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Por qué lo del director de cine, Pérez Garland, es acoso sexual y no ‘seducción intensa’ como aduce. Una guía para entender la diferencia.

Por Claudia Cisneros Méndez

Frank Pérez Garland es un director de cine peruano y profesor en varios centros de estudios desde hace dos décadas. En las últimas horas la página en Instagram “Acosadores de Cine Peruano” hizo públicos los testimonios de varias mujeres en contra de Pérez Garland por acoso sexual, incluida una menor de edad.

Al poco tiempo, Pérez Garland publicó una suerte de comunicado en su cuenta de IG. Allí pide perdón y dice sobre las denuncias, “debo confesar que la mayoría son ciertas”. Parecería un adecuado mea culpa, sin embargo sigue rechazando la denominación de ‘acoso’ y elige llamar a lo que hizo durante veinte años “seducción intensa”. En este post te diremos, de forma didática, qué está mal en todo esto y por qué.

Para empezar, llamar “seducción intensa” al acoso es un juego de palabras negacionista, inflamatorio y manipulador de quien se niega a llamar lo sucedido por su nombre: A-C-O-S-O.

En segundo lugar, a su comunicado siguieron una serie de reacciones, desde actores y colegas del ámbito del cine y la actuación solidarizándose con él, hasta por supuesto la indignación de mujeres por su supuesta confesión luego de haber sido puesto contra la pared por las denuncias.

Todo esto nos muestra que aun hay muchos hombres – y mujeres – que parecen confundidxs con los nuevos tiempos para los derehos de las mujeres y los términos o conceptos que quedan desfasados. Por eso hemos elaborado esta guía rápida. Para que se atualicen y se autoanalicen. Solo así esos hombres y mujeres podrán iniciar un necesario y saludable cambio de creencias profundas, malos hábitos aprendidos y normalizados, y evitar la condena social y legal. Pero principalmente, podrán de dejar de hacer daño.

  1. Seducción es acoso si hay una relación jerárquica de poder. Es decir, si el hombre tienen una posición laboral o académica de autoridad, porque implícita o explícitamente está hacienda uso de ella para ‘seducir’. Ese factor ‘extra’ de ser su profesor, su jefe, etc. le da una ventaja por sobre su víctima de sumisión y silencio pues la víctima por no inomodar o problematizar, o por evitar el riesgo de perder el trabajo o una nota, probablemente calle. Pero toda esa carga está implícita en ese avance sexual. Si fuera cualquier hijo de vecino en la calle o alguien con quien no hay esa relación de poder, la mujer podría sin contemplaciones ni dudas más fácilmente hacerle un pare. Esa es la jerarquía que el acosador utiliza a su favor aunque lo haya o no meditado así.
    #CambiaTuEnfoque: Llama ACOSO a eso que llamas ‘seducción’ o ‘seducción intensa’. Hazte cargo de las consecuencias de tus actos.

  2. Si eres amigx de un acosador – más aún, confeso- y lo primero que te viene a la cabeza es ‘pobrecito por lo que está pasando’, tienes que revisar tus sesgos. No debería ser normal que no pienses primero en las víctimas del acoso y sus estragos emocionales, laborales, aadémicos. No debería ser normal que sientas compasión primero por quien hizo daño
    #CambiaTuEnfoque: Piensa primero en las víctimas; solidarízate con ellas; aplaúdelas a ellas por haber tomado fuerzas para denunciar. (Sí, requiere de un gran esfuerzo mental, emocional y hasta físico sostenido denunciar. Pregúntale a cualquier víctima que lo ha hecho). Luego puedes decirle a tu amigo que te parece bien que lo reconozca al fin y aconsejarle que se haga cargo de los daños causados y sus reparaciones.

  3. Si eres periodista y tienes que reportar un caso de acoso, en el que el acusado incluso ha confesado, tu titular tiene que reflejar eso mismo. No trates de minimizarlo. Tu titular y tu nota DEBEN tener la frase ‘acoso sexual’ incluidos y debes explicar qué es y por qué se le califica como tal. Hagamos periodismo con enfoque de género para contribuir al cambio y rechazar el abuso.
    #CambiaTuEnfoque: Llevamos décadas de periodismo presuntamente ‘neutral’ pero que en realidad está sesgado en preponderancia al hombre en muchos sentidos. Sé parte del cambio y el equilibrio aplicando enfoque de género a tu ejercicio profesional. Tienes una responsabilidad social con el cambio.

  4. Si un acosador es expuesto públicamente y sale a pedir disculpas, no es momento de aplaudirlo. Se puede reconocer que tenga la decencia última de no seguir negándolo, como sí hace la mayoría de acosadores, volviendo a dañar a sus víctimas con esa negación. Pero tampoco es para darles palmas y dar por acabado el asunto. Por cada denuncia de acoso hay un mar de problemas generados a las víctimas: desde angustias y estrés innecesarios hasta pérdida de oportunidades laborales o académicas. Hay daño emocional y concreto. Unas meras disculpas no reparan el dolor y daños cuasados. El acosador debe hacerse cargo una a una, persona a persona, de esos daños y sus reparaciones. Lo fácil para el agresor es poner a todas en un paquete, decirles ‘sorry’ y pretender que allí se cierra el tema. Estamos hablando de personas, de vidas, individuas que tuvieron que soportar estos abusos por muchas razones (entre ellas que no existía antes la red de soporte social para denunciar). Y de eso tomaban y toman ventaja hace décadas muchos hombres en posiciones de jerarquía.
    #CambiaTuEnfoque: Que un acosador pida disculpas no es un favor a las víctimas ni a las mujeres. Es lo mínimo en el proceso de reconocimiento y reparación que le debe a sus víctimas y no es ni mínimamente suficiente. Debe tomar acciones concretas de reparación A CADA UNA DE ELLAS, empezando por pedirles perdón de manera individual y no en un paquete para pasar la página y hacer control de crisis para su imagen. Debe buscar cómo reparar el daño causado a CADA UNA DE ELLAS en vez de estar apresurándose en reparar el daño que sus acciones han causado en su imagen.

  5. El acoso sexual es delito y como tal debe ser procesado; porque es lo justo y porque es necesario que la sociedad comience a acompañar y fomentar desde sus instituciones el cambio de paradigma que el feminismo ha venido impulsando; por una sociedad más justa y segura para las mujeres.
    #CambiaTuEnfoque: Antes de proceder a ‘seducir’ a una mujer pregúntate si estás en una relación jerárquica o de poder con ella (edad, trabajo, escuela, universidad, etc.). Si lo estás, detente. Si no estás en una posición jerárquica o asimétrica, sé muy atento y sensible antes y después de tus avances. Si notas reticencia o rechazo, NO INSISTAS. La figura del ‘romántico’ que ‘sigue y sigue hasta que la consigue’ es caduca; pertenece a un pasado en el que el acoso se romantizaba y en el que las mujeres habían sido – a fuerza – acostumbradas a soportarlo. ¡Ya no! Y ese es parte del cambio.

¡Actualízate! O terminarás siendo procesado social y legalmente. El revisar tus creencias y hábitos en el ámbito de tus relaciones con las mujeres es parte de lo que se se llama ‘deconstruir’ comportamientos socialmente aprendidos que causan daño; ese proceso es lo que se conoce como cuestionar tu masculinidad hegemónica o tradicional para ser parte de las ‘Nuevas masculinidades’.

6. ¿Qué es y qué califica como acoso y hostigamiento sexual?

Ambas son formas de violencia y manifestaciones de poder que se dan en una relación de subordinación o no.

Cuando la relación es de subordinación laboral, académica, de edad, etc., el acosador toma ventaja de su posición jerárquica para hacer avances sexuales que pueden ser o no sutiles, aunque no por eso menos dañinos. El hostigamiento o acoso sexual pude ser:

Acoso físico: como un abrazo no correspondido, o que apreta más de la cuenta, besos no deseados, algún tipo de caricia en cualquier parte del cuerpo, acercamientos que invaden, etc.
-Acoso verbal: como comentarios o bromas de connotación sexual, invitaciones no deseadas para tener sexo, preguntas sobre temas íntimos o sexuales, o insistencia en tener una cita cuando la mujer no tiene interés.

Algunos ejmplos de acoso u hostigamiento sexual. Fuente: Organización Mundial del Trabajo (OIT).

7. ¿Los piropos en la calle también son acoso?
Sí, porque también puede haber hostigamiento sexual en una relación donde la asimetría está en no conocer al acosador y estar en un espacio o situación de vulnerabilidad, como el espacio público, la calle. Los piropos de un individuo desconocido o de un grupo de ellos en la calle, suelen generar en la víctima angustia por su seguridad. La víctima no tiene cómo saber si ese ‘piropo’ pueda venir acompañado de otra agresión física o sexual. Es injusto que una mujer tenga que sentir ese riesgo y temor en el espacio público. Es una invasión de su espacio e individualidad.

¿Por qué a veces las mujeres no denuncian o tardan en hacerlo? Acá algunas respuestas. Fuente: OIT.

8. ¿Por qué no denunciaron antes?
Suele ser una pregunta común hecha sobre todo desde el escepticismo de alguien que busca algún argumento para desacreditar la denuncia o a la denunciada. Hay que recordarles que las mujeres que han sido acosadas o agredidas pueden demorar toda una vida en denunciar; e incluso es más común que nunca lo hagan público por diversos motivos: como temor a ser humillada, a no ser creída, a sufrir insultos o amenazas por parte de la red de poder del acosador o por la protección institucional con la que este cuenta.

Jamás acuses a una mujer de no haber sido más tajante o de haber callado, ellas son las víctimas y el victimario es el acosador. No todas las mujeres tienen la misma capacidad de reacción. Algunas se paralizan por el miedo, no reaccionan como tú crees que debieron reaccionar por muchos motivos y ninguno las hace culpables de nada de lo que les ha sucedido. El culpable es el agresor. Siempre.

Para quien no lo ha sufrido el hostigamiento les puede parecer algo menor. No lo es. Acá algunas de sus consecuencias. Fuente: OIT.

SOBRE LA AUTORA

Claudia Cisneros Méndez – Periodista y comunicadora con estudios de mujer, sexualidad y género. TW

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V̶a̶n̶i̶a̶ ̶T̶o̶r̶r̶e̶s̶ ̶n̶o̶ ̶e̶s̶ ̶r̶a̶c̶i̶s̶t̶a̶

Por Sharún Gonzáles Matute

Cada vez que alguien hace explícitos sus estereotipos o prejuicios raciales, el debate sobre quién o qué es racismo se reaviva en el Perú. Por años, la respuesta solía ser “no es racismo, son ellos los acomplejados”. Ha costado muchos años de trabajo y visibilización que ahora siquiera exista una respuesta políticamente correcta frente a actitudes flagrantes de discriminación racial. La indignación frente a las publicaciones de la surfista peruana Vania Torres Olivieri en redes sociales es un ejemplo de cuánto hemos avanzado y cuánto nos falta por recorrer.

Torres difundió una representación de un personaje teatral creado por ella misma que pretendía ser una mujer indígena, oscureciendo la tez de su rostro con maquillaje para simular un tono más oscuro que el suyo. La caracterización incluía arrugas, comisuras de los labios inclinadas hacia abajo, dos trenzas con canas y algunos gestos faciales exagerados. Para completar, Torres también afinó detalles de la vestimenta del personaje con una chompa cuello alto gris, y un manto sobre la espalda atado en el pecho.

Vania Torres, medalla de plata en Surf en los Juegos Panamericanos (Perú 2019 ) se disfrazó de mujer andina con la cara sucia para luego publicitar un producto de toallitas faciales que ‘limpian’ la cara.

Si esta descripción suena familiar a quien la lea, probablemente sea por la caracterización de la Paisana Jacinta por Jorge Benavides. Organizaciones indígenas como CHIRAPAQ han impulsado el retiro de ese programa desde el 2001, sin apoyo de la sociedad en general.  Si bien un sector de la población considera que el humor de Jorge Benavides no es discriminatorio, un análisis de contenido por Susana de los Heros desentrañó el rasgo discriminatorio de tal representación humorística. Por coincidencia, la representación de Vania Torres ha levantado bandos similares: quienes la acusan de racista y quienes la excusan mediante la libertad de expresión, el arte y el desconocimiento.

Es impresionante cómo en el lapso de una década, estallido de redes sociales de por medio, la sociedad peruana ha pasado de negar rotundamente el racismo a hacer severas acusaciones del mismo. Decir que alguien es racista es una forma de parecer progresista en un contexto que continúa reproduciendo el racismo en el cotidiano. Es también una forma de sancionar la flagrancia del racismo, sin cuestionar sus raíces y causas, sin autocrítica.

La Paisana Jacinta es un personaje televisivo del comediante peruano Jorge Benavides. Ha sido condenado socialmente por racista dado que representa a la mujer del Ande como sucia, desaliñada y desdentada.

El racismo se basa en la idea de que las razas existen y que las personas pueden ser clasificadas racialmente. Siguiendo rasgos físicos, principalmente, el racismo solidifica la ilusión que las y los humanos pueden ser clasificados en grupos discretos, muy separados unos de otros. Los estereotipos étnicos y raciales contribuyen a construir la idea de diferencias infranqueables entre humanos que son, en realidad, genéticamente similares.

La representación hecha por Vania Torres es claramente estereotipada y racializada. Ser mujer indígena es más que el color de tez, los rasgos faciales, las trenzas y la vestimenta, pero así es como ha sido definida racialmente en el imaginario racista peruano. Representarlas de esa forma contribuye a que el racismo siga existiendo en nuestra sociedad. Pero el racismo no es un atributo individual.

El sociólogo Eduardo Bonilla Silva explica que el racismo es un problema de poder, de estructura o red de relaciones sociales en diferentes niveles como el sociopolítico, económico e ideológico que da forma a las oportunidades en la vida de las personas de distintos grupos raciales. Como estructura, el racismo necesita de personas para transportar la ideología racial que lo avala. Esta distinción es importante dado que el racismo no es una característica individual sino sistemática y estructural. En el Perú, alguien puede representar a las mujeres indígenas de esa manera porque el racismo existe estructuralmente en otros niveles como la educación, el empleo, la salud, los medios de comunicación, las instituciones estatales

¿Por qué decimos que Vania Torres no es racista?

Vania Torres no es racista en el sentido individual, aunque ciertamente sus acciones replican ese racismo estructural. Ya que el racismo es un sistema compuesto por ideas, instituciones, leyes, prácticas cotidianas, sería más acertado decir que Vania Torres participa del racismo sistémico. Su participación, como para la mayoría de los peruanos y peruanas, sucede sin que ella si quiera se entere de cómo la estructura en la que ha crecido naturaliza los aspectos racistas de su comportamiento. Cuando culpamos a una sola persona de ser racista en sociedades como la nuestra, soslayamos el hecho que todas y todos participamos en la construcción y reproducción del racismo. Nuestro rol puede ser activo, cuando nos reímos de un chiste con prejuicios racistas, o pasivo cuando no cuestionamos el sentido común sobre las desigualdades raciales a nuestro alrededor. Es peligroso etiquetar a alguien como racista en un contexto lleno de complicidad, donde el racismo no es un hecho anecdótico sino una constante en el día a día de las personas racializadas.

La sanción a las actitudes de Torres fue ante todo moral. Como con otras acciones consideradas inmorales en la sociedad limeña, lo bochornoso de Torres no es que ella piense de esa manera, sino que lo haga explícito y público. Por eso, porque era un juicio moral, la deportista pidió disculpas públicas aludiendo sus buenas intenciones y sus valores. Pero el racismo no es una cuestión moral y amerita más que disculpas. Cuando entendido como una cuestión moral, en lugar de un fenómeno político, económico, social y cultural, el racismo aparece como un factor que separa los buenos de los malos. La sanción moral señala con el dedo acusador a quien es racista, como si el resto no participara en el problema. Así, quedan invisibilizadas las condiciones que posibilitan una expresión racista en primer lugar. Podemos comenzar por preguntarnos cómo aprendimos que podemos disfrazarnos de mujeres indígenas o de dónde sale que las mujeres indígenas se ven y se comportan de esa manera [1]. Estas definitivamente no son ideas creadas originalmente por Torres, sino arrastrados por siglos de colonialismo y explotación.

Además de disculpas, erradicar el racismo implica reconocer sus trazos dentro de nosotros mismos. En palabras de Victoria Santa Cruz, “que no me diga nadie que no es racista antes de serlo, hay que serlo primero”. El racismo es la regla, la configuración por default, no un asunto de buenas o malas intenciones. Para cambiar esto, necesitamos nuevas leyes, instituciones, y reformas, pero sobre todo identificar en el cotidiano las expresiones de un sistema racista que arrastramos por siglos. Si ya entendimos que el racismo es un problema, hagámoslo nuestro problema para comenzar a resolverlo. La autocrítica es clave en este proceso.

[1] Al respecto recomiendo el trabajo de Deborah Poole, Visión, raza y modernidad: una economía visual del mundo andino de imágenes (1997).

[Actualización: Agosto 22, 2020 tras el debate generado en torno a este texto]

Este artículo tuvo como objetivo llevar la discusión hacia el sentido estructural y sistémico del racismo, además de hacer visible la complicidad de la sociedad peruana con el mismo. En ese sentido, el título fue escrito provocativamente a propósito, para atraer la atención no sólo de lectores convencidos sino también de aquellos que aún dudan si el racismo existe o no en el Perú. El racismo en el Perú existe. Las representaciones estereotípicas de algunos grupos étnicos y raciales contribuyen a que se mantenga fuerte y sano.

Definitivamente, siempre hay algo que aclarar sobre el racismo. Más aún cuando se hacen afirmaciones categóricas. En este caso decir que Vania Torres no es racista es una motivación a la reflexión sobre aquellos que clasificamos como tal, y aquello que escapa nuestra sanción moral. No es una defensa a la acusada. Es una invitación a pensar más allá del hecho anecdótico e individual. ¿Qué va a pasar con el racismo en el Perú luego de que los responsables individuales sean sancionados? Seguiremos viviendo en un país que permite otras expresiones racistas como normales, naturales y hasta celebradas.

Ese punto se relaciona con la otra gran paradoja evidenciada en la discusión a partir de este artículo: ¿debemos responsabilizar a las personas o a las estructuras? La respuesta, desde mi perspectiva teórica y disciplinar, es que ambas son responsables porque una no existe una sin la otra. Las acciones individuales y las estructuras se retroalimentan. Por esa razón, el cambio estructural es posible a partir de cambios personales. El problema continúa siendo que el debate está en la existencia del racismo en lugar de qué vamos a hacer para solucionarlo. Pero continuaremos.


