Las horas pasan a cuentagotas mientras esperas que responda al email que le escribes contándole todo por lo que acabas de pasar. Le dices que no sabes qué hacer. Que tienes miedo. Acabas de llegar a este lugar. No conoces a nadie más en Iowa City.

Te imaginas palabras solidarias, compasión, apoyo. Tal vez empatía. Te aferras a esa esperanza —una lucecita en medio de uno de tus días más oscuros. 

Pero en lugar de una luz, todo lo que la directora de tu programa te ofrece es una lista de enlaces. Ella está en España y no volverá durante el resto del semestre, copia en el email y descarga su responsabilidad sobre la jefa del departamento. También te dice que te apoyes en las compañeras de tu programa. Luego de eso, nunca más te vuelve a contactar.

La jefa del Departamento de Español y Portugués inmediatamente te envía más enlaces y más números. No volverás a saber de ella hasta varias semanas después de que te hayas instalado en un nuevo apartamento al otro lado de la ciudad. Su intento tardío por aparentar solidaridad solo conseguirá que la herida duela aún más.     

Te reúnes con una de las compañeras de tu programa en un pub. Antes de que le acabes de contar tu historia, ella te interrumpe para decirte que esto tiene que tratarse de algo más. Que algún recuerdo de tu pasado es lo que está haciendo que te sientas así.

No te violaron.

No te tocaron.

Lo que te acaba de pasar no-fue-realmente-tan-grave.

Entonces bebe el último sorbo de su IPA, se levanta del bar y te dice adiós. 

Todo lo que hacen de allí en adelante las personas que contactas en la universidad es bombardear tu correo electrónico con más enlaces y números de teléfono. Cada vez que pides ayuda a alguien, enlaces. Cuando te dan citas en sus oficinas, más números y más enlaces. Nadie te ofrece una salida de aquel maizal de números y enlaces y por un tiempo te quedas atrapada en ese laberinto cruel diseñado exclusivamente para cumplir con formalidades y librar a la universidad de cualquier responsabilidad. 

Como si esos enlaces pudieran reemplazar las palabras y los actos de solidaridad. Como si esos números pudieran protegerte, ofrecerte lo único que realmente necesitas: un lugar donde sentirte a salvo.

Luego de sobrevivir a toda esa indiferencia y encontrar por tu propia cuenta una especie de salida de aquel laberinto de maíz maldito, te haces una promesa.

Nunca serás indiferente ante una mujer que te diga que tiene miedo.

Reclamarás junto a ella y reclamarás por ella, una y otra vez hasta que se vuelva imposible ignorar sus voces. Hasta el día en que todas las mujeres tiendan la mano a otras mujeres en peligro. Hasta que todas las mujeres aprendan a cuidarse unas a otras. Hasta que ninguna mujer se sienta sola ni en la ciudad del maíz, ni en las ciudades tranquilas, ni en las ciudades peligrosas del mundo.

Atrévete a imaginarlo: nunca-más-ninguna-mujer-sola.


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El maíz de la soledad es una crónica personal que pertenece al libro de Márquez Adams Querencia: Crónicas de una latinoamericana en USA (Katakana, 2020)

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SOBRE LA AUTORA

Melanie Márquez Adams es autora de Querencia. Crónicas de una latinoamericana en USA (Katakana 2020) y Mariposas negras así como Cuentos (Eskeletra 2017).

Ha editado las antologías Ellas cuentan: Crime Fiction por latinoamericanas en EEUU (Sudaquia 2019) y Del sur al norte: Narrativa y poesía de autores andinos, premio International Latino Book Awards. 

En el 2018, Melanie recibió un Iowa Arts Fellowship y en el 2020 obtuvo un Máster (MFA) en Escritura Creativa por la Universidad de Iowa. Su obra en inglés y en español aparece en varias antologías y revistas literarias. 

Nadie sabe dónde estás. Por Azul Ramos.

Nadie sabe dónde estás

Por Azul Ramos

pego en los postes tu rostro

en esa media carta

donde grabo tu nombre

cuánto mides cómo son tus ojos

el color y las cejas que los coronan

qué ropa llevas puesta

algunas marcas particulares en tus apenas un metro sesenta y cinco

a qué hora saliste de casa

y cuál fue tu último mensaje

hace días que nadie sabe

no saben

decirme

cuál fue la hora o el lugar donde desapareciste

en el reloj

la manecilla está parada a las tres de la tarde

la hora en que comemos

leo tu mensaje una y otra vez

tomé el bus      llego en una hora

acomodo los platos por si entras corriendo

espero una hora            dos

pero el reloj continúa detenido en su tic (tac)

los cubiertos

de ser inmovibles

han decidido esperarte

como el gorrión que un día vi caer en picada

del edificio

y al estrellarse

– por no saber volar –

se quedó pegado al asfalto

y yo esperé a que llegaras para explicarme

de qué manera

-que desconocía-

alguien con alas podía morir al volar

tomaste su cuerpecito

esas alas atravesadas por el viento

vueltas hacia atrás

y le devolviste su orientación

lo guardaste en una malla para enterrarlo luego en el jardín

la puerta a medio abrir sopló esta mañana

abría cerraba      abría cerraba

y tu cuerpo jamás cortó el viento

tomé el teléfono

llamé

buzón de voz

buzón de voz

buzón de voz

nadie sabe dónde estás

pero sé que tienes hambre

que tu cuerpo flaco deambula en algún lado

que caminas encorvado

con tus pies rayando el piso

resoplando bramidos por el calor y el cansancio

te espero

en la silla de concha donde nos recostamos a pensar

en cómo se crea una canción de rap

o cuántos mangos comeríamos si escalamos el árbol aquél

en medio del patio

corto el recuerdo

llamo otra vez

silencio

madre me dice que busquemos en otro lado

en el semefo           por ejemplo

para saber si aún queda algún rastro por seguir

o es momento de sobrevivir a tu ausencia

me da miedo decirlo

pero sé que te borraron

aunque la abuela esté diciendo en este momento

que te siente  que estás lejos    que este no eres tú

te miro

no sé diferenciar en tu rostro ennegrecido y deformado

esa nariz chata y tus ojos de sol eclipsado

las constelaciones marcadas en tu cuerpo

en esta mesa de metal

con la desnudez expuesta

sabía reconocer en ti el olor a talco que se guardaba en tu cuello

o el de tus calcetines húmedos

expuestos en la sala junto a tus tenis encharcados

sabía de tus manos y tus líneas

qué trazo llevaba a tu corazón palpitante

y no a una roca

hago este recuento

porque no sé cuándo dejaste de cumplir años

porque un día

no supe quién

te sacó del transporte y te llevó lejos

torció tus brazos hacia tu espalda

tapó tu boca y tus ojos

y te borró el nombre

para guardarte en dos costales de papas

solo


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Nadie sabe dónde estás ganó el VIII Premio Estatal de Poesía Joven 2019 (Guerrero).

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SOBRE LA AUTORA

Azul Ramos es poeta y fotógrafa. Acapulco, 1993.

Ha participado en diversos eventos y festivales literarios nacionales e internacionales.

 Ha sido consejera municipal de Cultura de Acapulco, en el área de Literatura. 

En 2018 obtuvo la beca Jóvenes Creadores por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la disciplina de Letras (Poesía) en 2018, y en 2019 obtuvo el Premio Estatal de Poesía Joven en Guerrero. 

Forma parte del dúo “Lancha con fondo de cristal”, proyecto en colaboración con Abraham Chavelas que gira entorno a la poesía con arte sonoro.

Obra suya ha sido publicada en el Periódico de Poesía de la UNAM, Revista Asalto, El Rizo Robado, Buenos Aires Poetry, entre otros.