Sharún Gonzáles Matute es Magíster en Estudios Latinoamericanos y Magíster en Ciencia Política por la Universidad del Sur de la Florida (2020), con un certificado en Estudios de Mujer y Género, por la misma universidad. Licenciada en Periodismo por la PUCP, donde fundó colectivamente el Grupo Impulsor AfroPUCP en el 2012. Sharún ha sido miembro activa de diversas organizaciones y proyectos enfocados en la visibilización de poblaciones diversas y en la construcción de la ciudadanía con niños, niñas, adolescentes y mujeres afrodescendientes. Sus escritos forman parte de revistas académicas como Conexión (2019) y DPalenque (2019), y medios digitales como Afrofeminas, PuntoEdu y El Comercio.

Candidato humalista al Congreso, acusado de acosar escolares, AMENAZA a periodistas

Se llama Víctor Quijada Tacuri, es candidato al congreso por el partido de Ollanta Humala y tiene acusaciones graves de acoso sexual contra menores de edad, escolares y jóvenes peruanas. No una, ni dos, sino más acusaciones a las que ahora se suman las denuncias por intimidación y violencia hacia dos periodistas de Wayka.pe luego de que se publicara en ese medio una investigación sobre el denunciado.

Graciela Tiburcio Loayza es periodista en Wayka.pe, un medio de comunicación digital peruano comunitario y sin fines de lucro que en los últimos años se ha consolidado por hacer periodismo social, responsable, con consciencia de clase y enfoque de género.

El 25 de febrero de este año, Graciela publicó en Wayka una investigación que reveló los antecedentes policiales del candidato Víctor Quijada, denunciado por al menos 5 jóvenes y menores de edad por acoso sexual y amenazas.

Una de las denuncias policiales es del 2017. Una joven de 18 años lo denuncia por amenazarla con publicar un video íntimo filmado sin su consentimiento. Él tenía entonces 32 años.

La segunda denuncia es de setiembre 2020. Una joven de 19 años lo acusó en la comisaría de Huaycán (Ate Vitarte) por acoso sexual, hostigamiento y amenazas llevadas a cabo a través de las redes sociales Facebook, Instagram y WhatsApp.

Arriba. denuncia 2017. Abajo., denuncia 2020. Graciela llamó al número que consigna la denuncia como del cual provenían las amenazas y contestó el propio Quijada. Capturas de imagen: Wayka.

Pero no son las únicas. Otras cinco chicas lo acusan de haberlas acosado y haber intentado hacerles grooming en el 2018 cuando ellas con 15 y 16 años estudiaban en el colegio Trilce de Los Olivos. Él tenía 33 años y sin conocerlas aseguran que él las acosaba por redes sociales llegándoles a ofrecer alcohol, drogas y hasta dinero para salir con él. Diciéndoles que habían muchas ventajas de salir con alguien mayor.

Las amenazas a las periodistas

Antes de publicar la nota sobre las acusaciones en su contra, Graciela Tiburcio se comunicó con Quijada el viernes 19 de febrero para que dé su descargo sobre los testimonios y denuncias policiales del 2017 y 2020. Pero Quijada se negó a declarar diciendo que no tenía por qué hablar de su vida privada. Enseguida le exigió a Graciela que le diera los nombres de las denunciantes, “de lo contrario él me iba a denunciar a mi”, cuenta Graciela que no accedió a revelar los nombres amparándose en el derecho al secreto profesional.

Tras esa breve llamada, Quijada corta pero a los 20 minutos vuelve a llamarla para insistir en que le dé los nombres. Esta vez añadió que ya la había buscado en redes “y que sabía que era una activista, que era periodista joven y que pensara en mi carrera, en mi prestigio porque se iba a ir contra mi y contra el medio (con Wayka)”. Cuando Graciela le preguntó si había mantenido alguna relación con una menor de edad, él le dijo que “así fuera el caso, estar con una adolescente mayor de 14 años no era delito en la legislación peruana”.  A Graciela le llamó la atención la frase porque precisamente en uno de los chats con las denunciantes Quijada usa un argumento muy similar. Se puede leer que dice: “es delito si te la tiras contra su voluntad y es menor de 14 años”.

Chat de una de las denunciantes con Quijada. Captura: Wayka.

Esa misma noche, Quijada además contactó a un reportero de Wayka asumiendo que era jefe de Graciela cuando ambos son colegas, y le dijo que “quería hablar sobre SU periodista Graciela”. Como el colega no le respondió, Quijada comenzó a llamar insistentemente a la co-directora de Wayka, Luciana Távara, para decirle que tuviera cuidado con lo que publicarían.

El miércoles siguiente, 24 de febrero, como parte de la serie investigativa sobre los candidatos “Sombras Electorales”, Wayka publicó un adelanto para promocionar la investigación a Quijada que saldría al día siguiente. Fue entonces, cuenta Graciela, que Quijada comenzó a llamarla insistentemente al celular desde las 10 de la noche y hasta la medianoche. Lo mismo hizo con Luciana Távara.

“A las dos nos ha estado reventando el teléfono.  A mi me llamó nueve veces y a Luciana la llamó catorce veces. Y también le mandó un mensaje de texto diciendo que la iba a denunciar si publicaban la nota”.

Pero no fue lo único que hizo el candidato Quijada. También entró a los comentarios del flyer de promoción de la investigación de Wayka y amenazó nuevamente con denunciar a las periodistas Tiburcio y Távara por difamación solo que esta vez añadió que las demandaría también por extorsión, porque según él las periodistas le habían pedido dinero para no publicar la nota. Graciela rechaza tajantemente tremenda imputación asegurando que en Wayka no solo no tienen esas prácticas sino que “las condenamos”.

El jueves 25 de febrero en que se publicó la investigación en todas las redes sociales de Wayka, Quijada envió un correo electrónico a Wayka con el cargo de la querella por difamación agravada que interpuso en contra de Graciela Tiburcio, Luciana Távara y en contra de las dos jóvenes que lo denunciaron en 2017 y 2020. Además, denunció también a una exalumna del Colegio Trilce, acusándola de ser una de las denunciantes anónimas de la investigación de Wayka, e incluye en su denuncia hasta a la madre de la ex-estudiante.

Durante todo ese día, las denunciantes le revelaron a Graciela que Quijada intentó ponerse en contacto con ellas acosando a sus amigos y contactos hasta finalmente conseguirse sus teléfonos para llamarlas con insistencia. Al mismo tiempo, Quijada usó sus cuentas de Instagram para publicar capturas de pantallas de los perfiles de una de las denunciantes y de otra que él asume es una de las denunciantes anónimans. En sus posts las acusa de difamadoras.

A raíz de la investigación publicada en Wayka, les llegaron audios de otras mujeres a las que una voz muy parecida a la de Quijada las insulta llamándolas “putas”, “cholas de mierda” y más, y amedrentándolas con saber quiénes son.

Los audios se viralizaron por Instagram y al poco tiempo la cuenta se vio obligada a retirarlos porque Quijada amenazó a una de las seguidoras de la cuenta acusándola de ser la administradora. La seguidora contactó con la administración de la cuenta para pedir que por favor la ayudara en vista de las amenazas.

Al parecer, el amedrentamiento a través de redes sociales sería el modus operandi que utiliza el denunciado con sus denunciantes. Por eso es que cuando a la perioidsta Graciela Tiburcio un desconocido en Instagram le pasó unas capturas de pantalla de supuestamente una conversación WhatsApp de Quijada con un delincuente a quien parecería estar contratando para que ‘asuste’ a la periodista, ésta lo tomó en serio.

En los pantallazos que esta cuenta Instagram le pasó a Graciela diciendo que pese a no estar de acuerdo con lo que ha publicado Wayka quería compartirle esos pantallazos, “al parecer estarían intentando conseguir la dirección de mi casa para robarme las herramientas de trabajo y también amedrentarme”.  La persona en instagram le pasó tres pantallazos de una supuesta conversación entre Quijada y un delincuente.

Uno de los pantallazos donde Quijada supuestamente coordina con un delincuente asustar a la perioidsta. Fuente: Wayka.
Otro de los pantallazos que buscan amedrentar a la perioidsta. Fuente: Wayka.

Hasta el momento Quijada había usado para comunicarse el mismo número que figura en la denuncia de la joven del 2020, que es el mismo número que aparece en su perfil de redes sociales, el mismo que figura en estos pantallazos y el mismo que consigna como teléfono de contacto en la querela interpuesta en el Poder Judicial.  

Pero en la madrugada del 1 de marzo, Quijada le escribió a Graciela desde un Segundo celular para decirle que ya tenía otros dos nombres de las supuestas denunciantes y que las añadiría a la denuncia. “Qué necesidad de escribir desde números distintos, en la madrugada, estar escribiéndote. Esto es un registro más de cómo él continúa con la intimidación y el hostigamiento”, apunta Graciela.

Tras las amenazas la periodista ha pedido garantías para su vida al Estado peruano y le fueron otorgadas el viernes 12 de marzo último.

El caso en las instancias institucionales

El Ministerio de la Mujer ha pedido que se formalice una denuncia penal contra Víctor Quijada por violencia psicológica contra las jóvenes y otros delitos en los que ha podido incurrir.

“De cualquier caso es grave pero incluso es mucho más preocupante cuando estanmos hablando de alguien que está tratando de acceder a un cargo de representación nacional. Porque si se comporta así siendo un ciudadano, un candidato, no me quiero imaginar cómo podría ser si tuviera en algún momento una curul en el congreso”, señala Graciela.

Mientras tanto, agrupaciones feministas y periodistas en el Perú y el extranjero se mantienen alertas a la formalización judicial del proceso que pueda proteger a las denunciantes y dar un claro mensaje de que las víctimas no serán silenciadas. De lo contrario “no solo sería un mensaje peligroso para quienes nos desarrollamos como periodistas, sino también un mensaje sumamaente perverso para las sobrevivientes de violencia, que encuentran en el periodismo un último espacio de denuncia; les estarían diciendo que nunca van a poder ser escuchadas”.

La Federación Internacional de Perioidstas, así como la Asociación Nacional de Perioidistas del Perú y Amnistía Internacional-Perú han denunciado y respaldado públicamente a las periodistas.

Responsabilidades políticas de Ollanta Humala

Tras la publicación de la investigación acerca de Quijada en Wayka el partido Nacionalista del expresidente Ollanta Humala (quien también está en campaña por ocupar nuevamente la presidencia del Perú) emitió un comunicado en el que señalaba que habían instado a Quijada a renunciar, ya que el plazo legal para que el partido pueda apartarlo de la lista al congreso venció en febrero. Sin embargo, Quijada ha manifestado públicamente que no renunicará.

El partido de Ollanta Humala si bien lo ha expulsado de sus filas, es el responsable de haber llevado a un sujeto con esos antecedentes a la candidatura, y por ende, responsable de asegurar a la ciudadanía que un sujeto con esas credenciales no llegue al parlamento.

Periodismo feminista

En estos tiempos en que algunos ponen en cuestión el periodismo con enfoque de género, Graciela demuestra por qué el perioidsmo en general eleva su standard ético y de compromiso social cuando es ejercido con una perspectiva de género. Para ella no se trata solamente de defender la libertad de prensa, sino también el derecho a la defensa y a la escucha de las mujeres.

“Nuestro rol como periodistas feministas no solo es ver las cifras y mover los temas sino poner todo nuestro cuerpo para defender a las sobrevivientes que han confiado en nosotros. Porque ellas ya tienen a  la espalda todo un sistema que siempre las está ninguneando y que no las quiere escuchar, que las ignora. Y ante ese sistema estamos nosotras también para romper todos esos esquemas. Y si desde nuestra profesión podemos contribuir a eso, entonces tenemos que comprarnos el pleito completo”

A diferencia de en lo que ha devenido actualmente el periodismo masivo, en el periodismo feminista y comunitario el énfasis es en la persona. “Las sobrevivientes que nos comparten sus testimonios no simplemente los cogemos y los publicamos y nos olvidamos, sino que también acogemos a las víctimas y sobrevivientes y les hacemos saber que no simplemente queremos su historia o su pepa. Nos interesa que ella obtenga justicia, nos interesa que se sienta acompañada y que sepan de que si pasa algo, ella no va a estar sola sino que Wayka va a ser un respaldo para seguir haciendo eco de su denuncia, de su reclamo”.




Graciela Tiburcio, periodista feminista en Wayka cuenta cómo es ejercer el periodismo con enfoque de género en casos como éste que involucran mujeres violentadas física y psicológicamente. Ella misma viene siendo amedrentada por un denunciado. Video: FemLATAM.

Puedes ver aquí la publicación original de la investigación de Wayka.pe


Casi 40 años sin ser escuchadas: La verdad de las mujeres de Manta como arma de batalla para recuperar la memoria

A dos años del 2° juicio oral, el caso Manta es el segundo juicio que aborda la violencia sexual durante conflicto armado interno como crimen de lesa humanidad después de Sepur Zarco, en Guatemala.

Por Jhoselyn Acosta

“Ya estamos viejas y enfermas, queremos que termine”, dice T.A.B. en un grito urgente por justicia que no ha perdido vigencia a dos años del segundo juicio oral. La violencia sexual marca un antes y un después en las víctimas. La vida no continúa como si nada cuando se tiene el alma fragmentada, en trozos que no logran conectar por ausencia de justicia. T.A.B. es una de las nueve víctimas que hoy continúa luchando en el proceso legal del caso Manta, el segundo juicio en Latinoamérica donde se aborda la violencia sexual durante conflicto armado interno como crimen de lesa humanidad.

“Lo que nos ha ocurrido a nosotras parece que ya es pasado, que no les importa porque somos campesinas, quechuablantes no nos hacen caso… los militares nos han hecho daño. Nosotras éramos indefensas” dice M.A.B. quién fue agredida sexualmente cuando era muy joven y cuyo proyecto de vida, quedó suspendido por las marcas de abuso.

En su momento denunciar era una utopía. Tenían miedo de solo ver las armas e imaginar las muertes y desapariciones que ejercían los integrantes de ejército. No existía autoridad a la que pudieran acudir por auxilio. “El daño sufrido ha obligado a las víctimas a crecer y continuar sus vidas con secuelas como la desconfianza, el estado de alerta, dolor físico y sufrimiento emocional. Recibiendo la indiferencia e indolencia del Estado todos estos años”, explica Adriana Fernández, psicóloga de Demus.

Mujeres sobrebivientes y denunciantes, caso Manta, Huancavelica, llevan años aguardando justicia por ser vioilentadas sexualmente por militares. Foto: DEMUS.

Ellas saben que volver a narrar lo que les sucedió es revivir, volver a sentir en sus cuerpos los episodios de violencia cuando tenían entre 13 y 16 años. Pero también saben que no es justo quedarse con el dolor, que para reconstruirse merecen ser escuchadas. Utilizar la verdad como su única arma de batalla para recuperar la memoria de esta etapa tan violenta y dolorosa de la historia peruana.

¿Cuál es la verdad?

Hace casi cuarenta años (1984), cuando el Perú estaba acorralado por el grupo terrorista Sendero Luminoso, el ejército peruano situó una de sus bases militares en el distrito de Manta, Huancavelica. Una región pobre que fue duramente azotada por el terrorismo. Los miembros del ejército llegaron a Manta para imponer “orden en nombre de la patria”.

“Me empezó a decir perra, ahora si vas a hablar terruca… empecé a llorar y gritar… ese primer militar me violó. El segundo militar entró, me ha cortado con cuchillo que lo tengo todavía y él también me ha violado”, señala uno de los testimonios recogido por la CVR en un registro que evidencia la violencia sexual sistemática en más de 5000 mujeres violadas durante el conflicto armado interno. Donde el 83% de los perpetradores pertenecieron a las Fuerzas Armadas.

Los militares usaron su poder para amedrentar a los habitantes de Manta y probar que ellos eran más fuertes que el terrorismo. Con torturas, violación y otras formas de violencia sexual, convirtieron los cuerpos de las entonces niñas y adolescentes, en campo de guerra. Sumergiéndolas en la peor pesadilla que hoy solo puede ser destruida con la verdad, su verdad.

Militares acusados que deberán pagar por sus delitos. Foto: DEMUS.

¿Se puede celebrar un bicentenario sin justicia para las mujeres?

A pocos meses de cumplir 200 años de independencia y, a dos años del 2° juicio oral del caso Manta, las víctimas continúan firmes en un proceso desgastante que, durante el primer juicio oral, las revictimizó a través de estereotipos de género, vulnerando su derecho a la imparcialidad y limitando el derecho a la prueba de contexto histórico. Tal y como lo reconoce la Corte Suprema al conceder la recusación interpuesta por las y los abogados de las mujeres.

Dejar de luchar no es una opción, si dejan de hacerlo quedarían como mentirosas y no lo son.  La violencia sexual sistemática y/o generalizada en el Perú existió. “Nosotras estamos diciendo la verdad. ¿Porque pueden creerles más a ellos que a nosotras, porque han sido parte de las fuerzas armadas?” repite M.A.E. para defender su inocencia.

Actualmente el 2° juicio oral se encuentra recogiendo los testimonios de testigxs, incluyendo a las víctimas, quienes fueron testigas del control y poder absoluto que tenían los militares en Manta. Desde Demus, la abogada Rossy Salazar señala que “es indispensable que la Sala Penal Nacional respete las condiciones mínimas establecidas a nivel nacional e internacional de no revictimización tal como lo señaló la Corte Suprema para que este juicio respete los derechos humanos de las mujeres.”

La vida de las nueve denunciantes, solo podrá ser reparada con verdad y justicia.  Cuando las atrocidades cometidas por el Ejército queden registradas en la memoria peruana y su verdad permita que la historia no se vuelva a repetir.


Foto de portada: DEMUS. Performance de violaciones y pedido de justicia de las mujeres en Manta, Hunacavelica.

Infografía: DEMUS.

Jhoselyn Acosta es activista feminista, licenciada en periodismo y actual comunicadora en la ONG Demus.

La encuentras en redes como @jhosacosta

 

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Pederastia online: ciberacosadores extorsionan niñas para tener sexo en vivo vía Periscope y FaceCast

Por Leonor Pérez

«Ya no podemos más, estamos desbordados y ellos cada día son más y desde que se ha anunciado el cierre de Periscope están migrando a otras redes, sobre todo a FaceCast y desde allí hacen lo que les da la gana, encima se burlan de nosotros enviándonos capturas de pantalla de las chicas y niñas que han caído. Acaba de caer una niña de 10 años, ha acabado desnuda. Y nadie nos ayuda».

Hace unos meses Marco, desde España; y un compañero suyo, desde Chile; contactaron con teleoLeo.com: «Necesitamos visibilizar el acoso sexual que se ha disparado durante la pandemia, los abusadores están ahora todo el día en el ordenador acosando a cuanta mujer pueden y no se detienen ni ante las niñas. Cada día caen más pequeñas».

«El estudio, basado en testimonios y entrevistas en profundidad a más de 14.000 chicas de entre 15 y 25 años de 22 países, entre ellos España, revela que las niñas se enfrentan a experiencias de acoso desde los 8 años, y es entre los 14 y los 16 años cuando lo sufren con mayor frecuencia».

(In)seguras online, estudio realizado por Plan Internacional

Activista a la fuerza

Marco desde su cuenta de Instagram, @PolicíaAntipederastia, junto a su amigo chileno y otrxs jóvenes, combaten a los acosadores sexuales de diversos países, quienes -como la mala hierba- se multiplican e invaden las redes para amenazar y coaccionar a niñas, adolescentes y jovencitas. El grupo se ha dado a esta tarea, porque las historias con las que topan cada día son terribles.

Desde finales de 2017, Marco dice que ha visto entre un promedio de 4.000 caer en las garras de los acosadores, presas de sus amenazas. «Hay que tener en cuenta que cada día amenazan entre 4 a 5 chicas por hora». La cifra de chicas atacadas por ‘grooming’ dice que inconmensurable: «Las seducen diciéndoles que les llevarán seguidores a sus cuentas y con eso muchísimas caen».

«Yo me enteré de esto en 2018. Una chica hizo un ‘directo’ en Periscope, denunciando que la acosaban con unos vídeos suyos que habían subido a Volafile. Le habían mandado capturas de pantalla a Instagram amenazándola con que si no les hacía un streaptease, subirían los vídeos a páginas porno y mandarían los enlaces a sus amigxs. La chica asustada cedió. Tenía 17 años».

Y según Marcos, los acosadores, no sólo exigen a las chicas que les envíen vídeos, no sólo quieren verlas desnudas: «No es sólo quieren sexo, quieren humillarlas, es como si quisieran que las chicas y las niñas a las que molestan se sintiesen como basuras; las insultan, las llaman cerdas, perras, las hacen ponerse en poses denigrantes. A algunas las hacen beberse su orina».

«La raza, la sexualidad y la discapacidad también son objeto de acoso. Ningún lugar parece seguro y, para muchas, el acoso online —que las persigue hasta sus hogares y tiene impactos reales— causa tanto temor físico y emocional como el acoso callejero. Ambos se entrelazan y son el resultado de la discriminación de mujeres y niñas para mantenerlas apartadas del espacio público».

(In)seguras online, estudio realizado por Plan Internacional

«Las niñas, adolescentes y jóvenes usuarias de redes sociales están expuestas de forma habitual a esta forma de violencia, que incluye la recepción de mensajes explícitos, imágenes de contenido sexual, ciberacoso, amenazas de violencia física y sexual, comentarios racistas y anti-LGTBIQ+, humillaciones, burlas, y ataques por su aspecto físico».

(In)seguras online, estudio realizado por Plan Internacional.

Sextorsión

Palabra traducida del anglicismo ‘sextortion‘, es producto de la conjunción de las palabras sexo más extorsión y según la Fundéu RAE, se refiere a la práctica mediante la cual «se chantajea a una persona con una imagen o un vídeo de sí misma —bien desnuda, bien realizando actos sexuales— que normalmente se ha compartido previamente mediante sexteo (mejor que sexting)».

Sin embargo, si bien es cierto, la ‘sextorsión’ sí que es el chantaje mediante imágenes sexuales, no siempre se realiza mediante imágenes obtenidas vía sexting consentido, lo cual también es un delito. En casos, como los recogidos por Marcos, los acosadores fabrican una imagen con el rostro de sus víctimas para amenazarlas con difundirla. Y ellas por temor, caen.

«Cuando se publican datos sensibles y privados en varios sitios web, se vuelve difícil de controlar, y las niñas y las mujeres jóvenes son más vulnerables a recibir ataques de alguien externo a su entorno. Es aún peor cuando se comparten fotos y novedades en las redes sociales. Los agresores pueden editar las imágenes y manipularlas».

(In)seguras online, estudio realizado por Plan Internacional

Según fotografías y vídeos a los que ha tenido acceso teleoLeo.com, a las acosadas, además de realizarles montajes para amenazarlas, las humillan y las insultan exigiéndoles que hagan transmisiones en vivo: “privados”. Les envían un enlace, las agregan a un grupo y lo menos que les exigen es que se desnuden, en muchos casos las obligan tocarse, a masturbarse y hasta a introducirse objetos.

En las fotografías y vídeos a los que hemos tenido acceso, ninguna de la chica supera los 25 años, y las más pequeñas están entre los 9 y 10; y a todas las hacen hacer lo que se les antoja. Pocas son las que logran ‘salvarse’ y es a las niñas a las que obligan a hacer peores cosas porque las amenazan con enseñarle a sus padres las imágenes que han montado de ellas y entonces, por miedo al castigo, caen.

Modus operandi

Las acosadas son captadas a través de Periscope y de Instagram, algunas de las más pequeñas, a través de Tik Tok. Las ‘candidatas’ son aquellas que alguna vez han hecho un vídeo, algunas se han mostrado algo sensuales, pero ese no es el factor más importante: una niña de 9 o 10 años hace vídeos con sus amigas para jugar, no para enseñar, ni para insinuar nada y mucho menos para que un grupo de delincuentes las utilice cual objetos sexuales.

«Sabemos que hay una red de más o menos 300 personas que se mueven en unos 50 grupos de Telegram, varios de ellos, al parecer, decidieron que querían más material, ya sea a través de la fuerza o la seducción. La mayoría son cuentas falsas, sólo algunas son reales, ellos hacen lo que quieren con las chicas a través del ‘grooming‘; y se dedican a intercambiarse vídeos. Todo lo hacen simplemente para presumir de que tienen un montón de chicas en sus discos duros »

Una vez escogen a sus presas, montan fotos desnudas con su rostro y las amenazan con que si no los siguen en Periscope, difundirán su ‘pack’; ellas, asustadas, aceptan y al seguirlos ellos organizan grupos en esta aplicación de Twitter, diseñada para transmitir vídeos en vivo; y cuando las tienen allí las acosan y les exigen que hagan todo lo que se les antoja. Desde que Twitter anunció que cerraría Periscope, el acoso está migrando a FaceCast.

«Un día contacté con una chica a la que estaban amenazando con difundir desnudos suyos, cuando la estaba guiando para que no cayera en las garras de estos tipos, dejó de contestarme, al día siguiente me dijo que intentó suicidarse y la habían tenido que llevar al hospital». Esta es una de las cosas que Marco de @PolicíaAntipederastia explicó a teleoLeo.com en la entrevista que le realizamos.

                                    

Acosadas

Caso 1

«Desde hace dos años vengo siendo acosada por cuentas falsas de Periscope. La primera vez que me cree una cuenta de Periscope tenía 14 años, hacía directos para conocer gente, hablar, bailar; un tiempo después aparecieron unos hombres, me grabaron, hicieron capturas de pantalla sin que yo supiera, luego las publicaron en Instagram y me chantajeaban con que si no les hacía un privado en Periscope iban compartir mis vídeos en páginas porno.

Para que no lo hicieran tenía que hacer vídeo-llamadas con ellos y te hacían hacer cosas sexuales. Yo contacté con un chico quien me advirtió de todo y me dijo que hacían esto a menores de edad. Yo en ese momento no fui a denunciar a la policía porque al ser menor de edad tenía que ir con mis padres y por miedo, yo no quería que mi familia se enterase de nada, no fui; le pedí a mis amigos y seguidores que me ayudasen a bloquear esas cuentas que, además, son falsas.

Pero volvieron a molestarme desde otras cuentas. Dos años después, volvió uno de ellos y me amenazó con publicar vídeos míos bailando ‘twerk’, vídeos antiguos. Yo ahora ya soy mayor de edad, así que hice capturas de pantalla y fui a la policía, pero me dijeron que no podían hacer nada porque los vídeos los había subido yo. Me sentí muy desamparada».

Luego del acoso sufrido, esta joven contactó con otras víctimas y ellas también habían sido amenazadas varias veces a lo largo de los años. «Y muchas tampoco no denuncian porque son pequeñas y no quieren que sus padres se enteren de nada, además, cuando lo hacen, la policía no les hace caso, como a mí; o se ríen. Ellos quieren que vayamos a denunciar con nombres y nosotras somos las víctimas, cómo vamos a tener nombres si nos hacen esto desde cuentas falsas».

Caso 2

«Yo estaba en Periscope y por un despiste puse mi usuario de Instagram, alguien lo cogió y me habló por privado, me contactaron y me enviaron una foto que era un montaje ─he de señalar que yo nunca he hecho vídeos ni fotos mostrando mi cuerpo─ y me dijeron que la habían subido en vídeos porno, todo falso, y diciéndome: guarra, puta perra, me exigían que me uniera a varios enlaces.

Bloquee a todos y los eliminé. Luego hice otro directo y me volvieron a contactar diciendo que me iban a seguir grabando hasta que no me vieran desnuda, que a todas las chicas las tenían amenazadas porque las tenían grabadas. Siguieron enviándome enlaces, volví a bloquearlos, pero uno de ellos me pasó vídeos y fotos de pornografía infantil con niñas de 2 o 3 años de edad más o menos, así que tuve que cerrar mis cuentas».

«Quienes acosan, y amenazan con violar y ejercer violencia física, emplean lenguaje abusivo y sexista, publican fotos manipuladas y envían imágenes pornográficas, pueden mantenerse libres y permanecer en el anonimato, mientras que las niñas suelen estar asustadas, comienzan a limitar sus publicaciones y se ven obligadas a intentar protegerse a sí mismas».

In)seguras online, estudio realizado por Plan Internacional

Acosadores

Jonathan

Según @PolicíaAntipederastia se trata de un hombre de 26 años de edad, colombiano, «se dedica a hacer grooming, seduciendo a niñas y adolescentes por Instagram y Periscope, les envía fotos de sus genitales y les exige que le envíen desnudos hasta que ellas acceden o lo bloquean. Según él, una chica de 14 años era suya y alardeaba de tener ‘videos hot’ con ella, además, como otros, les dicen que se hagan cuentas Paypal para que cobren por vídeo-llamada».

Según Save the Children, «el grooming y, en su evolución digital, el online grooming (acoso y abuso sexual online) son formas delictivas de acoso que implican a un adulto que se pone en contacto con un niño, niña o adolescente con el fin de ganarse poco a poco su confianza para luego involucrarle en una actividad sexual.

Esta práctica tiene diferentes niveles de interacción y peligro: desde hablar de sexo y conseguir material íntimo, hasta llegar a mantener un encuentro sexual. Se trata de un proceso en el que se produce un vínculo de confianza entre la víctima y el acosador».

Leo, Zorrito o Ajedrez

Se trata, según asegura @PolicíaAntipederastia, de un personaje que utiliza estos alias. «Tiene entorno a 25 años, vive en la zona horaria correspondiente a Chile y Paraguay, aunque ha vivido en España. Al parecer ha estado en prisión por temas relacionados con la pedofilia. Suele utilizar fotografías de perfiles sacados de pinterest o de instagram».

Según @PolicíaAntipederastia, este hombre lleva 3 años rondando menores por Periscope e Instagram. Utiliza dos tácticas. «La de “estafador del amor”: observa el directo de sus victimas, las analiza y les pide que lo sigan; las lleva a grupos, aunque prefiere estar en privado con ellas, las anima a que se masturben y cumplan todas sus perversiones. Si no lo siguen: las ataca por Instagram con un perfil falso y las amenaza con subir sus directos a páginas porno».

«Se desconoce el número de chicas grabadas por Ajedrez, pero se estima entorno a las 1000 en los últimos 3 años, unas 3 por día; sin contar aquellas grabadas por sus ‘allegados’. Se sabe que intercambia privados a través de Telegram, que es desde donde suele operar».

@Policía Antipederastia

Según @PolicíaAntipederastia, Ajedrez, «ha montado una especie de escuela de estafadores sexuales, donde enseña cómo ‘trabajarse’ a menores. A esta ‘escuela’ pertenecían algunos como SuperFabian/Santi/Paul_LD, AndreKLK/Arnau/ DominickKLK/GaletitasOreo. Sus últimos alumnos son Jonathan (@jjlus3 en instagram y @jnxleoo3 en periscope) y Sergio Bautista (@SeergioBaud). Con estos últimos han montado una red que cubre periscope e instagram a la perfección».

Además asegura que muchas chicas han caído en las garras de estos acosadores, «y ellas mismas han tratado de captar a otras menores para que hagan vídeo-llamadas pagadas a personas con quienes ellos las ponen en contacto» […] «Un tal Sergio se encarga de captar a chicas españolas entre 12 y 16 años y Jonathan a las chicas latinas».

«A una chica de 13 años de Vigo, la convencieron para hacer privados con Ajedrez, Jonathan, y otros dos: André y Jorgito, luego se pelearon entre ellos atacaron a la chica muy fuerte por redes y ahora ella se encuentra con depresión. Por eso es que necesitamos ayuda para difundir todo esto y para ver si se puede parar», afirma Marco.

Parazito

«Él llama a las chicas ‘esclavas’, junto a un tal Alonso acosaron y extorsionaron a una niña de 10 años por Instagram, la niña le explicó todo a su madre y ha cerrado su cuenta. Parazito también acosó a una chica veinteañera que tiene problemas de depresión y antecedentes de intento de suicidio. La obligó a cortarse en el vivo que la obligó a hacer», asegura Marco.

@PolicíaAntipederastia dice también que este tipo, al igual que Ajedrez, también ‘forma’ a otros acosadores. Esta cuenta que ayuda a niñas y jóvenes a escapar de las garras de estos personajes ha proporcionado a teleoLeo.com un archivo bastante completo con las imágenes de las cuentas desde las cuales ‘opera’. A continuación compartimos algunas.

Galeria de acosadores señalados por @PolicíaAntipederastia

@PoliciaAntipederastia y su grupo, están clasificando y analizando todo el material que tienen para presentar otra denuncia, ante la policía, contra los acosadores online. Todas las fotos de esta nota son parte de un archivo mucho más grande en el que también hay vídeos entre los cuales se puede observar cómo intentan captar niñas y las seducen o amenazan con todo tipo de insultos e injurias si no ceden.

Y en Perú, las cosas no son diferentes

En la conferencia “Acoso virtual en tiempos de Covid-19” realizada por el programa Aurora del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), que tuvo como fin analizar el acoso online como manifestación de la violencia de género, «entre abril y diciembre del año 2020, las alertas de acoso virtual registradas aumentaron en un 73% respecto al mismo periodo del año 2019».

Según el MIMP: «El acoso virtual es la acción o conducta realizada por una persona o grupo de personas para amenazar, avergonzar, intimidar o criticar, con o sin connotación sexual, a través de medios de comunicación digital a una persona, quien rechaza estas acciones por considerar que afectan o vulneran sus derechos». En la conferencia se indicó que las plataformas más utilizadas para acosar en Perú son: Facebook, WhatsApp, Instagram, entre otros.

Según Resilience Organisation se debe sensibilizar a niñas y jóvenes sobre la importancia del uso de contraseñas y el almacenamiento de información.

  • No compartir contraseñas cuando la conexión no es segura.
  • Crear un nombre de usuario único para cada cuenta
  • Eliminar la información personal de todo lugar donde pueda encontrarse con facilidad.

Sin embargo, la responsabilidad del acoso no es de las niñas, ni de las jóvenes acosadas, por eso el informe (In)seguras online señala las acciones que deben tomar las redes sociales al respecto:

  • Crear mecanismos de denuncia más efectivos y accesibles, que sean específicos para combatir la violencia de género.
  • Exigir responsabilidades a quienes cometen las agresiones.
  • Recolectar datos desagregados por género que reconozcan las identidades interseccionales de las niñas y permitan conocer la escala y magnitud del problema.
  • Dar la relevancia necesaria a este problema.

Según una encuesta global realizada en 2020 por la World Wide Web Foundation y la Asociación Mundial de Niñas Guías y Niñas Scouts, sobre su experiencia con el abuso y el acoso online, el 52% de niñas y jóvenes dijo haber sufrido acoso online a a través de mensajes, acoso sexual y difusión de imágenes privadas sin consentimiento.

El mismo sondeo revela que «el 64% de personas encuestadas conocen a alguien que ha sufrido acoso, abuso o violencia y, el 30% de niñas y jóvenes acosadas están sumamente preocupadas por la difusión de sus imágenes, vídeos o mensajes privados sin su consentimiento». 

En Alemania, por ley, las redes cierran las cuentas de los agresores en un plazo de 24 horas y proporcionan la información de los mismos a la policía, sin embargo hay quien ve esto como un riego para la libertad de expresión.

Lobos en red

El ciberacoso vive en los dispositivos que tenemos en casa, sobre todo, en los que manejan nuestrxs hijxs, ellxs debido a la pandemia han dependido y dependen de estos artilugios para estudiar, ‘visitar’ a la familia, socializar y, como no, para distraerse. Y esto lo saben los ‘ciberlobos’ que viven a la casa de presas jóvenes, por eso, las policías del mundo tienen que capacitarse para estar a la altura y combatir el acoso online de manera eficaz.

Mujeres y niñas no tendríamos porque autocensurarnos, ni correr a cerrar nuestras cuentas para evitar amenazas o insultos, o para no tener que ver fotografías de penes, ni de perfiles falsos que hacen creer a las más jóvenes que alguien, desde la red, sin haberla visto, ni haberla tratado en persona, la quiere y la quiere bien; porque eso no es real. Esperemos que la próxima denuncia que @PolicíaAntipederastia, presente ante la policía, esta sea atendida como toca.


Esta investigación de Leonor Pérez se ha publicado originalmente en la página TeleoLeo.com.


Leonor Pérez-Durand es periodista audiovisual, activista, creadora de

teleoLeo.com , sitio web de noticias que aborda temas de afectan a mujeres y

diversidades, pero también, cumpliendo con los objetivos de igualdad y justicia

social del feminismo, da voz a quienes no la tienen.

#8M Perú: “Mujeres y Disidencias trabajando y luchando”. Encuentro Feminista 6, 7 y 8 de marzo.

Por FemLATAM

Más de cien activistas feministas de colectivas, organizaciones, gremios, redes, federaciones, ongs e independientes articularon esfuerzos para organizar el Encuentro Feminista Nacional “Mujeres y Disidencias trabajando y luchando”, en el marco del 8 de marzo, “Día internacional de la Mujer Trabajadora”.

Este año, a diferencia de otros, está marcado por el#COVID19, por lo que el encuentro será virtual y muchas de las temáticas están vinculadas al impacto de la pandemia en la vida diaria de las mujeres y disidencias.

“Las mujeres y disidencias nos encontramos en la primera línea de la crisis producida por el Covid-19, debido a que nosotras y nosotres asumimos en su mayoría los roles de cuidado y trabajo dentro y fuera de nuestros hogares”, señala el comunicado de #8M 2021 Perú.

Añade que “la pandemia ha resaltado la importancia fundamental de nuestras contribuciones así como las cargas desproporcionadas que soportamos y la violencia que nos atraviesa en diversas formas”.

El encuentro virtual se llevará a cabo los días 6, 7 y 8 de marzo, 2021 de 9 a.m. a 7 p.m. Cada día contará con un tema central y sus correspondientes mesas de conversación y reflexión en torno a las problemáticas de las mujeres y disidencias en el Perú. En total serán más de 25 conversatorios centrados en 6 ejes temáticos enfocados desde el contexto pandémico vivido el último año.