PUEDES SEGUIR A LA POETA EN

Facebook: Azul Ramos

Instagram: @azulramoz

Twitter: @azulramoz 

Web: fridazulramos.wordpress.com

Manifiesto del Comando Plath: ¡Ni cuotas ni poetisa! Poeta que aúlla, ladra y muerde.

Existe en el Perú un grupo de escritoras, artistas e intelectuales que hace activismo literario feminista a través del colectivo ‘Comando Plath’, que se conformó en Agosto de 2017. Desde allí denuncian la violencia que ejerce el patriarcado contra las mujeres en literatura, la academia y el arte. ¿Por qué comando y por qué Plath? ‘Comando, porque somos un grupo que trabaja tras la línea del machismo’ y Plath en reivindicación de la poeta Sylvia Plath ‘que como muchas, vivió a la sombra de su esposo escritor y resistió a sus maltratos’.

En el día de la escritora, Octubre 19, FemLatam reproduce el potente manifiesto (2017) del Comando Plath que habla por todxs las escritoras, intelectuales y artistas despiertas al enfoque de género y que ya no se callan nada.

Compartimos a continuación el manifiesto publicado en noviembre de 2017 por el Comando Plath y que sigue hoy tan vigente como entonces:

El Yo lírico se cansó de esperar y ahora aúlla y ladra.

El Yo lírico está harta de cuotas en eventos artísticos.

El Yo lírico quiere: 1) Un conversatorio de Literatura Peruana donde se invite solo a mujeres, y que ningún hombre se ponga histérico, porque para ellos habrá un Congreso de Literatura escrita por hombres. 2) El Yo lírico considera que basta con un hombre por mesa para ser políticamente correctos, y que agradezcan por ese acto de justicia.

El Yo lírico es dialéctico en ese sentido.

Aunque el Yo lírico está hasta el copete de que los otros yo líricos le exijan coherencia.

El Yo lírico quiere escribir sobre todo lo que le dé la gana y que no le pregunten: ¿por qué no hablas del cuerpo? o ¿por qué solo hablas del cuerpo?

El Yo lírico mostrará los dientes la próxima vez que le digan “poetisa”.

El Yo lírico se cansó de leer los mismos nombres en las enciclopedias. Ha decidido borrar de los viejos diccionarios todas las palabras que volvieron invisible su presencia.

El Yo lírico dice: Papi, ya no, ya no me sirves zapato negro, he tenido que matarte como Silvia con la impureza de mi lengua materna.

El Yo lírico opina que si no entendiste lo que dijo, no entendiste; y si no te gusta lo que dice, no te gusta; pero basta de respuestas condescendientes para ver si te liga “alguito”.

El Yo lírico tiene derecho a la histeria sin que se lo restrieguen en la cara.

¿Y si el Yo lírico fuera la gota que rebalsó el vaso?

El Yo lírico ríe cuando creen insultarla al gritarle ¡feminista!

El Yo lírico piensa en Tu cerebro de porcelana.

El Yo lírico recuerda que tiene que comprar leche mientras lee un poema en el Metropolitano.

El Yo lírico quiere hacer lo que los yo líricos hacen cuando dominan la situación.

El Yo lírico no tiene que demostrarte qué buena es en el texto ni en el telo.

El Yo lírico es “gorda / pequeña / imberbe / velluda / transparente /raquítica / potona / ojerosa” y qué.

Pero el Yo lírico siempre tiene que demostrar lo que no es.

El Yo lírico está cansada de que le digan cómo hacer las cosas “bien”.

El Yo lírico quiere ardientemente saber si tiene que hacerse la tontita para ganarse el corazón de un hombre y que este a) no se sienta amenazado b) no haga del sexo / del amor y de la inteligencia un juego de suma negativa.

El Yo lírico desea dejarse los pelos de las axilas y de las piernas y que no le pregunten.

El Yo lírico tiene arrugas, hondas arrugas, y desearía desearlas.

El Yo lírico mea y caga y no es una señorita ¿ok?

El Yo lírico va a parar YA de reír de vuestras bromas/indirectas/piropos/ baboseos por educación y por vergüenza ajena.

El Yo lírico está hasta el coño de fingirse bonita y sexy y delicada.

El Yo lírico es chola y es arrecha y es inteligente y es sudaca, y a veces, es sentimental y pequeño burguesa.

El Yo lírico se procura placer ella misma y no siente culpa ni vergüenza.

El Yo lírico se regodea en la inmensidad gozosa de su cuerpo, no necesita de intermediarios.

El Yo lírico quiere irse a beber y que no la jodan hombres sinuosos en la mesa de al lado. No está sola, está consigo misma.

El Yo lírico se divierte, canta desde temprano, orina sin vergüenza, come todo lo que le gusta, ensucia, hace líneas caóticas y no deja que le digan cómo hacerlo bien.

El Yo lírico piensa que el juicio de alimentos no puede ser parte de la higiene mental, enviudar sí.

El Yo lírico escribe pinturas ingenuas como “una bella pájara hornera”, exorciza a la madre “mil veces violada y todavía virgen” o escribe nutriéndose del plato de lentejas de la muchacha mala de la historia —si le da la gana—-.

El Yo lírico desahucia los yo no líricos que le quieren atribuir.

El Yo lírico está harta de que le digan “no salgas tarde de clase”, “no vayas por ahí sola”, “no seas voluntaria”, “no denuncies”, “mejor, quédate callada”.

El Yo lírico, a veces, también es una loca de mierda y esto la tiene sin cuidado.

El Yo lírico es instruida por charlas de “agresores sanos” que la arrastran de los pelos por calles y escaleras. Piensa que es un poema expresionista, algo así como el grito de Munch  .

El Yo lírico se hace nosotras, a menudo, y sabe rico.

El Yo lírico es miope, pero ha despertado. Se lo dice a sus camaradas, entonces, ellas se levantan y ladran. El Yo lírico se levanta y ladra. Le oy ociríl ah odatrepsed. ¡Ardal, ardal, ardal!

El Yo lírico recoge la rabia de nuestras abuelas.
El Yo lírico NO se presta para lavar caras sucias.

El Yo lírico “no pone la otra mejilla, pone su coño, compañerx”, y su rabia.

El Yo lírico ha perdido los cabellos en la vereda por donde todos caminan/ un puñ[ocerr]ado de cabellos que ahora recoge/ para tejer su poema.

(Para mi agresor sano): El Yo lírico escribe sin miedo: Me voy de la casa/Me voy de la casa/Me voy de la casa/Y aunque el Estado no responda/Y aunque el Estado no responda/Y aunque el Estado no responda/Yo seguiré tocando esta puerta/Yo seguiré tocando esta puerta/ Y me iré de la casa.

Porque el Yo lírico puede decidir “irse con otrx” sin firmar su sentencia de muerte en manos de un hijx sanx del patriarcado.

El Yo lírico no perdona ni a los tuertos ni a los muertos.

El Yo lírico le aúlla al Estado cómplice “fui violada y no me silenciarás ni con uno, ni con dos, ni con mil soles…”  

El Yo lírico se organiza para escupir la mordaza.

El Yo lírico ha sacado las garras y ruge.

El Yo lírico sueña con la utopía de las medusas y llena el buche de rabia, porque ya se cansó de ladrar sola y ahora aúlla que podemos ser malas y seremos las peores.

El Yo lírico le escupe al Poder y exige la muerte del Patriarcado.

El Yo lírico decide partirte los dientes de un derechazo, enterrarte entre papeles de oficina, quemar las iniciales de tu nombre, olvidarte en un descampado y decir que te lo mereces.

El Yo lírico sobrevive en un país de violadores hasta que le toque a ella también.

El Yo lírico se cansó de esperar y ahora aúlla y ladra y muerde.

Pero el Yo lírico peligra.

Y “al tercer día de los sufrimientos/ cuando se crea todo consumado… ha de volver. ¡Y no podrán matarla!”.

COMANDO PLATH, Lima, 24 de octubre de 2017.
[Este es el segundo manifiesto del Comando Plath y está dedicado a una mujer violada en el ejercicio de su trabajo. El Comando Plath exige la aplicación de una educación desde la perspectiva de género como política estatal ahora.
Ilustración (tomada de Comando Plath.com): Lucero Huamaní

La expropiación de la intelectualidad en las escritoras latinoamericanas

Por Violeta Orozco

Dedicado a todas las escritoras sumergidas y a todas las escritoras emergentes

Qué milagro que esta mujer se hizo escritora en un mundo de hombres que hizo todo por volverla invisible e ignorante. ¿Cómo hizo para conseguir ese conocimiento? ¿Quién se lo vendió? ¿A quién se lo robó? Como si ella no hubiera podido producirlo por sí misma, como si la ignorancia inducida por ellos siguiera siendo exitosa en tanto que sigue causando maravilla el que una mujer logre no sólo asimilar conocimiento sino producirlo; venciendo los desproporcionados intereses de un mercado literario que continúa favoreciendo historias coloniales, buildungsroman masculinos que (mal)eduquen a la población para adorar un ego masculino, un escritor hecho con sus propias manos, un hombre que aplaste intelectualmente a todas las escritoras que se encuentren en su camino. Como si un escritor sólo pudiera ser famoso si invisibilizara a todas las escritoras que encuentra a su alrededor.

Nunca faltan sus actitudes paternales, llenas de benevolencia, que de tan recurrentes nos parece escuchar hasta entre sueños, las arrogantes voces de los escritores expresando su lástima: ‘pidamos caridad para nuestras pobres hermanas del santo silencio, las escritoras invisibilizadas por nosotros, los escritores hipervisibles. ¿Quieren que les demos una limosnita para que se sientan mejor, que les hagamos su foro de mujeres para que jueguen entre ustedes a ser las autoras, a ser escuchadas en una simulación de foro público?’ La fórmula infalible: dejar que entre ellas compitan, que se hagan pedazos por un lugar en el sitial de la sombra, por un asiento en tercera clase. Como en el templo segregado por sexos, no nos quieren dejar rezar en el mismo sitio. Cada quién en su lugar.

Porque cualquier oficio o profesión que involucre algún saber humano, atenta contra el rol de la mujer como ente sumergido. Ser escritor es uno de los casos más visibles de la posesión de un tipo de saber (el de articular discursos escritos) cuyo reconocimiento social es otorgado por las instituciones hegemónicas como el Estado o la academia, que tradicionalmente han legitimado a los escritores como intelectuales públicos antes que a las escritoras. Especialmente en Latinoamérica. No hay momento en el que a las escritoras latinoamericanas no nos estén poniendo en duda nuestros saberes, nuestra tan trabajosamente adquirida intelectualidad. Después de años consagración internacional, libros después de haber publicado “Mujer que sabe latín”, novelas, cuentos y decenas de artículos, ensayos periodísticos y filosóficos en torno a la imagen desvalorizada de la mujer en la historia de la cultura y sobre todo de la escritura, Rosario Castellanos se la pasaba preguntándose obsesivamente si sería cierto que ella era escritora de verdad. El famoso síndrome de la impostora.

Es un secreto a voces que en realidad nadie nos escucha. A veces ni siquiera nos escuchamos a nosotras mismas. Buscando validación externa, y sobre todo masculina, saltamos de concurso en concurso como quien salta la reata cada vez más alto, cada vez más lejos. Desarrollamos músculos potentísimos, nos recuperamos de numerosos rechazos editoriales, amorosos, envidias, intrigas, melodramas de telenovela en donde nos abandonan nuestras mejores amigas, nos traicionan nuestras hermanas; porque así nos educaron y no supimos deseducarnos, reeducarnos a nosotras mismas. Leemos ciertas actitudes de nuestras congéneres como falta de solidaridad, despecho o falta de reconocimiento. Olvidamos que en el carnicero ámbito del campo literario los únicos que salen ganando son los intermediarios, los que trafican con nuestra ingenuidad y sensación permanente de desamor. Buscamos fuera de nosotras lo que no podemos darnos a nosotras mismas. No sabemos cómo salir del melodrama, el género literario que nos asignaron desde el siglo XIX para que nos entretuviéramos, para que al menos así disfrutáramos de nuestro encierro físico o intelectual, para creer fervorosamente en la dialéctica de las amas y las esclavas.

Pero no somos perros amaestrados de circo. No necesitamos que nos digan “muy bien” cuando ganamos un premio, cuando nos publican en alguna revista o editorial importante. Más que dar gracias compulsivas cuando recibimos felicitaciones por la cantidad desproporcionada de tiempo, energía emocional y vida que hemos invertido en que nos publiquen, que nos escuchen, que nos reconozcan, nos toca asumir nuestro lugar en la historia, ese que nosotras nos hemos forjado a punta de balazos intelectuales y confrontaciones violentas. No escribimos para que nos pongan una estrellita en la frente, para que nos saquen diez en algún jardín de niñas olvidadas por ellas mismas. Y si no escribimos para protestar contra el encierro y la explotación, contra la pauperización y desvaloración sistemáticas de nuestro trabajo, y contra el despojo de nuestras ideas más innovadoras y brillantes, entonces estamos escribiendo para los que nos oprimen, para los que compran nuestro silencio, para los que se apropian de nuestras ideas y las usan para sus propios fines.

Por más que nos cueste trabajo acordarnos, no estamos escribiendo (solamente) para entretener. Lo hacemos para impulsar y acelerar nuestra propia formación intelectual, para adquirir una visión de mundo profunda, para desarrollar nuestra individualidad y a la vez fundar una comunidad sólida, crítica y autocrítica, que tenga una visión de la escritura como forma de liberación, no como queja o desplante de privilegios, sino para transformar nuestra realidad y nuestra conciencia. Aunque no nos demos cuenta de ello, la escritura también es un proyecto político, no un concurso de a ver quién llega primero al Nobel – o al Ignobel – por ingenuas.

Las escritoras tenemos la responsabilidad de decir lo indecible, no porque no se pueda decir, sino porque no se ha dicho, o no se ha dicho lo suficiente. La literatura más interesante es aquella que desafía a sus lectores, que mueve la silla de quien lee, que trastorna y asombra al mismo tiempo. Nuestra candidez espectacular no nos deja ver que lo que el establishment literario teme es que nosotras articulemos nuestra opresión, no sólo la de las mujeres y las escritoras, sino la de todos los subalternos: los indígenas, los indigentes, los morenos, los negros, las personas racializadas, los trans, los gays, los olvidados, los viejos, los despojados, los migrantes, los desplazados y la larga lista de los desposeídos y desheredados.

Como decía Gayatri Spivak, nuestro trabajo intelectual consiste en articular lo inarticulable, analizar la producción de la ignorancia femenina como objetivo intencionado de una sociedad patriarcal que depreda el trabajo de las mujeres de las que depende, y que sólo puede salirse con la suya porque nuestra ignorancia es su ganancia, su ventaja histórica y su triunfo económico. Tenemos que escribir, como lo hizo el colectivo de poetas peruanas comando Plath, también en torno a lo que hacen otros escritores con nosotras como intelectuales, sobre cómo distorsionan nuestra imagen, cooptan nuestras ideas, le restan importancia a nuestras contribuciones culturales, disocian nuestra actividad esencial de nuestra identidad, dicen “escribes bien” en vez de “eres buena escritora”, o “qué suerte tuviste de que te publicaran en esa revista” en vez de “te publicaron en esa revista por la calidad de tu trabajo”, como si el reconocimiento de un par otorgado al trabajo de una escritora le quitara méritos al que la reconoce.