-El sábado 6 de marzo se tratará el tema “Justicia y violencia de género”, información y demanda sobre el derecho al acceso a la justicia. Diversas organizaciones y colectivxs participarán en mesas que abordarán temas como la violencia de género que ha recrudecido durante la pandemia en forma de feminicidios, transfobia, violencia contra personas no binaries, bisexuales etc.

Ese día también se socializarán los casos emblemáticos como Manta y Vilca (en busca de justicia para las víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado interno) y el de Esterilizaciones Forzadas (crimen de lesa humanidad que lleva más de 25 años esperando justicia y reparación para más de 280 mil mujeres esterilizadas sin consentimiento durante la dictadura fujimorista). Y se cerrará el sábado con el conversatorio “Mujeres por una Asamblea Constituyente Plurinacional y Paritaria” que analiza la necesidad y promueve una nueva Constitución inclusiva de todxs lxs peruanxs.

Imagen: #8M 2021 Perú.

-El domingo 7 de marzo se abordarán tres temas centrales: “Explotación laboral”, “Respuestas colectivas frente a la pandemia” y “Racismo”. Participan sindicatos, gremios, ollas comunes, comedores populares y colectivos que expondrán sus experiencias y necesidades.

En el tema de explotación laboral las mujeres representantes de organizaciones sindicales de trabajadoras del hogar y educadoras informarán sobre la situación de sus gremios en este contexto de crisis y sus principales demandas al Estado.

Por su parte, las mujeres organizadas de ollas comunes y comedores populares contarán sus experiencias de resistencia como proveedoras autogestionadas que han alimentado a familias en situación de vulnerable en sus barrios. “El bloque contará con un importante espacio de análisis sobre el feminismo anticapitalista y sus principales cuestionamientos”, añade la comunicación del #8M.

También estarán presentes las mujeres del arte expresando sus reclamos a ser consideradas en todos sus derechos, especialmente en el contexto de la pandemia.

El domingo cerrará con el tema “Nosotras y nosotres contra el racismo”, con espacios de mujeres y disidencias afrodescendientes y migrantes que “hablarán sobre sus experiencias, sentires y perspectivas sobre la necesidad de un enfoque intercultural que luche contra la violencia racista y la discriminación”.

-El lunes 8 de marzo, día central de la celebración del #8M, los temas son “#LaPolicíaNoMeCuida” y “Salud”. Este día, ongs, colectivos, redes, federaciones e independientes también participarán de las mesas de conversación.

Organizaciones y activistas abrirán este día espacios de denuncia contra las violaciones de derechos humanos en el contexto del golpe de Estado de noviembre último, así como para abordar el tema de la red de trata en Tacna “y el caso de la compañera feminista Patricia Villfuerte, quien murió en extrañas circunstancias mientras era custodiada por dos policías hace más de un año”.

Por la tarde, en “Nosotras y nosotres por salud”, psicólogas feministas hablarán sobre el impacto en la salud mental debido al confinamiento y la incertidumbre por la pandemia, además de compartir herramientas contra la ansiedad y la depresión.

Y no podía faltar el tema de reivindicación feminista por la autonomía de los cuerpos: el aborto. Este día en el encuentro se abordará el aborto como deuda histórica del Estado hacia la salud integral de niñas, mujeres, transmasculinidades, personas de género no binario, propulsando el acceso a todxs a un aborto libre, seguro y gratuito.

Los eventos de estos tres días usarán los hashtags #8MPorJusitica #8MContraLaExplotación #8MContraElRacismo #8MEnResistencia #8MEnSalud y #LaPolicíaNoMeCuida y puedes ingresar a la página del evento FB aquí.

Puedes seguir las transmisiones del evento y los conversatorios a través de las plataformas feministas en Facebook desde el sábado 6 de marzo hasta al lunes 8 de marzo desde las 9 a.m.:

Sábado 6 de marzo desde las 9 a.m. en:

Sinchi Warmi Mujer Valiente

Lesbianas Independientes Feministas Socialistas – LIFS

Diversidades Trans Masculinas


Imagen de portada: Asamblea #8M 2021 Perú

Violación, tortura y asesinato en siete actos. Los testimonios contra Daniel Urresti.

El siguiente es el relato de una valiente campesina peruana, Ysabel Rodríguez Chipana, testigo presencial del asesinato del periodista Hugo Bustíos. Ysabel, además, denuncia por violación sexual al acusado principal de ese asesinato: Daniel Urresti Elera, hoy candidato a la presidencia del Perú. Esta es la espeluznante historia de violación, asesinato y tortura que cuentan Ysabel Rodríguez y Jesús Gálvez. Treinta y tres años de oscuridad resumidos en siete actos.

Por Claudia Cisneros Méndez

PRIMER ACTO: El encuentro

El día que asesinaron al periodista Hugo Bustíos, Ysabel Rodríguez se levantó de madrugada, como todos los días, a cortar la alfalfa de su chacra para llevarla al mercado. Todavía estaba oscuro en Huanta.

“Yo estaba ahí cortando alfalfa antes que aclarezca pues, ya era oscurito todavía, entonces…escucho unos pasos, yo con miedo, pues esa vez era miedo salir en la mañana…cualquier hora era miedo por el terrorismo”.

Era 1988 y en el Perú se libraba una sangrienta guerra interna contra el terrorismo de Sendero Luminoso (SL), pero también contra el terrorismo de Estado. Más tarde sabríamos oficialmente que miles de peruanos murieron ejecutados por militares sin presunción de inocencia o juicio de por medio. Ayacucho fue el epicentro de esa guerra. Y fue la Sierra donde la población sufrió lo más terrible de este fuego cruzado entre terroristas de SL y las fuerzas del ejército peruano. En Huanta, Ayacucho vivía Ysabel. En Huanta fue asesinado el periodista Hugo Bustíos.

“Escucho pues unos pasos así…me levanto, miro pues, ahí estaban soldados así en el cerco de mi chacra”. Cuenta Ysabel que los soldados estaban comiendo tunas, la fruta de su chacra que estaba a vista desde la pista. “Buenos días señora, buenos días tía, así algunos, entonces…estaban comiendo tuna porque mi tuna era plantadita”, recuerda Ysabel, que en ese momento tenía 28 años y cuatro hijos, el más pequeño de un año.

“Su jefe habrá sido pues…un soldado les llama: ¡carajo, conchasumadre, qué están haciendo, qué están tragando allí! Así, entonces ellos han salido a la carretera y yo con miedo pensaba que van a entrar y me van a detener”.

Pero los soldados salieron y se alejaron de su chacra. Alrededor de las 7 de la mañana, Ysabel seguía cortando su alfalfa siempre con un ojo vigilando sus alrededores. Es cuando aparece la primera vez esa mañana el periodista Hugo Bustíos.

Hugo Bustíos Saavedra de 38 años era corresponsal de Caretas en Huanta, Ayacucho, presidente de la Asociación Nacional de Periodistas de Huanta y se había convertido en un dolor de cabeza para el ejército porque cubría tanto la barbarie militar como la de Sendero Luminoso contra la población civil.

Fotos de Hugo Bustíos para Caretas. Bustíos se ganó la animadversión de los militares porque reportaba por igual la barbarie del ejército y la de Sendero Luminoso contra la población.

La primera vez que esa mañana del jueves 24 de Noviembre Hugo llegó hasta donde Ysabel, fue para preguntarle la ubicación de la casa de un poblador de la zona. Bustíos estaba investigando el asesinato de la señora Primitiva Jorge Sulca y de su hijo Guillermo, quienes la noche anterior habían sido asesinados presuntamente por Sendero Luminoso. Hugo saludó a Ysabel, a quien conocía desde hacía años porque Bustíos además de periodista era abogado y un exitoso comerciante de productos agrícolas. Ysabel cuenta que solía comprarle cochinilla y otros productos.

“Negrita, diciendo me llama. Y yo me levanto y era el señor Hugo”, cuenta Ysabel. Ella se alistaba a cargar su burro con la alfalfa recién cortada para llevarla al mercado en la ciudad. Bustíos al percatarse le pregunta “¿Para qué estás cortando ese alfalfa? me dice. Yo le digo, para el mercado señor Hugo. Entonces me dice ¿no sabías que es paro armado? La verdad que yo no sé Sr. Hugo, yo no sé le digo. Te van a hacer burro-bomba… me dice, no lo lleves al mercado, me dice. Y yo le digo, pues gracias señor Hugo, yo no sabía”.

Paro armado, en esa época, era como se le llamaba a la suspensión forzosa de actividades bajo amenaza de muerte por Sendero Luminoso. No acatar el paro era arriesgarse a ser asesinado por Sendero. Pero muchas veces, los pobladores de zonas rurales no se enteraban si no habían estado en la ciudad.

Bustíos se marchó pero regresaría más tarde en su hora final. Mientras, Ysabel dejó la alfalfa, abrió la tiendita de abarrotes que tenía junto a su casa y preparó el desayuno para sus hijos, Maribel (11), Almícar (6) y Magali (3). Luego se apostó en la puerta de su tiendita a tejer una chompa mientras esperaba a la clientela y vigilaba su cocina. Ysabel calcula que serían alrededor de las once de la mañana cuando vio volver a Bustíos.

Antes de llegar nuevamente a casa de Ysabel, Bustíos había intentado dos veces esa mañana ingresar a casa de la señora Primitiva para investigar el crimen del día anterior, pero los militares que custodiaban la casa no se lo permitieron, por eso se fue al cuartel de Castropampa a conseguir el permiso del comandante Víctor La Vera Hernández, jefe del cuartel y sus dos mandos, el capitán José Salinas Zuzunaga, encargado de la Sección de Operaciones (S3), y el capitán Daniel Urresti Elera (“Arturo”), de la Sección de Inteligencia (S2). Al cuartel llegó con su esposa, Margarita Patiño. Fue tras conseguir ese permiso que volvió a la zona por donde vivía Ysabel, que era camino a Erapata, lugar del asesinato de la señora Primitiva. Bustíos dejó a su esposa en casa y volvió a la zona junto con un colega periodista.

SEGUNDO ACTO: El asesinato

“Ahí tejiendo mi chompa escucho su sonido del carro, ya ahí habrá sido 11 más o menos. Me levanto y casi al medio de la carretera salgo para mirar arriba”. Ysabel cuenta que detrás de la casa de su hermano, que estaba cerca a la suya, vio un vehículo del ejército. “Había un carro de militar y estaba cuatro personas vestidos de civil con polos blancos y pantalones jean. Y entonces yo con miedo así me asusto, entro a mi tienda y a mis hijitos los saco. Algo va a pasar aquí”, pensó mientras despachaba a sus hijos para que se alejaran del lugar y espantaba a sus animales con los que a veces también se ensañaban terroristas o militares. Ysabel, asustada, llega a casa de su hermano, Teodosio Escalante, mientras ve cómo dos de los sujetos vestidos de civil pero de corte militar entraban armados a un ‘caserón’, que es como le llaman a una estructura de paredes sin techo.

Pasaje donde fue asesinado el periodista Hugo Bustíos. Huanta, Ayacucho, 1988. Foto: Caretas.

Le cuenta a su hermano lo que está pasando y ambos empiezan a huir cuando su hermano se percata que ha dejado sus ahorros en su casa.

“¡Mi plata, mi plata! Desesperado regresa y yo también”, relata Ysabel. Mientras su hermano entraba a recoger el dinero, Ysabel se escondió en los matorrales que estaban detrás de la casa de su hermano, muy cerca de donde había un badén.

Desde los matorrales, Ysabel pudo reconocer al menos a dos de los militares armados vestidos de civil. Uno era el capitán “Arturo”, jefe de inteligencia del cuartel de Castropampa, y al otro que le decían “Ojos de gato”. En esa época de lucha antisubversiva, los militares no usaban sus nombres legales sino un alias. A Ysabel no le fue difícil reconocer al capitán “Arturo” porque durante meses coordinó con él la construcción del muro perimétrico del cuartel de Castropampa.

Entonces Ysabel ve aparecer la moto lineal de Bustíos y su colega, Eduardo Rojas Arce, corresponsal del diario Actualidad. Iban con el motor apagado porque estaban en bajada.

“Atrás de los matorrales, ahí yo me escudriñé. Había una baden, una acequia, y ahí bajó un poquito su velocidad la moto. Ahí disparó… ¡No disparen, no disparen, somos periodistas!”, recuerda Ysabel haber escuchado gritar a los periodistas identificándose. Pero las balas corrían a matar. “Entonces cayó el Sr. Hugo. Un poco se arrastró la moto, después a su colega le gritó: ¡corre, corre escápate, son militares!”.

Rojas herido logra levantarse y huye. “Más abajito se cae, se levanta así cojeando”. En ese momento Ysabel también emprende huida con el menor de sus hijos, el de un año, cargado en su espalda.

 “No sé a cuánto de distancia alcanzo a mis hijos y de ahí…revientan una bomba. ¡Dios mío a mi papá lo habrán matado!” pensó con horror Ysabel. Pronto se enteraría que la explosión había sido para acabar con la vida de un agonizante Bustíos.

“Le habían puesto bomba al señor Hugo, lo han…”, no termina de narrarlo, Ysabel, se pierde en el recuerdo de ese día hace treinta y tres años.

Los resultados de la necropsia fueron brutales: “destrucción de toda la hemicara izquierda con fractura de toda la bóveda craneana. Tórax: Destrucción completa de todo el hemitórax izquierdo con desprendimiento del miembro superior izquierdo y presenta un olor característico a pólvora”. También quemaduras de primer grado en el tórax y brazo derecho, cuatro orificios de bala cerca a la axila, antebrazo izquierdo, región lumbar y pierna derecha, y daños al cráneo y cuerpo producidos por los explosivos que detonaron en su cuerpo. (Caso Bustíos: Periodismo de alto riesgo en Perú, p. 41)

Sospechosamente, no se recuperaron ni restos de explosivos ni casquillos de balas en el lugar del asesinato y la fiscalía denunció que los militares impidieron en un primer momento a la policía acercarse al cadáver. Algo que en definitiva era contrario a los asesinatos de Sendero, que siempre buscaban sembrar terror en la población, que supieran que fueron ellos. Eduardo Rojas logró huir con tres impactos de bala y testificó que les dispararon a matar y que vio cómo los militares vestidos de civil explotaron el cuerpo de Bustíos.

Margarita Patiño, esposa de Hugo Bustíos durante su funeral en 1988. Además de los 4 balazos, a Bustíos lo dinamitaron para asegurar su muerte. Foto: Caretas

TERCER ACTO: La violación. Dos veces.

Cuarenta y ocho horas después del asesianto a Hugo Bustíos, el sábado 26 de noviembre, pobladores y autoridades de Erapata y Quinrapa fueron conminados a presentarse a la base del ejército de Castropampa. Allí permanecieron detenidos y sucedieron hechos abominables que a continuación relatan los testigos.

“Nos han citado al cuartel; hemos ido y mucho rato hemos esperado”, dice Ysabel recordando que llevaba a su hijo Michael de un año a cuestas porque aun lactaba. De a pocos, los militares fueron seleccionando quiénes se quedaban detenidos en el cuartel y quiénes se podían ir. A ella junto a otras 5 mujeres y 13 hombres los detuvieron. Dieciocho en total, entre los que estaban quienes vivían cerca del lugar del asesinato de Bustíos.

“Nos ha hecho entrar a una carpa. A mi me ha vendado con su pañal de mi hijo. A los demás señores también. Y allí dentro de carpas sentía como unas camas, algo así era, entonces como en un callejoncito nos ha hecho entrar. A mi costado me puse como dar pecho a mi hijo. No sé lo habrá hecho chancar a mi hijo, (que) empezó a llorar mi hijo” . Ysabel intentó calmarlo pero algo nuevamente le pegó al niño que siguió llorando. Entonces alguien la saca de la carpa. Allí afuera Ysabel logró ver tirados en el suelo a sus vecinos el Sr. Jesús Gálvez, Demetrio Palomino entre otros, todos boca abajo. Ysabel también cuenta que era el capitán Arturo quien la sacó de la carpa y la hizo entrar a otro lugar, ahora ya a solas.

Testimonio de Ysabel Rodríguez Chipana, Enero 2021. Video: Entrevista de Claudia Cisneros para FemLATAM.

“En ahí, pues, me sacó, prácticamente yo estaba cerca a él, y me llama a un ladito que ahí había como una mesa había como fólderes … había una máquina de escribir. Ese Arturo, pues, ahí se abusó de mi. No tenía piedad, mi hijo que lloraba y me hacía, me decía: ¡hazle callar a ese bastardo! Yo le suplicaba, le rogaba, no ha tenido pena de mi…la verdad que a mi me indigna cada vez que me recuerdo, me duele mucho la verdad que ese mostro ni va a poder morir…la verdad que yo vivo muerta en vida…al reconocer ese monstruo, no me quedaba nada, la verdad que no podía dónde ir, qué decir, solo me quedaba llorar. Muy amenazada, ese mostro me decía: si vas a hablar te voy a matar” Ese monstruo, asegura Ysabel, es Daniel Urresti Elera.

El Muro
Ysabel conocía muy bien la cara y la voz de ‘Arturo’ porque durante meses ella y otras mujeres de su pueblo organizaron a los hombres para colaborar con la construcción del muro perimétrico del cuartel Castropampa. A falta de hombres que temían ser autoridades por miedo a ser asesinados, las mujeres tomaron esos cargos. Ysabel como tesorera se encargó de la coordinación con Castropampa para erigir el muro.

“En 88 hemos construido el muro perimétrico del cuartel. Como los mataron a los miembros de la comunidad, ya no querían servir los varones. Entonces nos han nombrado entre mujeres. Tres mujeres hemos servido como autoridad y hemos construido la muralla del cuartel. Ahí yo lo he conocido antes del asesinato. Lo conocía por Arturo no más, no su nombre. Hasta 2015 yo no sabia su nombre”. Debido a ese trabajo por el que mantuvo comunicación casi diaria durante meses con los mandos del cuartel, Ysabel conocía de cerca a “Ojos de gato” (Amador Vidal Sanbento), a “Centurión” (Johnny Zapata Acuña), a “Arturo” (Daniel Urresti) y a otros militares de la base militar de Castropampa.

Ysabel asegura que el muro tardó meses en levantarse y las coordinaciones eran directamente con “Arturo”.

“Primero hemos sacado tierra para trabajar el adobe. De ahí … la piedra hemos llevado para cimentar. Cuando ya secó el adobe hemos hecho la construcción pero por tramos… Yo llevaba diario a la gente que iba a trabajar ahí. Coordinábamos con ‘Arturo’ y ‘Centurión’, ellos eran los mandos. Más o menos hemos demorado tres meses, más o menos después que pasa la lluvia, Mayo, Junio, Julio”, relata Ysabel.

Muro del cuartel militar de Castropampa que Ysabel Rodríguez,como tesorera de su comunidad, colaboró en construir. Sus coordinaciones, asegura, eran con el capitán ‘Arturo’, jefe de inteligencia de la base.

La segunda violación

Ysabel aún en shock pasa unos días en casa de su hermano hasta que de vuelta en su casa y mientras la presión social por la muerte de Bustíos crecía, ‘Arturo’ aparece una noche en su casa con 10 a 15 militares.

“Este Urresti me sacó de mi casa hacia el patio. Detrás del patio yo tengo una muralla…allí yo tenía un pacae grande. Abajo del pacae se abusó de mi…”.

Antes de quedar inconsciente, Ysabel recuerda que Arturo volvió a amenazarla.

“Solamente sabes tú, o sea me estaba advirtiendo de caso de Bustíos: solamente sabes tú. Por estos bastardos – a mis hijos los decía bastardo- te voy dejar viva, sino te mataría. Si tu hablas ¡te voy a matar, te va comer chancho, te voy a hacer polvo, ceniza!”.

Tras perder la conciencia, Ysabel amaneció entre los tunales de su chacra con su bebé junto a ella; no recuerda en qué momento habría perdido el conocimiento pero aún asustada no quiso entrar a su casa pensando que podían estar los militares, así que corrió a casa de su hermano. Sus hijos, al no encontrarla esa mañana también habían llegado hasta la casa de su tío.

“Y cuando he llegado no más todo mi cabello despeinado, mi blusa todo desordenado, ni siquiera tenía valor para arreglarme… ahí no más llegó un periodista de Caretas”, a quien Ysabel tampoco se atrevió a contar nada de lo recién sucedido. El periodista, sin embargo, logró tomarle una foto que con los años ha sido crucial, pues registra el estado de Ysabel luego de la denunciada violación de Urresti la noche anterior .

La foto de Jorge Ochoa (Caretas), tomada la mañana en que Ysabel, tras perder la conciencia durante la segunda violación, amaneció en su chacra con su bebé Foto: Caretas.

“Yo estaba bien advertido … por eso es lo que yo no hablaba (…) Muchos periodistas han venido, muchas personas han venido a preguntarme. Yo les decía que eran militares pero no he nombrado su nombre de ninguno, porque me ha dicho que va a matar a toda mi familia a mi…Tampoco lo que me pasó he contado a nadie”, recuerda entristecida Ysabel.

CUARTO ACTO: La tortura

Esa mañana del asesinato a Bustíos, Jesús Gálvez, natural de Quinrapa, como Ysabel, se encontraba trabajando en su chacra junto a su personal. Escucharon los disparos y al poco tiempo una explosión, pero sabían que no era seguro salir a ver qué pasaba.

“He escuchado los disparos, dentro un rato un petardo, nada más…habrá sido once, doce de la mañana del día 24 de noviembre de 1988”. Su chacra se ubicaba a unos 900 metros lineales del lugar del asesinato a Bustíos.

Fue uno de sus vecinos quien por la tarde le relataría lo sucedido.

“Uno de mis vecinos me informa: A Hugo Bustíos lo mataron en tu terreno. ¿Cómo en mi terreno, en qué sitio? En Erapata”. En Erapata, Gálvez y sus cinco hermanos habían heredado un terreno tras el fallecimiento de su padre en 1987. En Erapata también es donde habían asesinado a la señora Primitiva y a su hijo la noche anterior.

Así, Gálvez también estuvo entre los conminados al cuartel el sábado después del asesinato a Bustíos. Ysabel recuerda que a través de un resquicio del pañal que le pusieron como venda pudo ver a otros pobladores de la zona tirados con la cara contra el piso. Jamás imaginó que unas horas después el señor Jesús Gálvez sería víctima de la violencia cruel y salvaje de Arturo en ese mismo cuartel. El testimonio de Gálvez es crucial porque confirma lo declarado por Ysabel: que ella coordinaba con Urresti para construir el muro en el cuartel y confirma las detenciones en el cuartel.

Gálvez cuenta que también fue introducido a la misma carpa en la que estuvo detenida Ysabel. A él no solo le vendaron los ojos, también le amarraron las manos hacia atrás con una soguilla. Lo tiraron al suelo con la cara contra la tierra y podía oir que habían otras personas. Escuchó a varias mujeres quejarse porque los militares las estaban manoseando.

“Empezaron a quejarse las señoras en mi contorno. Ellas estaban rogándole por favor que no le hagan daño. ¡Por favor, déjenme, déjenme! Entonces una señora que era de edad, dijo: ¡Sácame la mano, carajo, que yo soy mayor de edad! Entonces a la señora lo callaron. Era la señora Alejandra Saga porque en su voz yo les he reconocido a todos, a las señora Julia Ccuripuri, a la señora Emilia Pérez, a la señora Plácida Ccuripuri, a la señora Ysabel”.

También escuchó al bebé de Ysabel llorar y a alguien callarlo. Gálvez cuenta que tenía la bota de un militar pisándolo contra el suelo y recuerda que pasado un tiempo la bulla en la carpa fue reemplazada por un total silencio. Con las manos adormecidas y aun en el piso, ya no pudo llevar la cuenta, cree que pasaron varias horas. Pero recuerda bien el sonido de pisadas y movimientos fuera de la carpa.

“Entran, me levantan del suelo porque yo tenía los brazos adormecidos totalmente porque desde las once de la mañana aproximadamente me tenían amarrado. Yo no podia ya soportar. Y me sacaron hacia fuera pero por la puerta falsa, no por donde he entrado, yo me he dado cuenta”, dice Gálvez. Recuerda escuchar el motor de un auto al que lo metieron aun vendado y amarrado y en el que le dieron- las contó- hasta dos vueltas dentro del cuartel como para despistarlo. Pero él logra percatarse de que vuelven al mismo lugar del que lo habían sacado. Ya no habían detenidos, eran solo él y sus captores. Y dentro, la carpa había sido acondicionada para lo que sucedería en las siguientes horas. Las peores de su vida.

“Me sueltan las manos que estaban amarradas hacia atrás. Entonces yo dije, ya me soltarán porque el brazo ya estaba todo adormecido, casi no sentía nada. Entonces…nuevamente me doblan las manos para atrás y me envuelven con un trapo, franela, no sé. El brazo nuevamente me envuelven y  me amarran con un soga un poco más gruesa”. Gálvez recuerda que en seguida una voz, la misma que le ordenaba levantarse o no moverse, le dijo que ahora iban a ‘trabajar’.

Imagen referencial para graficar someramente el tipo de tortura que relata el señor Jesús Gálvez. Foto: Internet. Álvarez quedó con secuela de por vida.

“Vamos a trabajar me dijo, y me dio un palmazo en el oído. Como yo estaba vendado empezó a chillar el oido. Fuerte me dio el palmazo. ¡Ahora vas a hablar todo lo que sabes! me dijo, ¿pero de qué voy a hablar? No me dijo de qué voy a hablar”.

Sus brazos estaban amarrados hacia atrás aunque él procuraba mantenerlos pegados al cuerpo. Pudo sentir que alguien comenzaba a jalar la soga y empezaba a estirarse, a elevarse, estaban colgándolo.

“Entonces comenzó a correr la soga para arriba y dos personas de los brazos me levantan en peso para arriba… y la soga corría, pero los pies no me habían amarrado; en eso yo cuando me colgaron pegué mis brazos hacia mi cuerpo … me quedé más o menos no tan volteado, pero había alguien que me tenía agarrado de los pies y me dice: ¡Habla, quién ha matado a la señora Primitiva! Yo no sé nada le dije, no sé nada. Entonces así con palabras vulgares me pregunta la misma voz… me seguía preguntándome: ¡habla, habla! Yo estuve arriba colgado ¡Habla, quién mató?  Yo no sé nada le dije. Entonces ese que estaba agarrando mis pies se cuelga para abajo. Allí mis brazos se fueron para arriba y bueno, grité todo lo que podía porque mis brazos se han doblado para arriba. Me tenían agarrado para abajo, mi pie se fue hacia arriba y mi cabeza hacia abajo…me seguía preguntando ¡Quién mató a la señora Primitiva!”

“En eso estoy contestando y me sueltan al agua.  Yo no sé si ha sido una poza, un cilindro, no sé, pero era una poza de agua apestoso, sucio, con arena. Me sueltan, yo me ahogaba en el agua; después de ahogarme nuevamente me sacan, me siguen preguntando. La misma voz escuchaba me preguntaba, quién mató a la señora Primitiva. Yo no podía responder porque no sé nada”.

Jesús Gálvez no tiene claro cuánto tiempo pasó mientras era torturado. Lo último que recuerda es que en algún momento le amarraron también los pies.

“Me amarraron los pies, entonces nuevamente me sueltan al agua; entonces yo ya no soportaba, quizas la segunda (vez) que me ahogaron ya no me di cuenta de lo que hacían… me ahogaría, me habrían sacado, totalmente no me di cuenta. Hasta ahí es el único que me acuerdo”.

El cuerpo tiene la capacidad de evadirse cuando está sufriendo un dolor muy severo e insorportable. Probablemente es lo que pasó con Jesús Gálvez, que en las próximas horas descubriría que la parte más salvaje de su tortura continuó contra su cuerpo inerte y aunque él ya no tuviera conciencia.

Cuando recuperó el conocimiento, no sabía si horas o días después, estaba rodeado de sus vecinos, todos varones. Cuando pudo ver mejor, se dio cuenta que estaban en un calabozo. El calabozo de la policía de investigación, en esa época la PIP (Policía de Investigación del Perú) en Huanta.

El señor Jesús Gálvez denuncia que fue torturado en el cuartel de Castropampa, en 1988, tras el asesinato del periodista Hugo Bustíos. Señala a Daniel Urresti como su torturador. Entrevista: FemLATAM.

En el calabozo
“Cuando recuperé el conocimiento…estaba en los brazos del señor Salvador Alcázar. Me tenía entre sus piernas y sus brazos preguntándome. Ahí estaba el señor César Rimarachín, ahí estaba el señor Demetrio Palomino, ahí estaba el señor Sabino Ruiz; también estaba el señor que no es de mi comunidad, de la comunidad de Chajo, Jorge Urbay, el otro era el señor Juan Rojas. Trece varones que hemos estado en el calabozo”.

Gálvez ya no tenía la ropa sucia y mojada, sus compañeros de calabozo le habían prestado prendas secas sacándose de lo que llevaban puesto.

“Yo prácticamente los brazos inmóvil, la pierna, todo no podía levantarme, y todos esos dolores en el calabozo soportaba. Me quejaba y mis vecinos me sobaron, me trataban de atenderme. Yo no podía tocarme el cuerpo con las manos porque inmóvil los tenía. Pero sentía yo la parte íntima que tenía una herida…que me dolía, no podía tocarme, incluso echadito no más me orinaba, echadito no más en el calabozo en un recipiente que mis vecinos me atendían”.

Durante los catorce días que los tuvieron detenidos, ningún policía le prestó ayuda médica. A medida que fue recuperando alguna movilidad de los brazos, Jesús intentó verificar qué tenía, qué era lo que tanto dolor le causaba en el cuerpo. “Poco a poco me recuperaba, los brazos también, entonces yo me agarraba mi parte íntima, mi pene agarraba, tenía herida. Mis testes me agarraba, tenía otra herida…A mis vecinos no podía decirles nada porque era una parte íntima…yo lo soportaba el dolor…”.

Cuando al fin los dejaron en libertad, Jesús tuvo que hospedarse en casa de unos familiares y recuperarse en base a atención casera. No pudo ir a un hospital a curarse porque cuenta que fue amenazado. “He salido amenazado de muerte, que me iban a matar, desaparecer si yo me quejaba o yo iba al hospital o contaba lo que me han hecho”. Aún sin saber exactamente cómo le habían provocado esas heridas en el pene y los testículos, Jesús se encontró casi 20 días después con la señora Alejandra Saga. La señora Saga también había estado detenida con él. Lo que le dijo, lo dejó helado.

 “Al verme, se vino con los brazos abiertos llorando, y me dice: ¡te han colgado de los testes, todo te han hecho, con un cable te colgaron, yo he visto! me dijo. Recién yo saqué mi cuenta, de razón he tenido esa herida en el pene. En los testes yo tengo como un corte, una cicatriz. En el pene como si estaría quemado, así lo he tenido”.

La señora Saga le contó todo lo que vio a los militares hacer con su cuerpo inerte, inconsciente por el dolor y la tortura. Jesús recordó una sensación de vacío interminable, como una pesadilla que no acababa, solo que era real. “Prácticamente este cuerpo que ya no tenía vida me han hecho como en mi sueño, yo me iba a un vacío que nunca llegaba, gritando me iba y no podía caer al suelo. Es lo único que me acuerdo…pero este cuerpo inconsciente todo lo que me han hecho…”, relata con los ojos inundados apunto de desbordar.

Gálvez asegura que jamás olvidará esa voz “agresiva” y “rígida” que le hacía las preguntas mientras lo torturaban. Es algo imborrable en su memoria. La voz de la tortura, la voz de la abominación. “Es el señor Daniel Urresti. Aquel entonces estaba con un nombre de Arturo, no sabíamos su nombre legal”.

QUINTO ACTO: Cara a cara con ‘el monstruo’

Durante años, ni Jesús Gálvez ni Ysabel Rodríguez sabían el nombre real de su agresor. Pero tenían impregnados en sus peores memorias su rostro y su voz. Veintisiete años después, Ysabel al fin le pondría nombre a esa cara, a esa voz.

Corría el año en 2015, Yabel había llegado hasta Lima junto con un grupo vecinos de su zona con quienes conformaron una asociación de pacificadores para defenderse del terrorismo. Llegaron a Lima a demandar al Estado reconocimiento como ronderos. Se reunieron con el abogado que los ayudaba cerca a Palacio de gobierno y desayunaron en el centro de Lima donde habían alquilado una habitación.

Hacia el mediodía acordaron ir a almorzar, pero Ysabel estaba cansada y prefirió quedarse. Se sentó bajo la sombra de una palmera alrededor de la Plaza de Armas. Mirando palacio empezó a recordar que de niña había estado allí acompañando a su mamá cuando gobernaba Juan Velazco Alvarado. Su madre defendía los derechos de los agricultores frente a los abusos de los hacendados durante la reforma agraria. “Eso me estaba recordando, mirando todo. Acá he venido con mi mamá diciendo…y de pronto…me llega como una electricidad antes de ver a ese maldito mostro…me asusté. Algo me pasó como una electricidad de todo mi cuerpo y miro acá a todo lado…”.

Allí estaba, parado en pleno centro de Lima, conversando con dos personas alegremente, aquel sujeto al que le debía años de sufrimiento y oscuridad. “A ese mostro de frente lo he reconocido. Estaba conversando con una señorita y con una señora. Le he mirado bien bien. Él es, no es otro. Y en su gorra decía, tenía una gorra negra, decía Urresti.” Ysabel recuerda que se acercó lo más que pudo sin que él alcanzara a verla o reconocerla. A medida que Ysabel se acercaba y escuchaba su voz, entró en una espiral.

“Me puse a llorar como María Magdalena. No me paraban mis lágrimas porque cuando le he reconocido me parecía que en ese momento me ha pasado (las) cosas que me ha pasado…no podía resistir verle a ese mostro pero yo estaba asustada todavía al verlo”. Cuando sus compañeros volvieron del almuerzo la encontraron aún llorando cerca al cuarto que habían alquilado. Le preguntaron qué pasaba pero ella estaba todavía en shock y no se atrevió a contarles. Les dijo, para no tener que dar más explicaciones, que había recordado a su madre. “No podía decirle lo que me pasó…me daba verguenza, miedo, no sé”.

Ysabel, con chompa amarilla sentada en la banca hasta donde se acercó para confirmar que sus ojos veían a quien asegura conoció como el Capitán Arturo 30 años antes y que estaba a la altura de la banca donde está sentado el señor de gorra, según su testimonio. Foto: Comisedh.

Tras volver a Huanta, Ysabel buscó ayuda con defensores de DDHH pero no tuvo suerte la primera vez. En una reunión con sus compañeros de asociación, al fin se atrevió a contarle a uno lo que la carcomía. “Le he reconocido al asesino de Bustíos” le dijo. “La verdad que yo no sabía su nombre verdadero para denunciarlo, pero tarde que temprano voy a llegar a saberlo, voy a denunciar a este mostro, esto no se va a quedar (así) porque este maldito me ha hecho un daño grande”, recuerda haber dicho Ysabel.

Seis meses después, un día después de su cumpleaños, el 9 de Julio de  2015, llegan a su casa en Huanta una periodista de La República junto con una defensora de Derechos Humanos. “Yo les conté con lágrimas en el ojo, llorando la verdad… que me abrazaron, ese abrazo, con ese abrazo me sentí un poco bien pero me he llorado bien, bien…no dejaba llorar, ni hasta ahorita…cada vez que me recuerdo, me duele mucho…entonces ahí decidí hablar lo que me pasó, lo que le he visto su matanza de Bustíos”. Cuenta Ysabel que si bien al fin pudo relatar su experiencia del abuso sexual, pidió que aún no fuese publicada. Al mes siguiente, en Agosto, Ysabel inicia su participación como testigo presencial en el juicio oral por el asesinato del periodista Bustíos.

SEXTO ACTO: Todas las mentiras, todas

Daniel Urresti no solo es sindicado como autor del asesinato de Hugo Bustíos por Ysabel Rodríguez, sino también por el militar Amador Vidal Sanbento quien lo señaló directamente como el asesino de Bustíos junto con Johnny Zapata Acuña “Centuriòn”. Mientras, el militar Edgardo Montoya Contreras desmintió la versión de Urresti de que jamás salió del cuartel el día del ataque a Bustíos. Montoya aseguró ante la Fiscalía que la mañana del asesinato a Bustíos vio salir del cuartel de Castropampa un camión “al mando del capitán Urresti” y que hacia el mediodía éste volvió a pie al cuartel “con su equipo de inteligencia”.

Ysabel, sin embargo, es la única testigo presencial del crimen del periodista que no ha variado su versión y que aún sigue viva. Seis meses después del asesinato a Bustíos, el otro testigo presencial, Alejandro Ortiz Serna, fue asesinado en Huanta de un tiro en la cabeza. El periodista que iba esa mañana en la moto con Bustíos, Eduardo Rojas Arce, sobrevivió a las múltiples heridas de bala pero murió tres años después de una enfermedad terminal.

En los más de 30 años que la familia de Bustíos lleva intentando hallar justicia, varios testigos de Urresti han cambiado sus versiones originales para terminar favoreciendo a Urresti. Edgardo Montoya es uno, Cristóbal Gavilán Mendoza es otro y Donata Ruiz. Estos dos últimos amedrentaron a Ysabel Rodríguez en varias ocasiones, cambiando su versión para tildarla de terrorista, siguiendo la estrategia que ha seguido Urresti hasta la actualidad. Solo años después, el 4 de junio de 2018, Gavilán Mendoza denunció que nunca había sido testigo del crimen porque en esa fecha estaba preso por tráfico de drogas en Lima y que fue obligado a mentir a favor de Urresti. También en 2018, César Girón Ruiz, denunció que Urresti usaba documentos “donde burdamente han falsificado la firma y los sellos oficiales” de la Notaría Pública de su padre en Huanta, César Odón Arana.