No nos debería sorprender la emergencia de cada vez más mujeres escritoras en un mundo que restringe violentamente la libertad de las mujeres y que las deshumaniza a cada oportunidad. Porque escribir, como tantas otras actividades humanas creativas, es una forma de resistir la deshumanización y el despojo de nuestra conciencia. Sumergirse en la creación de mundos literarios es una manera de enfocar nuestras energías allí donde tenemos más control sobre nuestra vida que en la vida misma: en la escritura, o el arte o cualquier forma de praxis que involucre el desarrollo de nuestra conciencia y nuestro conocimiento. Por más que el arte se encuentre dentro de un sistema económico que no lo recompensa, pareciera ser una de las pocas maneras de escaparnos de un destino árido, deshumanizado, profundamente restringido y desilusionante.  Por el fin colectivo de nuestra propia sobrevivencia, nos urge pensar en una nueva perspectiva que se ocupara de modificar la visión que tenemos de nosotras mismas y de nuestras compañeras. Nos debería sorprender, más bien, que no haya más escritoras, escultoras, pintoras, filósofas o creadoras de cualquier tipo. Si la mayor parte de las mujeres tuviera acceso a la instrucción y a la alfabetización, tómenlo por seguro que dejaría de ser un fenómeno de élites.

Sin embargo, como hemos heredado las formas de la competencia salvaje del patriarcado, las replicamos inconscientemente entre nosotras. Sólo siendo autocríticas de nuestro propio género, nos daríamos cuenta de qué inseguras y amenazadas nos sentiríamos entonces de ya no ser la excepción, la aguja en el pajar, la monstrua de circo a la que le aplauden porque es el único bicho de su especie que escribe además de parir y trapear. Nos encontraríamos con que nuestra visibilidad se basa en invisibilizar a las otras, en tratar de pasar por encima de ellas desesperadamente para destacar, para volvernos famosas, importantes, diferentes. Todo por ser a como dé lugar, el unicornio azul, la única mujer escritora del planeta, del Estado, de la galaxia. Quisiéramos ser la escritora que descubrieron los caza-talentos, la voz original, la voz originaria, única, irrepetible. La ganadora exclusiva del premio nacional. Si pudiéramos, nos coronaríamos a nosotras mismas, como el rey del planeta en el principito, plantaríamos nuestra bandera en la luna antes de que alguien más la colonizara. Haríamos con nuestro género exactamente lo que los escritores hacen con nosotras: exotificarnos, adornarnos con plumas y trajes como lo hizo Guillermo Gómez Peña con Coco Fusco: ponernos en una jaula para exhibirnos en el aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a las Américas en España.

Tampoco nos damos cuenta de que lo más tonto a nivel colectivo es invisibilizarnos entre nosotras, no nos percatamos de que la única manera de romper el circuito del silencio impuesto y la complicidad patriarcal es dejar de competir por un lugar en el altar, en el canon, en la revista de novedades literarias del momento. Lo más revolucionario sería darnos nuestro lugar entre nosotras mismas. Luchar porque todas pudieran escribir, para que todas tuvieran derecho a pensar en voz alta (eso que llamamos publicar), para que la ganancia de unas no implicara la pérdida y el despojo de otras.

 Tal vez poco a poco y en algunas partes, esto ya está comenzando a pasar. Pero para que no se quede en una buena intención mal encaminada y mal llevada a cabo, tenemos que pensar más allá de los encuentros de mujeres escritoras, de las conferencias feministas, de las convocatorias para ciclos de conferencias con enfoque de género, de los departamentos de Women and Gender Studies. No somos un bicho que sólo se deba estudiar por separado. El enfoque de género y el feminismo no son meramente teorías qué aplicar, sino prácticas que debemos incorporar a nuestras maneras de relacionarnos con otras mujeres y con nosotras mismas. Tenemos que ser capaces de dejar de querernos de manera proporcional al reconocimiento que nos dan, a la frecuencia con la que nos publican, a la respuesta de nuestros lectores, a la cantidad de nuestras becas o nuestros premios. Una mujer que escribe para que le aplaudan es un títere lastimero, que hará lo que sea para ser aceptada en un mundo misógino, que sólo les aplaude a las mujeres si demuestran que “no son mujeres”, o que al menos son algo más que mujeres, que víctimas, que objetos, que seres pasivos vistos desde una lente machista.

 Reconocimiento no es amor, y si buscamos con tanta sed ese reconocimiento como escritoras tal vez es porque no nos queremos ni nos reconocemos a nosotras mismas por lo que somos. Creemos ingenuamente que tal vez un día lleguemos a amarnos a nosotras mismas, que nos vamos a querer al fin cuando nos lean en todo el mundo, cuando lleguemos al millón de likes, al premio Cervantes o al Pulitzer, cuando nos validen como lo hacían nuestros padres, con un “muy bien” o un chocolate. La respuesta, patética pero realista, es que ni siquiera así llegaríamos a querernos. Gabriela Mistral se quejaba frecuentemente en sus diarios de lo sola que se sentía a pesar de su Nobel. Perla Schwartz tiene un libro sobre poetas (mujeres) suicidas. La funesta dialéctica del premio y del castigo resulta insuficiente para fundar toda una vida sobre ella, y sobre todo, para fundar una vida artística, una vida de creación en donde lo importante es vivir para transformar y crear alternativas, perspectivas, corrientes de pensamiento, escuelas; o dicho en clave filosófica, para crear otras estéticas, éticas, ontologías, epistemologías, modos de vida, formas de cultura. Y saber que allá donde estén esos mundos que imaginamos, allá iremos a buscarlos. Porque no nos basta con escribirlos, los escribimos también para habitarlos, para crear las posibilidades de un mundo en donde ser escritora no sea visto como un milagro, sino como otra manera de ser, otra manera de manifestar nuestra existencia y validez humana; un mundo en el que ser escritora- y latinoamericana- no signifique la permanente expropiación de nuestra intelectualidad y nuestra automática categorización como escritora subalterna, escritora sumergida, sino todo lo contrario, signifique el desarrollo de nuestros plenos poderes humanos.

Ensayo escrito para el Encuentro internacional de escritoras de Caracas, 2020.


SOBRE LA AUTORA

Violeta Orozco es escritora bilingüe, traductora e investigadora mexicana.

Autora de los poemarios El cuarto de la luna (Literal 2020), As seen by night/La edad oscura (en imprenta). The broken women diaries (en imprenta). The broken women diaries es su debut como autora en lengua inglesa.

Ganó en México el Premio Nacional Universitario de Poesía José Emilio Pacheco en 2014.

Actualmente realiza el doctorado en Hispanic Literature and Culture en Rutgers University, en donde se dedica a investigar poesía y performance feministas de chicanas y mexicanas, dar clases de español y traducir poetas norteamericanas y latinoamericanas.

Estudió Filosofía y Letras inglesas en la UNAM, es egresada de la Maestría en Lengua y Literatura Hispánicas por Ohio University.

Es colaboradora de la prestigiosa revista Nueva York Poetry Review en donde traduce al español a poetas Mexicano-Americanas y Latinas en su columna Lenguasuelta.

Desde 2017 ha sido organizadora de lecturas binacionales de poesía bilingüe de mujeres en Estados Unidos, México y otros países.

Es fundadora, junto con la periodista peruana Claudia Cisneros, de la revista FemLatam, un espacio feminista que se dedica a la difusión del trabajo de mujeres en Estados Unidos e Hispanoamérica.

Louise Glück: ese bosque oscuro y el fuego son una verdad

Por Victoria Guerrero

La poeta norteamericana Louise Glück (Nueva York, 1943) acaba de ganar el premio Nobel de literatura. Desde 1996 en que lo ganara la poeta Wislawa Szymborska, la poesía había estado postergada del Nobel, pero hoy volvió con renovada sorpresa.