La Fiscalía pide 25 años de cárcel para Daniel Urresti por el asesinato de Bustíos. Urresti ha sido desde el 2014 ha sido ministro del Interior, candidato a la presidencia (2015), candidato a la alcaldía de Lima (2018), congresista (2020) y candidato a la presidencia (2021).

En Enero 2021, el programa periodístico de televisión, Cuarto Poder, hizo públicas las grabaciones que demuestran el intento de comprar a los testigos del asesinato de Bustíos. A Jesús Álvarez le ofrecieron 5 mil dólares y una operación a la vista en Lima a cambio de que no vaya a declarar en el nuevo juicio que mandó la Corte Suprema

SÉTIMO ACTO: Recogiendo los pedazos

La siguiente vez que Jesús Gálvez volvió a estar cara a cara con su torturador, fue treinta años después durante la audiencia del 4 de Abril de 2018 por el caso Bustíos. Gálvez tenía ya 77 años y Urresti 62. Urresti Elera continuaba buscando poder político y en ese momento era candidato a la alcaldía de Lima mientras seguía su juicio por el asesinato a Bustíos. Gálvez esperaba su turno para terminar de dar su testimonio cuando escucha detrás suyo esa voz que jamás podrá olvidar.

“Escuché una voz por mi atrás donde dijo: ¡terruco, eres muerto! ¡Te voy a matar! Entonces volteo, era el señor ‘Arturo’ que le conocía, pero…había sido el señor Urresti…Esa voz que en todo momento me hacía preguntas cuando me torturaban…El vigilante que estaba en la puerta le gritó: ¡qué pasa señor, qué pasa!”. Quedó registrado en actas de la audiencia esta amenaza por parte del acusado a un testigo. Como quedó en el cuerpo y vida de Jesús Gálvez marcadas las secuelas permanentes de las horas de tortura.

“Yo he vivido tantos años inválido, valiéndome en mi chacra, valiéndome también de otras personas para trabajar. Yo no puedo hacer esfuerzos como antes lo hacía. Si no hubiera pasado estas cosas yo hubiera sido otra persona, mis hijos hubieran sido profesionales…era mi intención, una meta trazada que lo he tenido. Yo he sido ganadero que todos mis vecinos me conocen. Como campesino, agricultor, quería sacarlos profesional a mis hijos pero mi deseo no se ha cumplido…un inválido no podía”, cuenta entristecido Jesús. Hoy, lo único que pide es seguridad para él y su familia en su chacra. Sabe que Urresti es un tipo con poder y conexiones.

Ysabel también ha tenido que vivir toda su vida bajo la sombra de las maniobras de Urresti y los pedazos de su vida que le ha tocado recoger luego de la amarga experiencia que recién décadas después pudo narrar. Contarla le costó su familia, humillación social y estigmatización. Su esposo no pudo soportarlo. “Ya yo me he separado. Hasta de mis hijos se burlan: tu madre violada, les dicen. Mis hijos me han dado la espalda desde que han llegado a saber. Mucho me maltrataban por la vergüenza: tu dignidad está en el suelo, tu madre cómo se ha desprestigiado, diciendo dice la gente”.

Perdió a su esposo, y a sus hijos les tomó un tiempo comprender que quien debía sentir xno era ella ni ellos, sino quien la violó. “Así era pero ahora por el favor de dios mis hijos se han dado cuenta y me dicen: mamá eres mujer valiente, nosotros nos hemos equivocado”.

Ysabel Roddríguez Chipana. Foto: Comisedh.

A Ysabel la han querido silenciar, la han querido humillar, han querido comprar su silencio y la verdad, la han amenazado, perdió a su familia y recuperó a sus hijos, sus vecinos la acusaron falsamente de terrorista pasando a ser testigos de Urresti, pero ella jamás ha claudicado. Pese a vivir décadas amenazada de muerte y sin poder contarlo todo.

“Todo esa carga todo llevaba dentro mi, dentro de mi corazón…cuando yo escucho de violación a mi me afecta…a mi me duele…parece que ese rato cuando le escucho me pasa. Así que me han hecho un tratamiento psicológico pero no puedo, no me sale, no me curo, sigo siendo afectada…eso no se puede olvidar, eso ya me ha marcado para el resto de mi vida”.

Hoy Ysabel pasa su vida entre su chacra, sus hijos y el sistema de justicia en el que desde hace más de treinta años se libra la batalla contra el poder y la corrupción que buscan ocultar la verdad. Margarita Patiño, viuda de Hugo Bustíos, murió en un accidente de tránsito en Octubre de 2016 y nunca pudo ver la justicia llegar. Sharmelí Bustíos, su hija, continúa la batalla. Las trágicas circunstancias de sus vidas han hecho que Sharmelí e Ysabel se vuelvan un apoyo una para la otra. La lucha continúa.

“¿Un mostro, un violador un asesino nos va a gobernar?”
El juicio que inició en el 2015 fue tirado por la borda cuando en Octubre de 2018, Urresti fue absuelto por el Colegiado B de la Sala Penal Nacional, pese a las montañas de evidencias y testimonios. Ese mismo año se cumplieron tres décadas del asesinato a Hugo Bustíos. Meses después, en Abril de 2019 la Corte Suprema de Justicia declaró nula la absolución a Urresti, llamando la atención a los jueces de la Sala Penal por irregularidades en no haber ponderado las pruebas adecuadamente.

Se inició un nuevo juicio en Noviembre 2020. Urresti continúa tentando otro cargo de poder político, esta vez postula a la presidencia del Perú. También continúa maniobrando para eliminar toda prueba en su contra. En la audiencia del 13 de Enero de 2021, Ysabel Rodríguez denunció el intento de compra de su testimonio para que desistiera de la acusación por violación contra Urresti. Pero Ysabel tiene un poder mucho más grande que cualquier cargo político. Su verdad y su integridad para contarla.

“¿Un mostro, un violador un asesino nos va a gobernar? No puede ser. Si dependería de mi le gritaría a todo el mundo para que no voten por ese maldito hombre, ese hombre no tiene nombre. La verdad estoy muy dolida…lo que pasó conmigo…no quisiera que pase a otras mujeres. Él ahorita me amenaza diciendo que va a ganar el juicio, me va a meter preso…ya, iré preso pues, pero no me va a callar, no me va a callar nadie… siempre voy a hablar donde sea. Nadie no me va a callar”.

Ysabel Rodríguez Chipana, 2021. Foto: Comisedh.

**Daniel Urresti Elera fue contactado por FemLATAM el día viernes 5 de Febrero, 2021 y hasta el cierre de esta publicación no contestó la invitación a replicar las acusaciones.**


Caso Bustíos, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, OEA, 1997.

Comité para la Protección de Periodistas, 2015

Claudia Cisneros Méndez Es periodista y comunicadora con estudios en mujer, sexualidad y género. TW

La realidad de las personas trans en el Perú: seis cosas que debes saber

Por Gianna Camacho García

En el Perú, las personas trans no vivimos en las mismas condiciones que el resto, somos ciudadanas y ciudadanos de última clase.

Aunque parezca una afirmación drástica, es nuestra realidad y se las voy a describir, pero primero entendamos bien quién es una persona trans. Trans proviene de la palabra transgénero o transexual (término médico) que hace referencia  a la transición por la que pasa alguien.  

Una persona trans es aquella a quien se le asignó el sexo hombre o mujer, basándose solo en sus genitales, pero que en el desarrollo de su vida descubre que su identidad de género es opuesta a la asignada al nacer. Por ejemplo, en mi documento nacional de identidad (DNI) aparezco con nombre y género masculinos, a pesar que tengo una imagen femenina y me identifico como mujer. En el caso de los hombres trans pasa exactamente lo contrario, “nacieron” como mujeres, pero se identifican como hombres. 

Las personas trans rechazamos que se nos categorice solo por el sexo biológico; las personas somos más que solamente un ser vivo con pene o vulva. Un ser humano es el resultado de sus pensamientos, sentimientos, vivencias, etcétera. Incluso, la medicina reconoció como error el haber clasificado en el pasado a la identidad trans como patología, así lo confirmaron en 2013 la Asociación Americana de Psiquiatría y el 2019 la Organización Mundial de la Salud.

Si has llegado a leer hasta aquí y en verdad eres una persona respetuosa de nuestra identidad, es necesario que conozcas seis de las discriminaciones concretas con las que lidiamos a diario las personas trans en el Perú. Esto te dará una idea de si nos tratan o no como al resto de peruanos.

Foto: Gianna Camacho García
  1. Derecho fundamental a la identidad

Para que las personas trans cambiemos los datos en nuestro documento nacional de identidad (DNI), debemos interponerle un juicio al Estado y ganarlo. En el caso del cambio de nombre, eso implica invertir unos tres mil o cuatro mil soles, mientras que, en el caso de cambio de sexo, esta suma resulta exorbitante y la sentencia llega a tardar entre 8 o 10 años; pudiendo ser ésta, negativa o positiva.

Muchas personas trans están en situación de pobreza, pobreza extrema o viven del día a día, por lo que invertir en un juicio es solo un sueño inalcanzable. Y cuando el fallo es favorable, aparece la Procuraduría Pública del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil que apela la sentencia, convirtiéndose en un nuevo e innecesario obstáculo en la búsqueda del reconocimiento de nuestra identidad.

El DNI no refleja la persona que soy, se ha convertido para mí y mis compañeros en el principal objeto por el cual nos denigran, debiendo aguantar situaciones de humillación y burlas cada vez que lo mostramos. Es decir, no permite que vivamos una ciudadanía plena.  

Infografía: ÚNICXS

2. Niñez y adolescencia

En la mayoría de casos, las personas trans manifestamos actitudes que no van con lo que espera la sociedad de nosotras en términos de comportarnos acorde a nuestro sexo biológico y a lo que culturalmente se espera de alguien así. De esta manera surgen las estigmatizaciones desde pequeños. A los niños se les señala como afeminados o delicados, mientras que a las niñas como toscas o machonas. Nuestras formas de ser constantemente son cuestionadas y hasta castigadas por quienes deberían querernos incondicionalmente y tratar de entendernos: nuestros padres, que en nuestro caso ceden a la presión social.

Durante los primeros años es difícil determinar si somos gays, lesbianas, bisexuales o personas trans. Nuestra pésima educación, sin enfoque de género, acentúa más ese desconocimiento, y en este instante me pongo a pensar en todas las lágrimas que me hubieran ahorrado si desde pequeña me hubieran dicho que lo que me pasaba también le pasaba otras personas. Así no hubiera crecido creyendo que era una especie de fenómeno.

Cuando de pequeño le conté a mi profesora que estaba siendo insultado con palabras como ‘maricón’, lo que me dijo es que el resto me molestaba porque era muy delicado, porque no jugaba fútbol. Este tipo de cosas lo dicen la mayoría de adultos en nuestra sociedad ante estas situaciones, pero en el fondo el mensaje que dan es que la burla, la discriminación y el bullying que puedan impartir algunos compañeros de estudios no son el problema, sino que el niño ‘muy femenino’, es el culpable de lo que le pasa. Es decir, le echan la culpa a quien es la verdadera víctima y validan el comportamiento discriminador de los demás.

Vivencias como esta hacen que lleguemos a la adolescencia pensando que nos merecemos el desprecio. Empezamos a ver a nuestros tutores como personas incapaces de comprendernos e inicia el desprendimiento afectivo, sentimos que no nos quieren. Esto quedará marcado en nuestra memoria por el resto de nuestras vidas.

3. Educación

De acuerdo a un estudio de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH)( https://www.unicxs.org/infografia ), el 50% de nosotras, las personas trans, no termina sus estudios. Aunque la mayoría revela que se escaparon de sus hogares, lo que les pasa es más bien una expulsión o migración forzada dadas las condiciones de hostigamiento y violencia, según un diagnóstico de la misma UPCH.

Entonces, no debería sorprenderte ver tantas jóvenes trans sin familia, en la calle y sin estudios escolares concluidos. Por supuesto, siendo la secundaria un prerrequisito para acceder a educación superior, ahora puedes entender por qué no hay mujeres trans con carrera técnica o universitaria.

4. Oportunidades laborales

Ya sabemos lo que le pasa a alguien que no tiene secundaria completa, sus oportunidades de trabajo son limitadas, y si a eso le añades el rechazo basado en prejuicio, te encontrarás con una mujer trans desesperada por sobrevivir, teniendo que soportar frases como “das mala imagen para la empresa”, “espantas a la clientela” o “das asco”.

Es aquí cuando la puerta del trabajo sexual o la prostitución es la única que parece estar siempre abierta de par en par para nosotras. Alimentando la cifra que señala que, solo en Lima y Callao, el 70% de mujeres trans se dedica al trabajo sexual (https://www.unicxs.org/infografia )—esto explica por qué no ves trans en bancos, grifos, tiendas u otro centro de trabajo convencional—. 

Ahora en pandemia, está de moda apelar a la ‘reinvención’ como método para salir adelante. Pues bien, algunas compañeras creyeron en eso y se animaron, por ejemplo, a preparar ceviche o mazamorra para vender. Se quedaron con lo preparado porque nadie quiere comprar algo cocinado por manos de una persona trans.

Que no se crea que esto es exclusivo de las compañeras sin preparación académica. El estigma y la discriminación alcanza inclusive a aquellas que hemos terminado una carrera. Nadie se anima así nomás a contratar a una mujer trans. Y contra eso, por lo pronto, no podemos hacer nada

5. Salud

En Perú la principal infección que afecta a la población de mujeres trans sigue siendo el VIH-SIDA (Estrategia Sanitaria de Control y Prevención de ITS y VIH/Sida del Ministerio de Salud – 2014) y al menos en ese aspecto el Estado sí da asistencia. Si bien en pandemia algunos hospitales se han quedado sin tratamiento antirretroviral contra el VIH, éste se entrega de manera gratuita.

Sin embargo, el principal problema de los centros de salud a nivel nacional es la falta de sensibilización. Se siguen reportando casos de transfobia por parte de personal médico, que insiste en llamar señor a una compañera o señorita a un hombre trans. Incluso, hay quienes no quieren atender a una persona trans que se encuentra enferma. 

6. Población vulnerable

De acuerdo al Plan Nacional de Derechos Humanos 2018-2021 del Ministerio de Justicia, nos encontramos dentro de uno de los trece grupos de especial protección reconocidos por el Estado; mientras que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables creó en 2016 una “Mesa de Trabajo para promover los derechos de Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales GTBI”, sin embargo, hasta la fecha no se ha establecido ni una sola política pública para la población trans.

No somos incluidos en los censos oficiales y mucho menos en algún programa social.

Infografía: ÚNICXS

Quienes buscamos que se emparejen las cosas para las personas trans, tocamos puertas de autoridades y tomadores de decisiones para hacernos escuchar. Sabemos que una Ley de Identidad de Género (como el presentado en 2016 por la excongresista Indira Huilca) nos ayudaría a vivir con dignidad y una Ley contra los crímenes de odio reconocería que somos violentados solo por ser quienes somos.

Pero sabemos que el trabajo más difícil será cambiar la mente de quienes nos rodean. La clave está en la empatía, cualidad que la mayoría de peruanos parece no tener.    

Las batallas diarias que libramos son muchísimas más, pero creo haber expuesto los principales obstáculos que encontramos en la actualidad. Quisiéramos poder preocuparnos más en las soluciones, pero a veces nos quedamos sin energía por estar abocados a nuestra supervivencia.

Créditos de foto de portada: Gianna Camacho García

Recursos de ayuda

Proyecto Unicxs de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

Observatorio de Derechos Humanos LGBT


Gianna Camacho García es periodista y activista trans.

En los últimos años viene realizando acciones de incidencia política.

Además brinda talleres de capacitación y sensibilización sobre la realidad de las personas trans en el Perú.

Redes sociales:

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FB: https://www.facebook.com/periodistatrans

Mujeres Migrantes Maltratadas en Perú: “Nosotras también somos mujeres”

Por Inés Agresott

Inés Agressott, coordinadora del colectivo Mujeres Migrantes Maltratadas (MMM) del Perú, denuncia la indiferencia del Estado peruano, del feminismo blanco y de una sociedad que las trata con desprecio, las agrede, aplasta e invisibiliza.

Perú es un país diverso, multicultural, con grandes riquezas naturales, pero también mucha pobreza y abandono. Siempre escuchas explicar por qué esas diferencias, y es el tema histórico del resentimiento, explotación y humillación realizada desde la conquista española hasta el presente.  Las taras malignas como la discriminación, en todas sus formas, y la total falta de unión y consciencia colectiva, permite la vulneración de los más mínimos derechos de sectores y grupos sociales, excluidos y marginados, heredadas del traumático pasado histórico.

Y ahí entramos nosotras, las mujeres migrantes que llegamos al Perú. La particularidad de nuestro colectivo es que todas, de una u otra forma, hemos sido o somos parejas de peruanos. Muchas de nosotras tenemos hijos peruanos, algunas con nietos peruanos, y todas hemos sufrido alguna clase de violencia de genero.  Y es en ese momento en que nos convertimos en víctimas, que buscamos ayuda, primero del Estado, el cual, desde sus diferentes instancias, nos la niega, revictimizándonos, y además discrimina. 

La comisaría, que no acepta la denuncia, el Ministerio de la Mujer (MIMP) – donde no se preocupan si es que contratan agresores, feminicidas, xenófobos, racistas, etc. –  no se sabe si acepta la denuncia o no, pero igual no funciona; su línea 100, Centro de Emergencia Mujer (CEM), de miles y miles de peruanas víctimas de violencia. Un Poder Judicial y Ministerio Público igualmente machistas y corruptos, y finalmente una sociedad que ha normalizado la violencia, abuso, violación y muerte de mujeres y niñes, que justifican todo lo que nos pasa, más aún si somos extranjeras.

A todo esto, agregas la Superintendencia Nacional de Migraciones que, a pesar de los avances legales en los últimos años, siguen teniendo funcionarios que se valen de una serie de artimañas jurídicas y burocráticas para poder perseguirnos de vez en cuando, y dejarnos casi todos los años irregulares.

El colectivo Mujeres Migrantes Extranjeras (MMM) está conformado por mujeres de diferentes países, principalmente de Latinoamérica y también europeas. Hay analfabetas, con estudios medios y otras con maestrías, algunas bastante religiosas, otras ateas, agnósticas, militantes feministas, lesbianas, señoras amas de casa, con inclinaciones de izquierda y derecha. Es una variedad de culturas y pensamientos que se encuentra unidas por el abuso sufrido en estas tierras, y los vacíos migratorios que nos llevan, años tras años, a renovar una residencia precaria, a pesar de tener familia e hijos peruanos, y llevar décadas en el país.

Por eso tenemos años luchando por una Ley que nos permita el acceso a la residencia y nacionalización por nuestros hijos y por violencia familiar, además la posibilidad de salir del país con nuestros hijos menores de edad en casos de violencia familiar y deuda de alimentos.

En esta completa vulnerabilidad, en algunas ocasiones con niños pequeños, perseguidas y maltratadas, tocamos las puertas de toda organización que tuviera que ver con los derechos humanos, léase Amnistía Internacional, ONU, OIM, IDL, hasta OXFAM, que no tenía nada que ver estos casos, además de las feministas como Flora Tristán, Manuela Ramos, etc., etc., y etc.  Y la respuesta siempre fue la misma, no veían casos de migrantes.  Buscamos en el feminismo el apoyo sororo, ante tanta violencia e indiferencia, y ahí con pena encontramos colectivos divididos, teóricos y muchas veces clasista, sin ningún nivel de empatía hacia aquellas que éramos agredidas por nuestras parejas.

Es cierto que en varias de esas organizaciones siempre existen activistas que creen en lo correcto, y son sensibles al dolor ajeno, pero no son la mayoría de las que trabajan en estos pequeños reinos matriarcales machistas, y con todas las discriminaciones existentes en la tierra.  Un feminismo etnográfico privilegiado, que no solo actúa así con nosotras, si no con aquellas que son pobres, o no responden al estereotipo por ser madres, poco instruidas, sindicalizadas, o simplemente heterosexuales.

La fuerza del movimiento #MeToo en Estados Unidos y en el mundo se fundó en la valentía de las denunciantes y la solidaridad de las mujeres con ellas; lo que permitió anteponer la fuerza y contundencia de la denuncia a la posible simpatía, imagen o poder de los denunciados. En nuestro caso si una compañera lesbiana golpea a su pareja, comienzan los actuares abusivos de quienes creen tener el poder hacia otras mujeres, y escudarse en el feminismo porque representan la lucha en contra del abuso patriarcal al que hemos sido sometidas las mujeres a través de la historia.  Abusos que no puedes denunciar porque dañaría al feminismo incipiente, gregario y discriminador existente en Perú.  Candidatas al congreso que dicen que lucharán por las mujeres, pero que defienden a capa y espada a sus amigos agresores, ‘periodistas imparciales’ que apoyan totalmente a su amigo agresor, con sentencia judicial, y ayudan a separar a una niña de 6 años de su madre extranjera, porque su amigo es bueno y ‘feministo progre’. Feministas que excusan y justifican a su amiga ‘influencer’ para atacar a una jovencita extranjera, que a los 16 años fue seducida por la adulta y directora de la escuela donde estudiaba.  O el caso de la compañera chilena, artista feminista y cantante, que acompañaba a todos los eventos que reivindicaban los derechos de las mujeres, organizados por cualquier movimiento feminista, mientras que ella y su familia no tenían residencia en el país, y ninguna de las que usaron su feminismo la apoyaron al momento de la pandemia y de la necesidad de documentos. Esos comportamientos que tanto odiamos en la sociedad machista y patriarcal, se ven emulados en el mundo del feminismo blanco peruano.

Todo lo anterior se presenta mientras nosotras, las Mujeres Migrantes Extranjeras, seguimos siendo invisibilizadas, ignoradas y abusadas por las parejas, el Estado y una sociedad que ahora tiene como excusa perfecta la xenofobia hacia el éxodo masivo de ciudadanos venezolanos para poder seguir perpetuando el abuso hacia sus mujeres, las madres de sus hijos y negar el mínimo derecho que corresponde a un ser humano.

El feminismo debe ser de todas las mujeres, sin importar nuestra orientación sexual, clase social, raza, procedencia, nivel de educación; luchando por no más violencia contra nosotras y nuestros niñes, la igualdad y respeto que nos adeuda la historia.  Sororidad al tratar de entendernos que cada una de nosotras será feminista en su momento, pero trabajando en masificarlo. popularizarlo y empatizarnos con las más débiles y que tienen menos acceso a todo. Eso es feminismo, todo lo demás es la simple reproducción de la discriminación patriarcal neoliberal capitalista, mal llevada e impuesta por sus privilegios y educación.

O como decía Ángela Davis, militante probada no en las palabras sino en la lucha por los derechos y contra la represión: “el feminismo que el mundo necesita es un feminismo que desafíe el racismo y el capitalismo global”, y dentro de ello se incluye, por supuesto, también la xenofobia (fobia al extranjero) y aporofobia (fobia al pobre).

Seis cosas que debes saber sobre las mujeres migrantes maltratadas en Perú

1. Antes de la diáspora venezolana, que empieza el 2016, había poca información oficial acerca de los migrantes en el Perú. Se estimaba, por datos de la Defensoría del Pueblo y de abogados que trabajaban en el tema migratorio, que no llegaban ni a cien mil personas de diferentes nacionalidades. De ellas, un 10 a 15% tenía problemas migratorios por motivo de familia, tomando como base la legislación migratoria vigente de 1992, el Decreto Legislativo Nº 703.  

2. La persecución a los migrantes se agudizó el 2014, en el gobierno de Ollanta Humala y con Daniel Urresti como ministro del Interior. Defensoría del Pueblo con la ayuda del Parlamentario Andino, Alberto Adrianzén, en el 2014 realizan un informe, acerca de los atropellos cometidos contra extranjeros con familia peruana, adjunto informe.   En el año 2015, la ONU, llama la atención a Perú por el maltrato a los trabajadores migrantes residentes en Perú en el informe de la “Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares” Adjunto documento.

3. Cifras al 2019 sobre migrantes en Perú: https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/inmigracion/peru#:~:text=En%20Per%C3%BA%20viven%2C%20seg%C3%BAn%20publica,%2C%20que%20son%20el%2045.75%25.

Actualmente las cifras oficiales de mujeres migrantes solo se limitan a venezolanas.

4. En nuestro Colectivo hubo al inicio también migrantes venezolanas, cuando todavía eran pocas, pero salen luego de la llegada masiva, y que se forman las ONGS de venezolanos, que reciben apoyo económico del exterior, así como en las ONGs peruanas. Además de los decretos y leyes migratorios que agilizaban y facilitaban trámites, que a la vez permitían acceso a servicios de salud,  educación, y trabajo, que a nosotras siempre nos negaron.

5. Actualmente nuestro colectivo cuenta con alrededor de 50 integrantes. Esta cifra fluctúa, porque muchas de las compañeras, al solucionarse su problema, se retiran del Colectivo ya que su deseo es salir del país, mientras alrededor de 15 integrantes siempre permanecen, generalmente son las mayores que residen en Perú por más de 10 años hasta 40 años, que tienen hijos adultos y nietos.

Tenemos por ejemplo el caso de María de los Ángeles Rodríguez Campos, costarricense que tiene alrededor de 40 años en Perú. Ella fue víctima de violencia familiar, nunca tuvo residencia legal en el país porque su esposo peruano jamás tramitó sus documentos. Hasta hace un par de años, era el único que podía tramitarlos ante Migraciones, lo que abría todo un espectro de abusos por parte de los machos hacia sus esposas esclavas extranjeras.  A eso se agregó la acumulación de una gran deuda por permanencia irregular en el país, lo que hacía casi imposible que pudiera formalizar su residencia.  Por eso cuando su esposo muere, queda a la deriva legal, porque los hijos en Perú no dan arraigo, en una cultura extremadamente machista. Así que María vivió toda una vida al margen de cualquier posible legalidad, acceso a la salud, o gestión que requiriera algún documento de identificación. 

6. También se nos impide salir del país con nuestros hijos menores de edad, se debe contar con la autorización del padre, sin importar que el padre sea un agresor o deudor de alimentos. Eso paso con nuestra compañera Natalia Bresó, quien teniendo una conciliación que le permitía salir con la niña, además de existir una deuda de alimentos, se le aplicó la restitución internacional a través del MIMP,  porque su ex pareja tenía una red de influencias y apoyo de algunas feministas y abogadas de derechos humanos.  Natalia, fue separada de su hija de 6 años, estuvo presa, afronta varios procesos judiciales, hoy tiene casi 4 años que no ve a la niña porque en este sistema, además contando con el apoyo de su red familiar y amical, a este hombre se le celebra y permite decidir que la niña crezca sin madre.   

Siendo totalmente conscientes de estas circunstancias, ninguna de nosotras sale del país, para no separarse de los niños, a pesar que el Estado cómplice es consciente no puede asegurar la integridad física ni emocional de nosotras y de nuestros niños.


Inés Agresott es Coordinadora de Mujeres Migrantes Maltratadas (MMM) en el Perú. Nacida en Cartagena de Indias Colombia.  Antes fue cineclubista y productora audiovisual.

Actualmente es activista de Derechos Humanos de las mujeres migrantes.

“En el 2014, migraciones del Perú se negó a renovar mi residencia en un acto de xenofobia y racismo, conocí a otras mujeres en peores condiciones que la mía, casadas con hombres peruanos violentos, separadas de sus hijos,  nos unimos y nació Mujeres Migrantes Maltratadas Perú.

Desde hace años tratamos de exponer de manera pública  la violacion y violencia a la que nos expone el Estado peruano a través de sus diferentes organismos y que por Ley convertía a nuestro agresor en la única persona que podía tramitar nuestra residencia

Plantones, performance e intervenciones culturales, lograron que en el 2017 nos otorgaran la residencia por nuestros hijos. Hoy nuestra consigna es “residencia y nacionalización por nuestros hijos y violencia familiar. Además de la posibilidad de salir del país con nuestros hijos menores de edad por violencia familiar y por deuda de alimentos” “.

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Instagram: @mujeresmigrantesmaltratadas

Mail: madresmigrantesextranjerasperu@gmail.com

Periodismo feminista: HACER CONTANDO

Por Gabriela Wiener, Claudia Cisneros, Katherine Subirana y Laura Arroyo

“Lo importante es investigar los hechos, no quedarnos en la superficie del #YoTeCreoHermana, en el #MeToo yo te creo per se”, Paola Ugaz en RTV.

“Alguna gente feminista se mete al periodismo pero no con esa búsqueda de la verdad sino con un carácter de activista y en ese caso se les confunde todo y le hacen un daño enorme a la causa del feminismo y también al periodismo (…) y usan las redes par armar unos cargamontones espectaculares”, Álvarez Rodrich en RTV.

Para debatir las diversas cuestiones que conciernen al feminismo, es seguro que una feminista no elegiría a Augusto Álvarez Rodrich como interlocutor. Si hay alguien que le ha abierto en los últimos tiempos las puertas a la impunidad machista en los medios y lo ha justificado desde su supuesta progresía y en nombre de una muy discutible libertad de expresión, ese es Augusto Álvarez Rodrich. Desde la posición de poder que ocupa en el diario La República, le ha negado apoyo a periodistas mujeres con las que comparte espacio de trabajo cuando éstas han denunciado las prácticas patriarcales dentro de ese periódico, incluso el acoso sexual de sus jefes; ha ninguneado la labor de su editora de género cuando ella solo defendía lo justo y ha insultado públicamente a una referente feminista como Rocío Silva Santisteban. 

No ha estado Álvarez Rodrich tampoco a la altura cuando ha tenido que responder los cuestionamientos reiterados al medio que dirige sobre la clara misoginia con la que manejan la información. Sobran ejemplos para señalar su forma de tratar y referirse al movimiento feminista como agresiva, irrespetuosa y, por supuesto, machista. Por eso, Álvarez Rodrich sería la última persona con la que cualquier feminista hablaría de cancelaciones, MeToo, tolerancia, punitivismo o cualquier otro tema que preocupe al interior del feminismo. Y no por falta de voluntad de diálogo sino porque es inútil y contraproducente validar como siquiera debatibles los pseudoargumentos de alguien a quien parece interesarle el feminismo solo cuando se trata de atacarlo para proteger sus intereses.

La única puerta que las feministas cerramos es aquella que le da voz al machismo. Más aún si se disfraza de hombre que se autoseñala, incoherentemente, como feminista.  

Autoproclamado feminista, Augusto Álvarez Rodrich de La República, publica mensaje en twitter contra Rocío Silva Santisteban congresista y reconocida feminista peruana.

“Yo también soy periodista y feminista. Pero hay otra faceta que es el activista y que en algunos casos ese activismo choca con el periodismo porque el activismo promueve su causa contra lo que sea y el periodismo busca la verdad, busca los hechos”, Álvarez Rodrich en RTV.

¿Es el periodismo feminista menos profesional?

Este artículo, sin embargo, no es para mostrar el antifeminismo de Rodrich o su poca o nula autoridad para hablar de algo que no entiende ni conoce, pese a autodenominarse feminista. Este artículo tiene como propósito abordar el falaz mensaje emitido en la entrevista en vivo que AAR hizo en su espacio semanal en la web de La República a la periodista Paola Ugaz y que lleva el título de “El feminismo hoy en el Perú”. En ella, ambos se esfuerzan por instalar un falso debate en torno a si el periodismo puede ser o no feminista, o de si el activismo es un peligro para la búsqueda de la verdad y el seguimiento de los hechos. 

“Yo soy periodista, soy reportera, y lo primero para mi, lo que es importante son los hechos. Entonces, a mi no me basta el #MeToo. El Metoo, claro, hace que todo el mundo vaya y diga (…) que apoya a la víctima pero deja detrás un principio mínimo que es la corroboración de hechos”, Paola Ugaz parafraseando y conincidiendo con Guillermoprieto en RTV.

Este es un pseudoargumento recurrido por parte de gente que no ha entendido de qué trata el feminismo y tiene una visión más bien desinformada y deformada de lo que es y lo que busca. Hace un año algunos periodistas interpelaron a la argentina Luciana Peker, durante el festival Gabo de periodismo, porque se nombró a sí misma como periodista feminista. Los colegas aseguraban que el periodismo feminista no es periodismo o que el periodismo no puede ser feminista porque si “toma partido” deja inmediatamente de ser periodismo, pues traiciona los estándares de objetividad y neutralidad. Esto no es verdad. Lo que pretenden negar, de manera consciente o inconsciente, es que el periodismo nunca es neutral, aunque lo intente. La sola elección de un titular puede depender de la subjetividad del periodista y una decisión presuntamente objetiva responde muchas veces a los intereses y sesgos de las propias empresas periodísticas y a cuestiones de poder. En cuanto al género, históricamente en el periodismo y en la construcción de las noticias ha dominado una visión androcéntrica, masculina, heterosexual y blanca; esa hegemonía es la que los feminismos han venido a desmontar para introducir otras perspectivas, como la de género. Quien no ve esto es porque está tan dentro del problema que no es capaz de detectarlo.

Si las periodistas feministas no hubieran abierto también la palabra —suele decir Peker—, no se hubiera extendido la denuncia del abuso sexual con ese nivel de impacto. Esa ha sido su función y su compromiso, el de acompañar las luchas de las mujeres de manera activa. ¿Cómo no hacer periodismo pro-derechos, feminista y antirracista, cuestionando lo que hay de estructural en las violencias que padecen las mujeres, denunciando los privilegios de un género sobre otro, y los demás ejes de opresión, cuando en los medios aún existe una omnipotencia de la mirada masculina?

Por esta intolerancia que tú menicionas, simplemente a cualquiera que discrepa con alguno (sic) de la manera más mínima con su forma de ver el mundo (…) simplemente lo pasan a la lista negra, y combaten eso y  no se dan cuenta que allí estan perdiendo aliados en esa causa”, Álvarez Rodrich en RTV.

Periodismo con enfoque de género

El periodismo con enfoque de género o periodismo feminista cumple hoy una  función absolutamente necesaria y urgente: enderezar las distorsiones de género en las que el sexismo impregnado en nuestro lenguaje y cultura se expresa culpando a la mujer de ser violada, acosada, violentada y hasta asesinada; o cuando se replican estereotipos que propagan el odio contra ellas porque quieren mantenerlas en una posición subalterna; o cuando se niegan sus derechos sexuales y reproductivos. También cumple mucho mejor con la urgente función de incorporar la interseccionalidad en el ejercicio de la profesión. Esto es, una real comprensión e inclusión en las temáticas periodísticas de las identidades políticas y sociales de las personas que generan discriminación diaria y estructural en relación a su género, clase socioeconómica, etnicidad, apariencia física, diversidad funcional y neurodiversidad, etc.

“La escena macabra de ese señor Cilloniz en el ascensor, lo ponían como un acto de machismo. Yo decía: eso no es machismo, es un pata que está desquiciado, que tiene un problema de salud mental, pero eso no es la masculinidad esa cosa, es otra cosa”, Álvarez Rodrich en RTV.

“El señor además tenía denuncias de haber golpeado a su madre. Eso no tiene que ver con el machismo, es un tema que va más allá de cualquier discurso”, Paola Ugaz en RTV.

Es decir, el periodismo feminista y militante rompe con estructuras, con prácticas muy enraizadas, con modos de hacer patriarcales, dentro de las redacciones e incluso de la propia academia periodística. Son las periodistas feministas las que han tenido la valentía de señalar por primera vez la misoginia en los propios medios de comunicación en los que trabajan, o el acoso y el abuso sexual que han tenido que soportar de sus propios admirados maestros, jefes y profesores. Por eso, y por ser mujeres, enfrentan represalias todos los días, contratos precarios y explotación laboral.

Algo que personas como Álvarez Rodrich y Ugaz parecen ignorar en la conversación que sostuvieron, es que el mundo está cambiando y con él cambia el periodismo y su praxis. No parecen haberse enterado de cuán desfasada está la mirada que apela a la prestigiosa autoridad masculina, al director iluminado que elige una corte de redactores/reporteros estrella. Tanto su poder como el poder de los grupos que los sostienen, su ética y su práctica periodística es hoy cuestionada por nuevas generaciones de periodistas profesionales, sólidos y comprometidos con ejercer un periodismo donde se incluyen en teoría y práctica los derechos de todxs. Es en este contexto en el que la otra mitad de la población, las mujeres, levanta la voz.

“Otra de las reflexiones importantes de Guillermoprieto que dice ¿qué tiene que tener una ética afeminista? Tolerancia, porque qué pasa si no hay tolerancia: Hay rabia. Hay rabia, que es lo que vemos cuando uno por lo menos cuestiona cualquier cosa que tiene que ver con estas historias de #MeToo (…). Sin tolerancia y sin corroboración de los hechos yo no puedo ir por ese lado que se quiere en el feminismo”, Paola Ugaz en RTV.