Mientras los post de las redes sociales hablaban de una poeta desconocida para el mundo latinoamericano, yo había podido leer uno de sus poemarios “El iris salvaje” (1992) en traducción del poeta peruano Eduardo Chirinos. Si mal no recuerdo adquirí el libro en la Feria del Libro de Bogotá cuando Perú fue el invitado de honor. Estaba en la sección de saldos, y me llamó la atención que esa hermosa edición de Pre-textos (2006) se perdiera entre los remates. Su lectura era extraña, una poeta obsesiva, cada poema podía ser una versión de lo mismo. Una poesía desolada, pero no dramática. Que se hace cargo de lo que revela. Se ha hablado de una poeta fría, distante, pero no hay que olvidar su profunda introspección, su rechazo a la autoridad en “El iris salvaje” y sus relaciones con la familia y el fracaso en muchos de sus otros poemarios.

Una poeta lírica, sí. Si entendemos lo lírico como una contemplación desde el lenguaje. Una poeta contenida, una poeta descarriada. Una poeta melancólica, también. Luminosa y oscura. Todos los opuestos son verdaderos en la poética de Glück, por eso resulta avaro que la academia la haya premiado con estas palabras: “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”. A mí, al menos, no me dice nada. Imagino que a sus futuros lectores tampoco. A estas alturas, la idea de la belleza en un mundo tomado por el capitalismo tardío, la debacle ecológica y la pandemia resulta incluso indigno de nombrar. Lo de “austeridad” podría aun ser leído como resistencia en un mundo de derroche. Sin embargo, lo interesante es observar cómo los signos van revelando claroscuros en un mundo que ha sido mezquino en su demanda hacia las mujeres. Mezquino como las palabras de la academia.

Si bien la favorita era Anne Carson, la premiación de Glück pone en el centro a la poesía, un lenguaje siempre opaco frente a la mediocre claridad a la que ha tenido que abdicar cierta prosa para poder aspirar a la ficción del mercado. Además, expone una sensibilidad particular en relación con la sensibilidad de las mujeres, la autoridad paterna y el fracaso amoroso, y se nos invita a la exploración de la tradición poética norteamericana, en voces como Sharon Olds, Anne Sexton, Plath, y la madre Emily, Emily Dickinson.  

La poeta peruana Mariela Dreyfus, quien reside en Nueva York, recordó en su estado de facebook que conocemos a Glück en el Perú a través del libro “Muestra de poesía norteamericana contemporánea” (Jaime Urco comp, 1987), libro que también tengo la suerte de tener a mi lado. Así que definitivamente no nos era tan lejana. Lo que sucede es que la poesía tiene otros caminos para transitar y traficar. En esa antología aparece la hoy Nobel con cinco poemas en la traducción de Marcela Garay: “El regalo”, “Los colegiales”, “El espejo”, “La viuda del corredor” y “Gretel en la oscuridad”.

Finalmente, mi deseo es encontrar en una próxima lista del Nobel a Chantal Maillard, Ida Vitale, o Raúl Zurita. Ah, y también a Patty. Patty Smith.

Y a propósito de Louise G, aquí tres poemas para seguir conociéndola:

Gretel en la oscuridad

Este es el mundo que deseábamos.

Todos los que querían vernos muertos

están muertos. A través de una capa de azúcar

oigo estallar el grito de la bruja

a la luz de la luna: las recompensas de Dios.

Su lengua consumiéndose en el gas…

Ahora, lejos de los brazos de las mujeres

y del recuerdo de las mujeres, en la cabaña de nuestro padre

dormimos, nunca tenemos hambre.

¿Por qué no lo olvido?

Mi padre cierra la puerta, aleja el daño

de esta casa, y son años.

Nadie lo recuerda. Incluso tú, mi hermano,

en las tardes de verano me miras como si

pensaras partir,

como si nunca hubiera sucedido.

Pero maté por ti. Veo abetos armados,

las agujas de ese horno resplandeciente—

En las noches te busco para que me abraces

pero no estás ahí

¿Estoy sola? Espías

sisean en la quietud, Hansel,

todavía estamos ahí y es real, real,

ese bosque oscuro y el fuego son una verdad.

.

Gretel en la oscuridad. Publicado en The House on Marshland (1975)

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Nieve de primavera

Mira el cielo nocturno:
en mí poseo dos personas, dos clases de poder.

Estoy aquí contigo, en la ventana,
observando tu reacción. Ayer
la luna se alzó sobre la tierra mojada del jardín.
Hoy la tierra brilla igual que la luna,
como materia muerta, encostrada de luz.

Ahora puedes ya cerrar los ojos.
He escuchado tus llantos, también
los llantos anteriores a los tuyos,
y he sido sensible a sus demandas.
Te mostré lo que querías:
no la convicción sino el sometimiento
a la autoridad, que descansa en la violencia.

.

Nieve de primavera. Publicado en El iris salvaje (1992).

.


Lago en el cráter

Entre el bien y el mal hubo una guerra.
Decidimos que el cuerpo fuese el bien.

Eso hizo que el mal fuese la muerte,
que el alma se volviera
completamente en contra de la muerte.

Como un soldado que desea
servir a un gran señor, el alma
desea cerrar filas con el cuerpo.

Se puso en contra de la oscuridad,
en contra de las formas de la muerte
que reconocía.

De dónde viene la voz
que dice: y si la guerra
fuese el mal, que dice

y si fue el cuerpo el que nos hizo esto,
nos hizo tener miedo del amor.

.

Lago en el cráter. Publicado en Averno (2006)

.


~Audios de los poemas en la voz de Becky Urbina, poeta, escritora y gestora cultural~


SOBRE LA AUTORA

Victoria Guerrero Es profesora, poeta y activista feminista. 

Es parte del grupo feminista Comando Plath. www.comandoplath.com

Puede seguirla en IG.

Bailando en la oscuridad. El caso del director de teatro acusado por sus alumnas de abusar de ellas con la coartada del arte

Por Gabriela Wiener, Claudia Cisneros, Karen Bernedo y Laura Arroyo.
Con la colaboración de Rosa Chávez Yacila.

Hace tres años las denuncias contra Guillermo Castrillón, un profesor y director de teatro peruano, que presuntamente aprovechaba sus talleres para abusar de sus alumnas sacudió la escena teatral. Por primera vez, tras la lectura de la documentación judicial y entrevistas a testigos, un medio reconstruye la historia de esas 16 mujeres y del hombre al que acusan de haberlas violentado. 

Cuando en los diez años que se representó la obra Escrito por una gallina el público veía entrar, en una especie de comunión catártica al escenario al director de Guillermo Castrillón (Lima, 1967) para manipular con violencia a la actriz que estaba semidesnuda a merced suya sobre una mesa que parece de sacrificio, cogiéndola del cuello, zarandeándola y virtiéndole agua encima, nadie imaginaba que lo que veían era en realidad la puesta en escena de los presuntos abusos que había estado perpetrando en ese tiempo con sus jóvenes alumnas aspirantes a actrices detrás de bambalinas.

Una década después de su estreno en 2007, ya en pleno estallido del movimiento MeToo, el público y la crítica continuaban celebrando como un supuesto retrato de la liberación de la mujer de las violencias a las que es sometida y su empoderamiento a través del cuerpo. Una obra casi feminista que a él le hacía parecer un aliado. En esa época todas las jóvenes artistas escénicas querían trabajar con él y parecerse a su protagonista, la consagrada actriz Jimena Lindo, y por eso corrían a apuntarse a sus talleres.

Pero lo que hacía con las chicas estaba convenientemente oculto tras la fachada de una sesión de trabajo personal en su casa a la que le llamaba “el ritual”, sesiones en la penumbra, velas y la misma mesa alargada sobre la que pedía que se tumbaran desnudas. Allí las impulsaba hacia la “búsqueda de la verdad escénica”, mezclando indicaciones teatrales con actos que califican como transgresiones sexuales, desde masajes en zonas íntimas hasta la penetración. Los hechos ocurrieron entre 2001 y 2016. Y en algunos casos él les doblaba la edad.

[ Aquí una de las escenas más impactantes de la obra ‘Escrito por una gallina’ de Castrillón con Jimena Lindo ] 

Busca al diablo

Eva Bracamonte estaba viviendo en Barcelona cuando en noviembre de 2017 sacó fuerzas de algún lugar perdido de sí misma y se sentó ante su computadora a escribir en Facebook: “Esta es mi historia y la estoy contando ahora porque en un mes y medio cumplo 30 años y no quiero arrastrarla conmigo. La cuento para que no se pudra conmigo”.

“Busca al diablo”, le decía Castrillón en un ejercicio, en el que ella era Perséfone –la hija de Zeus secuestrada y violada por Hades. “Digamos que soy yo”, le decía, y la hacía buscarlo desnuda y con los ojos vendados por la sala. Según el testimonio de Bracamonte en la denuncia recogida en la resolución fiscal, los abordajes fueron progresivos. También podía usar la fuerza con ella. En alguna ocasión le echó agua fría, la trató con tal brusquedad que la tiró al suelo y ella se golpeó fuertemente la cabeza, también le lanzó un trapo mojado en la cara.

Un día notó que él se había desnudado; en otra sesión le bajó el calzón y aspiró su vagina. Al sentir su aliento lo empujó perturbada. “¡Eso es, dame lo peor que tienes!”, le gritó él como si fuera parte del ejercicio teatral. Las sesiones se volvieron insoportables. Hasta que en uno de esos ensayos, recuerda Bracamonte, el director fue más allá: se puso encima de ella, completamente desnudo, colocó el pene entre sus nalgas y empezó a decirle al oído que estaba enamorado de ella. Eva vio que se levantaba y le decía que habían terminado por hoy. Ella se quedó inmóvil, muda, detenida en un plano supuestamente teatral en el que él le había hecho creer que estaban. Nunca harían la obra. La obra no existía. No volvieron a verse.

Bracamonte no era una novata, aunque no tuviera demasiada experiencia teatral. Tenía 29 años, venía de un entorno privilegiado y había estado bregando durante más de una década con el escándalo en torno al crimen de su madre, lo que la había convertido ya en un personaje mediático. Condenada primero, luego de un tiempo en la cárcel y de sufrir años de encierro, había sido absuelta en un nuevo juicio. A pesar de su fragilidad –bien aprovechada por el director– y a diferencia de las jóvenes alumnas de Castrillón, Bracamonte no se quedó callada.

A la izquierda, afiche de obra no relacionada con la denuncia que muestra a Eva en su faceta de actriz. A la derecha, su testimonio en la denuncia formal.

[ Aquí puedes escuchar el testimonio 2020 de Eva Bracamonte] 

Sin arte de por medio

Cuando Rotalde leyó el post de Eva contra la persona que 15 años atrás la había asaltado sexualmente mientras dormía, se sintió interpelada, porque ella sabía quién era Guillermo Castrillón. “Callé durante años, pero no más –admite Daniela Rotalde–.Siento que es mi responsabilidad.” Aunque Eva fue la primera en denunciar, Rotalde es el caso cero, por ser el más antiguo. Era amiga y roommate de Guillermo Castrillón en la casa de Barranco cuando una madrugada de 2001 se despertó y lo encontró desnudo arrodillado al lado de su cama, masturbándose y con sus manos entre sus piernas. “No podía creerlo. Me di cuenta de que no lo había soñado cuando Guillermo apareció pidiéndome perdón. Que por favor entendiera que había sido la cocaína, que no había podido controlar la necesidad de calmar la excitación”, cuenta en una entrevista para este reportaje. Solo muchos años después, como el resto de sus compañeras, Daniela se vio como alguien que había sufrido una agresión sexua. Con ella ni siquiera había usado la excusa del arte.

Daniela Rotalde, comunicadora. Cronológicamente el primer caso de asalto sexual de la denuncia. Foto: D. Rotalde.

Tampoco la habría usado con Rocío, otra de las denunciantes. Era mediados de 2008 y la poeta y gestora cultural lo conoció junto a unos amigos en un bar y acabó por ir a la casa de Barranco para seguir la fiesta. En su denuncia formal, Fuentes cuenta que había bebido y estaba mareada. Alguien la llevó a una cama. Allí se quedó dormida. Estaba en la habitación de Castrillón. Lo siguiente que Fuentes dice recordar es que despertó sin ropa. “Guillermo Castrillón estaba encima mío, violándome. Lo empujé, tan abruptamente que el condón que estaba usando se quedó dentro de mí. Me asusté, me dio asco, no sabía cómo sacarlo y me senté sobre mis rodillas. Él trataba de tranquilizarme diciendo que no me preocupe, quería tocarme diciendo que me ayudaría. No lo dejé y yo misma saqué el condón y lo tiré. Luego trató de minimizar la situación e intentó seducirme. Quería que me vuelva a recostar, pero yo pude ubicar mi ropa, vestirme y salir de ahí”, cuenta en la entrevista que nos concedió.

Rocío Fuentes, Poeta, performer, gestoracultura y productora editorial. Una de las dos denunciantes que no era su alumna, el segundo caso cronológicamente. Foto: R. Fuentes.

Prendo fuego a mi cárcel

A Micaela Távara le pidió que para el primer ensayo se trajera aprendido el texto de Ofelia pero la de Hamletmaschine, la deconstruida que subvierte su destino shakeaspeareano y se liberara de ataduras, incluso de la muerte. Ella se sentía así, como te sientes a los 20 años, como una Ofelia que hubiera estado sumergida en el agua por mucho tiempo pero ahora podía emerger del fondo dando una bocanada de aire puro. Por fin tenía claro lo que quería, ser performer, hacer lo mismo que las musas de ese director al que había entrevistado para su tesis. Cuando pudo se apuntó a uno de sus talleres de performance y cuando él le propuso dirigirla en un nuevo proyecto unipersonal pensó que estaba soñando, se aprendió esas líneas y acudió al ensayo en la casa en Barranco en la que la había citado.

La casona era antigua y oscura, de largos pasillos. No había nadie más. En la sala apenas iluminada con unas velas, su profesor le pidió que se desnudara, un pedido que no tenía nada de raro entre los que se dedican a la performance. Le propuso a continuación que se tumbara sobre una larga mesa y que dijera los versos de Müller. Micaela empezó: “Con manos sangrantes rompo las fotografías…”. Le había pedido que cerrara los ojos pero los entreabrió para ver cómo él vertía aceite sobre su cuerpo y empezaba a masajearla. Pudo ver también que se quitaba la ropa y acercaba su cuerpo al suyo. Esto ya no tenía nada que ver con el teatro, ni con nada. Micaela siguió con su lectura, que iba tornándose cada vez más rabiosa “de los hombres que amé y me usaron sobre la cama, la mesa, la silla, el piso…” Su profesor entonces le introdujo los dedos en la vagina. Y cuando ella casi no podía pronunciar las palabras de “Prendo fuego a mi cárcel./Y tiro mi ropa al fuego”, él terminó de violarla.

Mica Távara, artista y docente era alumna de Castrillón cuando sucedieron los hechos que denuncia. Foto: M. Távara.

Quizá la forma más despreciable de violación sea la que a la vez termina con un sueño. A Távara se lo rompieron, al menos hasta que pudo volver a juntar las piezas y construirse uno nuevo. Con los días se sumaron otras denuncias públicas como la de la joven actriz Muki Sabogal. Las versiones que se fueron conociendo en las redes sociales revelaban un aparente modus operandi. De la chispa que encendió Bracamonte ya se podían ver pequeñas llamas. A los pocos días ya eran 16 denunciantes y el Ministerio de la Mujer asumió la acusación con sus propios abogados que las han acompañado estos tres años. Ante las acusaciones, a Castrillón le cancelaron la nueva temporada de Escrito por una gallina.

[ Aquí puedes escuchar el testimonio de Mica Távara] 

Testimonio público de Muki Sabogal en Noviembre de 2017, poco después de que Eva Bracamonte hiciera la primera acusación pública. Imagen: FB.

Las primeras señales

Antes de ser un personaje asiduo de las páginas culturales y luego de las policiales, Guillermo Castrillón empezó su formación como actor en el Club de Teatro de Lima y luego en escuelas y talleres del pequeño circuito limeño de ballet y danza contemporánea. En la década de los noventas ya bailaba para el reconocido grupo de danza Íntegro. Ana Zavala, su fundadora, recuerda que lo primero que le llamó la atención después de que se alejara del grupo es “que siempre trabajara unipersonales con mujeres. Eran actrices conocidas o bailarinas muy guapas y me pareció, por lo menos, oportunista. Luego he pensado que esto le sirvió para ir convenciendo a más y más mujeres de que se acercaran a él”. 

La bailarina y profesora Pachi Valle Riestra dice que ella sabía que él trabajaba a partir de movilizar el inconsciente, los deseos y las fantasías que están guardadas en la memoria del cuerpo. “Siempre me ha parecido un proceso peligroso el que adoptó Guillermo. No creo que sea algo que no deba ocurrir, pero es peligroso si no tienes conocimientos de psicología. Guillermo arrojaba a chicas jóvenes a límites que luego no podían manejar solas”.

La actriz Lita Baularte, quien fue parte del grupo de amigos de Rotalde y Castrillón, no puede olvidar un incidente con él. “Durante una improvización en la que yo estaba desnuda y pintada completamente de azul, Guillermo se desnudó y se metió en la pecera donde estaba yo. Me incomodé muchísimo y lo boté”.

Según Baluarte “Guillermo era el manolarga del grupo, al que siempre había que meterle un cuadre. Si se tomaba una cerveza hoy diríamos que nos estaba acosando, pero en esa época lo tolerábamos.” Años después del incidente de la pecera, en 2009, Baluarte accedería a trabajar bajo su dirección en Las mujeres que habitan en mí, junto a otras dos actrices, una obra en la que también salieron sus obsesiones. “Quería que nos desnudáramos, le dijimos que no pero al final accedimos a ducharnos juntas, aunque lo hicimos con ropa”.

Foto de Castrillón en escena como bailarín, antes de su fama como director de teatro. Foto: Internet.

Doble cara

La mayoría de artistas de más trayectoria que han trabajado bajo la dirección de Castrillón niegan haber sufrido violencia sexual de su parte. Mónica Silva, hoy coordinadora de la especialidad de danza de una universidad y que ha bailado para él, pero nunca en un unipersonal, cree que “con un sector de bailarinas Guillermo se cuidaba mucho. Con personas más desprotegidas, más solas, no necesariamente asociadas a una comunidad de arte más reconocida, es que pudo cometer abusos. Tenía doble cara”. 

En entrevista para esta publicación, Karine Aguirre, experimentada bailarina a la que Castrillón dirigió en La última cena –una performance en la que la actriz desnuda se pasee por la mesa recitando el menú mientras el público está cenando–, cuenta que estaba ensayando junto a él la nueva obra del director cuando se enteró de lo que había pasado con Eva Bracamonte. “Busqué a Guillermo y le dije que estaba enfermo. Que yo no podía trabajar con alguien en quien no podía confiar. Le dije que no lo estaba sintiendo bien en estas últimas semanas y que lo de Eva era algo que yo como mujer no podía dejar pasar. Esa fue la última vez que lo vi”. Aguirre dice haberse reunido con otras bailarinas de su generación para hablar de estos hechos en cuanto tuvieron esa información: “Yo creo que todas sabemos que lo que dicen esas chicas es verdad. Porque conocemos a varias de ellas y sabemos que no mienten”. 

Sin embargo, hubo algunas excepciones entre las famosas. La popular actriz Melania Urbina, en un post de Facebook que publicó en los días en que se revelaron los casos, recordaba que después de participar en tres de las obras de Castrillón dejó de verlo. En ese post reflexiona sobre lo difícil que puede ser reconocerse como víctima y narra su experiencia personal con el director en la que ella también apunta a esta trasgresión de los límites: “A la distancia recién fui capaz de reconocer que hay cosas que no debieron pasar. No creo haber sido violentada sistemáticamente. Pero sí creo que en algunos momentos se pasaron límites que no se debieron cruzar”.

Post en Facebook de la reconocida actriz, Melania Urbina, noviembre de 2017, después de que Eva Bracamonte hizo pública la primra denuncia. Imagen: Facebook.

El profesor al desnudo

Pero si con algunas actrices célebres intentaba cruzar límites, en sus clases parecía ir aún más allá. Lo que ocurría en los talleres de performance con alumnos era una suerte de antesala a las sesiones privadas, donde conseguía lo que buscaba.

La directora teatral e investigadora Nani Pease llevó talleres conCastrillón en 2012. Llegó atraída por la idea de iniciarse en la performance. “Luego entendí que él no hace performance, solo utiliza elementos de la performance para generar condiciones que le permitan prodigarse placer masturbatorio a costa de las personas”, dice en comunicación telefónica para esta investigación periodística. 

Ella también quedó varias veces contrariada porque Castrillón hacía algo inusual: se introducía en la dinámica. “Estaba totalmente comprometido con el ejercicio, poniendo su propio cuerpo en roce con los demás cuerpos del taller. ¿Qué sentido pedagógico tenía eso?”, se pregunta hoy la directora. “Me quedó muy claro que no trabajaba con una ética de los cuidados”.

Pero una vez fichadas en los talleres o en muestras de su trabajo, a las elegidas les enviaba mails de invitación, como los que escribió a la entonces estudiante de actuación Leonela Pajares, la más joven de las denunciantes. Tenía 19 años cuando conoció a Castrillón en el 2012. Él tenía 45. Se sentía fascinada por su trabajo. Él la invitó a trabajar en su casa de la calle San Roque. Al llegar, la joven se encontró el mismo escenario de velas y la mesa-altar. Su maestro procedió como habitualmente: “Empieza a manipular mi cuerpo, como si fuera un maniquí, y en un momento me quita el sostén, me dice tranquila y luego me quita el calzón. Me introdujo sus dedos y quedé en shock”, reseña la resolución del fiscal del Acta de Entrevista Única en Cámara Gessel. 

Leonela Pajares, artista esc´nica y profesora. Ella tenía 19 años y Castrillón 45 cuando sucdieron los hechos que denuncia. Imagen: FemLatam.

Lo mismo hizo con K.H.H. “Se movía de una forma rara y de pronto se levanta y había eyaculado en su mano. Le dije: ‘¿Qué te pasa?’. Él me dijo: ‘Disculpa, eres lo más hermoso que he visto en mucho tiempo”. El actor Raul Durand compartió en Facebook el testimonio de un compañero suyo que fuera alumno de Castrillón y que no quería ser identificado: “A mí en un ensayo me dijo que viole a una actriz…que lo haga en serio o lo más real posible … No pude. Yo trabajo con la verdad, decía”. 

El caso ha abierto una discusión en la comunidad teatral acerca de los límites éticos en las metodologías y pedagogías que envuelven procesos creativos de disciplinas como la danza, el teatro y la performance. Para la dramaturga Mariana De Althaus, “el método de Castrillón tenía como pilar la disposición física y emocional hacia lo desconocido, la liberación de miedos y pudores; en ese sentido, los ejercicios planteados recurrían al desnudo, al tocamiento y al sometimiento del cuerpo en el marco de una relación de poder profesor y alumna”. De Althaus añade que la perversidad de esta metodología radicaba en manipular la situación de tal forma que resultaba muy difícil distinguir entre el abuso y las herramientas de exploración escénica.

K.H.H. vio ‘Escrito por una gallina’ con Jimena Lindo y se inscribió en el taller de Castrillón emocionada. Imagen: FemLatam.

Las versiones de Castrillón

La primera vez que estuvieron juntas las 16, Micaela Távara se dio cuenta de algo escalofriante: todas se parecían. No es que fueran el mismo tipo de mujer, pero compartían algo más en el cuerpo, algo grácil e indestructible en sus pieles, una forma de dirigirse al mundo en sus pupilas ardientes, algo que ansiaba su profesor de danza y performance. “En el estereotipo que se suele tener, no parecíamos mujeres a las que nos podrían hacer esto -dice la artista y pedagóga teatral-. Parecíamos poder defendernos de cualquier monstruo”.

El caso de Guillermo Castrillón es uno de los que expone con más crudeza el proceso en la voz de las personas que se reclaman afectadas. Las autoras de este reportaje intentaron obtener sus descargos, pero a través de un correo electrónico Castrillón declinó de hacer declaraciones, por órdenes de su abogado, “para no interferir con la investigación que seguramente continuará en otra instancia”.

En aquellos días de 2017 Castrillón envió a un medio de comunicación y publicó en su Facebook sus descargos en los que defendía su método de trabajo, que incluía trasgresiones que “no “excluían lo sexual”, aseguraba que todo era consensuado y achacaba la denuncia de Bracamonte a una venganza por haberla llamado “mala actriz”. 

Izq., foto captada del video de la obra ‘Escrito por una gallina’, protagonizada por Jimena Lindo y Castrillón como director. Der., sus descargos -parafraseados- ante el fiscal. Video de imagen: Programa ‘Tercera Llamada de TV Perú nacional.

En la resolución de la Fiscalía también desestimar los testimonios negando la violación, los masajes, tocamientos indebidos y penetraciones; confirma haber tenido relaciones sexuales con algunas de sus alumnas pero siempre después de que dejaran de serlo. También responde que se trata de personas resentidas con él porque no pudo cumplir su palabra de montar las obras por falta de presupuesto o porque las criticó por no dar la talla como artistas.

Sin embargo, entre las pruebas presentadas por los abogados de las víctimas hay un revelador correo electrónico que Castrillón le escribió a la bailarina Pachi Valle Riestra después de que ésta lo llamara tras de enterarse por Bracamonte, amiga suya, de lo que había hecho con ella. Ahí reconoce haber hecho algo atroz de lo que se siente arrepentido: “después de procesar este encuentro con mi lado más monstruoso”, admite que “hay un lado oscuro, perverso, narcisista, confundido y torcido en mí, que lo vengo trabajando 4 años en terapia, había avanzado, hace un tiempo que no hacía estas cosas”. De acuerdo a ese mensaje, Castrillón es muy consciente de la gravedad de los hechos: “ De hecho he podido inducir, o dejar que aflore, o motivarlo y no controlar mis impulsos”. 

Este correo no fue considerado por el fiscal para su resolución de archivamiento. 

En abril de 2017, luego que Bracamonte le cuenta a la conocida bailarina Pachi Valle Riestra lo sucedido, ésta última lo encara por teléfono, él le escribe este mail. Imagen: FemLatam.

El archivo de los 16 casos

El 15 de Julio de 2020, a tres años de la denuncia colectiva, el fiscal Marco Guzmán Baca –recordado porque archivó el caso de las esterilizaciones forzadas cometidas por el gobierno de Alberto Fujimori– determinó que no ha lugar para que Castrillón sea investigado en el fuero penal por la presunta comisión del delito contra la libertad sexual-violación sexual de persona en incapacidad de resistencia y actos contra el pudor. Pese a ser un caso emblemático, no dio pie a que sea investigado y lo sentenciara un juez.

Lo que más desconcierta a la abogada Ana María Vidal es que no solo les han dicho a las víctimas que la palabra de 16 no basta, sino que la decisión se basa en que la conducta de las agraviadas no es “propia ni razonable” para una víctima de violación sexual: “ha enviado un mensaje claro y es que, si tienen la capacidad de resiliencia, de superar un ataque contra la libertad sexual, es decir, si están bien, nunca van a poder demostrar que hubo delito”. 

Mientras que para su interpretación de los hechos el fiscal se apoya en las pericias psicológicas de ellas en las que ve, dice, una conducta que “no es propia ni razonable para una víctima de violación”, ni siquiera menciona la pericia psicológica de Castrillón que dice que Castrillón “percibe a las mujeres como objetos y que no tiene control sobre sus impulsos sexuales”. Además, usa el hecho de que cuatro terminaran teniendo sexo con él para desestimar las denuncias, calificando todo de relación consentida, pese a que, como dice la antropóloga Angélica Motta, no considera el abuso de poder, “ni que lo que debería definir el consentimiento es primero una forma de aproximación no invasiva y segundo, una aceptación explícita.” 

Los mails de Castrillón que se autodenomina ‘Fortunato Eros’. Foto: Karen Bernedo. Mails; Leonela Pajares. Composición: FemLatam.

Una de las alumnas de Castrillón, la más joven de ellas, Leonela, recuerda un momento inusual en medio de lo que ella llama “su violencia sexual”. De pronto su profesor pasó a otro tipo de “ejercicio”. La sentó con mucha suavidad en ese altar y le habló con la voz más dulce y suave que podía. “Me pidió que abriera los ojos. Me encontré con un espejo . Él lo sostenía y me preguntó cosas: ¿Cuál es tu sueño?, me dijo. Yo no terminaba de entender, así que vagamente respondí ‘ser buena actriz’. Sonrió amablemente, dio por terminado el ensayo y me dijo: “Volvemos a nuestra triste realidad”.

La protección de las mujeres en entornos pedagógicos y artísticos aún es una tarea pendiente, así como, pese a los avances legislativos, lo es la incorporación y la práctica del enfoque de género entre los operadores de justicia, que atienda, como explica la antropóloga Sandra Rodríguez, “toda la complejidad de los casos, las relaciones de poder entre agresores y víctimas, por ejemplo entre profesores y alumnas, y cómo funciona el trauma en una mujer violada”, algo que fue ignorado por la primera resolución fiscal. A la demanda de las víctimas, el Ministerio Público ha contestado al cierre de esta edición con el traspaso del caso al fiscal superior, pero aún queda mucho proceso por delante. Su conclusión podría sentar precedente porque si no se escucha a estas 16 mujeres que aseguran haber sido agredidas, ¿qué puede esperar una sola de la justicia?

A continuación puedes escuchar los audios testimonios de:

Sandra Bonomini, una de las 16 denunciantes de Castrillón. Foto; S. Bonomini

Sandra Bonomini, performer y artista escénica.

M.I.V.T., otra de las denunciantes de Castrillón.

Marissa Cubas, quien no llegó a ser incluida en la denuncia formal pero quiere que su caso también se tome en cuenta.

Audio testimonio de Sandra Bonomini (2020):

Audio testimonio de M.I.V.T. (2020):

Audio testimonio de Marissa Cubas (2020):

Audio testimonio de Muki Sabogal (2020)

Audio testimonio de Mica Távara (2020)

Audio testimonio de Eva Bracamonte (2020)


Este reportaje se publicó de manera conjunta en FemLatam, WAYKA Perú, elDiario.es de España y en Página12 de Argentina.


SOBRE LAS AUTORAS

Gabriela Wiener – Periodista, escritora y feminista.

Claudia Cisneros – Periodista y comunicadora con estudios de mujer y género. TW

Karen Bernedo – Comunicadora y antropóloga visual . IG y TW

Laura Arroyo – Comunicadora política, feminista y compositora. IG. TW.

Rosa Chávez Yacila – Escritora.