Y esa otra mitad ya no solo se   conforma con cuotas, sino que lucha en forma y contenido por presencia y representatividad, por paridad, por equiparar salarios, por ocupar espacios de decisión en los medios de comunicación, por no seguir siendo discriminada. Es una lucha en desarrollo; basta ver, por ejemplo, cómo funciona el Consejo editorial de un periódico como La República – que conforma AAR junto a casi cien por ciento de miembros masculinos; o ver la contradicción entre el editorial que rechaza la perspectiva de género mientras a su vez tienen a la primera editora de género de un medio nacional, Lucia Solis. También se reflejan estas contradicciones en la gestión del periódico y en el tratamiento de la información, así como en las bajas cuotas de redactoras y columnistas. No se dan cuenta que las audiencias han cambiado, se han feminizado y que reclaman perspectiva de género, que hasta podría salirles rentable si les importara de verdad. Incluso la adición de una editora de género en el diario fue un parche desesperado a la multitud de reclamos que evidenciaban una absoluta incomprensión del cambio que se está viviendo. La editora de género de la República tiene a los enemigos dentro de la propia casa y desde allí da batalla, pero la resistencia de lo pasado que se niega a transformar es fuerte. Álvarez es una muestra de ello.

¿Qué puede ofrecer hoy un medio de comunicación feminista y las periodistas que trabajamos con enfoque de género? 

Enfoque de género transversal a todo el periódico; investigaciones rigurosas, bien fundamentadas y contextualizadas, que llamen a hacernos preguntas, a cuestionarnos, reportajes que funcionan como una herramienta de empatía y cuidado para las supervivientes que han decidido salir al frente de sus historias, en un mundo en el que todavía está instalado el “no te creo”. Pasó con los reportajes del NYT y del New Yorker que ganaron un Pulitzer por la investigación del caso del acosador y violador Harvey Weinstein, un trabajo monumental y con muchos recursos (esa es la diferencia con los medios de nuestros países) para encontrar todo lo que se necesitaba para señalarlo y para que ellas no fueran dañadas. Este es un caso en el que el periodismo con una perspectiva de género intervino cuando otros sistemas fallaron, pero no es el único.

Quienes no entienden el feminismo censuran y devalúan la denuncia pública en redes sociales, cuando actualmente y justamente debido al sistema patriarcal que les cierra las puertas en el periodismo, la policía o el poder judicial, no hay nada más importante que el impacto social de las voces de miles de mujeres que en estos años han revelado la verdera dimensión sistémica de la cultura del acoso y la violencia sexual en el mundo. No lo hicieron los periodistas, lo hicieron las mujeres y no hablando bajito. De hecho, por ejemplo, el caso de Guillermo Castrillón que cita en la conversación Paola Ugaz como un caso que ella lleva siguiendo hace tres años, es un caso basado cien por ciento en denuncias públicas hechas por las 16 víctimas en sus redes sociales; que luego de compartir sus historias y vincularse siguieron avanzando juntas en su lucha por justicia- y que por cierto sigue entrampada en el Poder judicial. La corroboración de datos o la investigación en este caso sirvió para hacer presión pública pero no fue en ningún caso un destape periodístico y revelador.

“No nos cancelemos entre perunos y peruanas por estos temas (…) Ahorita el tema del #MeToo aterra a mucha gente porque dice: ¡Uy ya salí. Ya salí en la página, ya mi vida se…perdí el trabajo, me fui”, Paola Ugaz en RTV.

El periodismo feminista no es el periodismo ‘salvador’ que explica los dramas de las otras, no es solo que “de voz” a las que no la tienen, el periodismo feminista es uno de voces y cuerpos situados, que habla de nosotras, que se encarna en nuestras palabras, propone la escucha permanente y acompaña, porque en lugar de acomodarse con el poder, colabora en desmontar hegemonías. 

Los hechos no son menos hechos en manos de periodistas feministas. Las periodistas feministas no somos menos periodistas, ni menos profesionales cuando hacemos nuestro trabajo, al contrario, buscamos ahondar en los problemas que otros no ven, visibilizarlos, dialogar y compartir reflexiones sobre estos para poner las vidas en el centro y que el impacto de la justicia social con la que estamos comprometidas sea mayor y más duradera, para erradicar colectivamente la cultura de la violencia y apañamiento de estos abusos, delitos y crímenes. 

La argentina Luciana Peker decía el otro día después de celebrar la resolución que decreta el aborto legal, libre y gratuito en Argentina, por la que se fajaron miles de mujeres, entre ellas miles de periodistas feministas como Peker, algo que zanja muy bien los cuestionamientos hacia el periodismo feminista: “No contamos la historia. La hicimos contando. El periodismo feminista es un soplido de letras que construyó el futuro”. 

Así es, el periodismo no solo cuenta, también puede “hacer contando”. Y en ese camino estamos muchas. 

Lecturas adicionales:
El #MeToo se trajo abajo a 201 hombres poderosos”, New York Times.
“The Silence Breakers”, Time.



SOBRE LAS AUTORAS

Gabriela Wiener – Periodista, escritora y feminista.

Claudia Cisneros – Periodista y comunicadora con estudios en mujer y género y feminista. TW

Katherine Subirana – Periodista, escritora y feminsita. IG y TW

Laura Arroyo – Comunicadora política, feminista y compositora. IGTW.

Cambios de humor: la discriminación ya no es graciosa

Por Emma Cadenas

Una popular serie de TV peruana fue acusada de promover transfobia. En uno de los capítulos de la teleserie se ve a Nicole, una mujer con voz gruesa que es ‘confundida’ con una persona transgénero. El actor Sebastián Rubio, uno de los pesonajes de la serie involucrado en las escenas, se disculpó vía Facebook tras las críticas. Pero el asunto es más grave porque representar a una persona trans estigmatizándola, como lo hizo la serie, implica el concurso de varias personas, entre guionistas, productores y actores. Y demuestra cómo esta forma de discriminación es aún ‘aceptada’ como algo ‘normal’ en la sociedad. Viene siendo tiempo de entender que la estigmatización a las personas trans no es más ‘solo una broma’.

**Esto no es chistoso**

Rubio hizo se disculpó públicamente por los episodios transfóbicos[1] de la popular teleserie local De vuelta al barrio (América TV) en los que aparece. Asegura en su post en Facebook que no se sintió cómodo pues el personaje que interpreta a una persona transgénero[2] en esas escenas replica todos los clichés atribuidos a las mujeres trans.

¿Existe de verdad un “exceso de susceptibilidad” por parte de las personas que conformamos la comunidad LGTBIQ+? ¿Hemos arruinado el humor peruano y mundial con una sobredosis quisquillosa que ve una ofensa en “cualquier cosa” y no se relaja para –como supuestamente el resto de todos los mortales– aceptar de buen grado la burla, el menosprecio, la ridiculización y otros “recursos humorísticos”?


[1] Transfobia: miedo, odio, falta de aceptación o incomodidad frente a las personas transgénero.

[2] Transgénero: Una persona transgénero es aquella que se identifica con el género opuesto al que se le atribuyó al nacer en función de su sexo biológico. Así, las mujeres transgénero o mujeres trans son aquellas nacidas biológicamente machos de la especie humana pero con una identidad de género femenina; mientras que los hombres trans son aquellos nacidos biológicamente hembras pero cuya identidad de género es masculina. Las personas trans pueden realizarse o no cambios para que la expresión de su género sea lo más acorde posible a su identidad. Esto cambios pueden ir desde su forma de vestir hasta incluso terapias hormonales e intervenciones quirúrgicas.

Una mirada al pasado: el humor de otros tiempos

Desde la Antigüedad, lo gracioso o cómico ha sido una herramienta de catarsis social, pero siempre urgida por las motivaciones humanas más nobles, para alcanzar mediante la risa lo que no puede conseguir todavía mediante la acción. El humor procesa el sufrimiento humano para hacer soportable la realidad y la existencia, y por eso su objeto es siempre aquello que le parece risible. Por ridículo, como en el caso del humor infantil; o por cuestionable y hasta indeseable, en el caso del humor adulto. Puede tener una mirada aparentemente compasiva como en el humor blanco o un ojo abiertamente despiadado como en el humor negro. Pero no se ríe el ser humano de aquello que aprecia, sino de todo lo contrario.

Un ejemplo de un tipo de humor en determinado tiempo es “La risa, remedio infalible”, la sección en la mundialmente famosa revista Selecciones del Reader’s Digest en la que el humorista peruano, Luis Felipe Angell de Lama, Sofocleto, dejaba testimonio de su genio para despertar una sonrisa en el prójimo a través de sus “sinlogismos”. Sin embargo, cuando se revisan hoy sus maravillosas humoradas que muchos seguimos admirando con devoción, podemos encontrar pasajes misóginos que ya no nos hacen ninguna gracia. ¿Es que el gran Don Sofo era un cavernícola consumado? Hoy, pecando de anacronismo, podríamos afirmar que sí, pero sabemos que si algo lo distinguió fue precisamente su rebeldía frente al entorno opresivo de las dictaduras y la hipocresía nacional. ¿Qué pasó, entonces? Nada muy fuera de lo común: él también era hijo de su tiempo.

Luis Felipe Angell “Sofocleto”, representó una forma de humor que en su momento se consideraba elegante e ingenioso. Hoy muchas de sus bromas serían rechazadas por discriminación o estereotipos. Aquí algunos de sus famosos “sinlogismos” (en alusión a los silogismos). Fuente: El Tiempo.

El humor no se ha dado nunca ni se da fuera de un contexto cultural determinado, y en su caso, las luchas que entabló a través de su sátira corrosiva apuntaban a otros objetivos que, en su momento, correspondieron a reivindicaciones humanas más urgentes, de acuerdo con la perspectiva que le tocó tener. Pero, sin duda, un humanista como él habría comprendido hoy por qué hacer mofa de las personas transgénero en particular, y de la diversidad en general, no es un recurso al que la comicidad deba apelar más.

El contexto en que funciona el humor no tiene que ver únicamente con el espacio, sino también con el tiempo. Por eso, el humor de Pataclaun puede resultar imcomprensible fuera del ámbito peruano igual que el de Poné a Franchela no ser tan eficaz con un europeo o un asiático como con el público argentino; mientras el humor de Risas y Salsa, el programa cómico insigne peruano de los años ochenta, o la comicidad de teleseries norteamericanas de esa misma década, como Matrimonio con hijos, ser bochornosa para los estándares actuales por aspectos como su tolerancia a la violencia, el acoso, el machismo, la homofobia, la transfobia y la mofa de las discapacidades, entre otros. Ayer, tales temáticas permanecían muy lejos de la agenda pública, y esas conductas estaban normalizadas. Hoy, los grupos afectados por estas formas de atropello a los derechos de las personas han conseguido visibilizar cada vez más claramente su situación y las injusticias que han padecido y padecen por parte de un gran sector de la sociedad.

Arriba a la izquierda: El comunicado en IG que la producción de la serie se vio oblagada a emitir. A la derecha, las disculpas del actor Sebastián Rubio. Y abajo, de izquierda a derecha: Gigio Aranda (productor) y los actores Sebastián Rubio y Fiorella Florez. (Foto: América TV/El Comercio)

Más allá de las disculpas del actor Rubio, el incidente del programa peruano De vuelta al barrio nos pone de cara a una realidad: la resistencia que aún existe a abandonar la normalización de la transfobia y otras formas de discriminación que han caracterizado al mundo del entretenimiento en los últimos cien años; así lo demuestra en detalle el documental de Netflix Disclosure, que muestra toda la distorsión que esa mirada estereotipante contra las personas trans introdujo en la cultura popular y las secuelas que trajo para las personas transgénero de todo el planeta.

Lo que comprobamos es que sigue habiendo una resistencia a abandonar los estereotipos y la discriminación que opera tanto activamente desde las producciones de la televisión y cine, así como también pasivamente desde esta receptividad de un público que reclama su “derecho” a seguir riendo a costa del honor y la dignidad del prójimo.

El gran humor perfila sus baterías hacia los objetivos que desea derribar; ayer lo hizo contra el autoritarismo y la autocracia, los atropellos a las libertad de prensa o al derecho a la autonomía de los pueblos, los abusos contra los derechos laborales, la hipocresía social; hoy le toca hacerlo contra la homofobia, la transfobia, el menosprecio a las personas con discapacidad, y otras situaciones como estas que, no por afectar a sectores minoritarios de ciudadanos, resultan menos importantes y urgentes. Todo lo contrario: representan la agenda pendiente en el desarrollo humano hacia sociedades más equitativas.

La actriz cisgénero[3] Fiorella Florez se disculpó tras las críticas por su caracterización estigmatizante de una mujer trans. Foto: El Trome.

¿Reflejando la realidad o deformándola?

Hay quienes han dicho que los episodios de la teleserie en cuestión buscaban “reflejar” una realidad. Sin embargo, esa es una excusa que no consigue ofrecer una coartada a la evidente transfobia. Mientras se les siga mostrando bajo ciertos estereotipos para apelar a la risa fácil, se seguirá reforzando la normalización de la violencia y exclusión contra las mujeres (u hombres) trans en nuestra sociedad. Y eso no tiene que ver ni siquiera con que el actor o actriz que encarne a una persona trans o gay deba ser, como algunos creen, de esa misma identidad de género u orientación; porque también hemos visto como una actriz trans, Dayanita, interpreta en el programa cómico JB un personaje que cae en la estereotipación cuando la mayor parte de los scketches que ella protagoniza incluyen burlas a las personas trans. Un buen ejemplo de una persona trans bien representada por un personaje es el papel que realiza el actor español Paco León en la serie mexicana de Netflix La casa de las flores, con el personaje de María José, una mujer trans profesional que enfrenta con mucha solvencia una sociedad discriminadora.

Entonces, volviendo a nuestra pregunta original de si demasiada “corrección política” hoy en día ha arruinado el sentido del humor de la gente. Nuestra respuesta es: que no es el humor el que ha cambiado, lo que ha cambiado es el objeto del humor. Ya no nos reímos de que una persona sea sorda, ciega, gorda, pobre, de rasgos andinos o afroperuanos, gay o trans. Las mujeres trans ya no somos los enanos del circo. Hoy entendemos que en cada una de estas diversidades hay ciudadanos con todos sus derechos y deberes. Hoy no hacemos escarnio de las situaciones de indefensión y vulnerabilidad, hoy nos sentimos sensibilizadas e identificadas con sus luchas, lamentamos las décadas y siglos en que debieron soportar la indolencia de la industria del entretenimiento y de la sociedad, y cómo eso normalizó el maltrato y la exclusión. Como humanidad vamos aprendiendo a querernos completos, sin temor a las diferencias y singularidades. Lo que ha cambiado es nuestra sensibilidad como sociedad a todas estas identidades antes motivos de mofa. Ese es un buen síntoma de nuestros tiempos.

Sepamos, pues, ser hijos e hijas de nuestro tiempo. Porque la discriminación ya no es graciosa.


[3] Cisgénero es la persona cuya identidad de género coincide con el género asignado al nacer en función de su sexo biológico. Una persona de sexo femenino que se identifica como mujer, es una mujer cisgénero.

Video: Via @periodistatrans en Twitter.

Emma Cadenas es poeta, escritora, periodista, cantautora, docente y teóloga trans con más de treinta años de trayectoria en diversos medios.

Puedes seguir a Emma en las siguientes redes:

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Twitter: @EmmaCadenasM

Soy periodista feminista y activista, y no me bajo del burro de nada

Por Leonor Pérez-Durand

En los tiempos que corren el periodismo no se puede limitar a explicar historias, también debe posicionarse y actuar para cambiar cosas. Así como no basta con no ser racista, hay que ser antirracista -lo cual implica acción-. No basta con ser periodista y declararse feminista, nuestro trabajo además debe generar reflexión y acción.

En una entrevista realizada por Augusto Álvarez Rodrich a la periodista Paola Ugaz, a la que admiro por su trabajo en la investigación de los abusos cometidos contra niños y adolescentes por la orden religiosa del Sodalicio de Vida Cristiana, ambos tomaron como pretexto el libro “Será que soy Feminista”, escrito por la conocida periodista mexicana Alma Guillermoprieto, para hablar sobre el feminismo y el activismo dentro del periodismo, y hablaron mal.

«En su libro Guillermoprieto reflexiona sobre sus últimos 30 años de carrera preguntándose la importancia del feminismo, pero también de la importancia de los hechos», afirmaba Ugaz en la entrevista y seguía: «Yo soy periodista y lo más  importante para mí son los hechos, no me basta el #MeToo porque apoya a la víctima, pero no corrobora los hechos […] lo importante es investigar, no quedarnos en la superficie del yo te creo hermana porque si no matamos todo».

En otra parte de la entrevista, ambos convenían en que el feminismo en el Perú se ejercía desde la intolerancia que «cancela» gente por disentir y «no se dan cuenta que es así como pierden aliados», decía Álvarez Rodrich». Ugaz, por su parte, aseguraba que «cualquier activismo te demuestra que tienes que sumar a todos, si quieres lograr cosas tienes que ceder y conceder», y decía que en el país se están dejando de hablar de temas importantes, como de la creación de guarderías públicas o del acoso a las mujeres en política porque se ha «cancelado» a tal o a cual porque está siendo investigado por alguna denuncia.

«Tu eres periodista y feminista, yo también soy periodista y feminista», decía Álvarez Rodrich a Ugaz; «pero hay otra faceta, el activista y en algunos casos el activismo choca con el periodismo, porque el activismo promueve su causa contra lo que sea y el periodismo busca la verdad. Alguna gente feminista se mete al periodismo con carácter de activista, lo confunde todo y hace un daño enorme al feminismo y al periodismo». «Sí», asentía ella.

Para Dan Gillmor, que ha sido director del Knight Center for Digital Media Entrepreneurship, escritor de tecnología y columnista en diarios como The Guardian, «la objetividad absoluta, es decir, un periodismo completamente separado del activismo, es un mito, igual que los unicornios». Considerado el padre del periodismo ciudadano, Gillmor también asegura que «muchos activistas son periodistas mucho más rigurosos que periodistas de ciertos medios».

Seguir con el argumento de que el periodismo debe ser virginalmente objetivo, que no debe sumarse a ninguna causa, que sólo debe informar sin tener una mirada particular, sin tomar partido es absurdo y desfasado. No está mal tener un punto de vista y volcarlo en nuestra piezas, lo que está mal es que ese punto de vista nos ciegue y no nos permita hacer el ejercicio de salir y entrar de lo que creemos y defendemos. Está mal no buscar la verdad, no el posicionarse frente a ella.

El periodismo activista es el que ha permitido denunciar, escándalos como por ejemplo, el espionaje de la NSA, o casos donde los derechos humanos están siendo vulnerados. ¿Qué clase de profesionales y de personas seríamos si como periodistas no alzamos la voz y no nos ponemos de parte de les más débiles? Con el periodismo ejercido desde el feminismo y el activismo se ha logrado poner sobre la mesa la problemática de la violencia de género como un asunto urgente a combatir.

Desmerecer el impacto de la denunica social a partir del movimiento #MeToo, porque dicen publica denuncias sin contrastar, es no tomar en cuenta la importancia de ese hashtag y de las redes sociales, a través de la cuales miles de mujeres rompieron ‘el secreto’ de los abusos sufridos. En 2017, a raíz de las denuncias por abuso sexual en contra del poderoso productor de Hollywood Harvey Weinstein, Alyssa Milano tuiteó: “si has sufrido de acoso o asalto sexual responde a este tuit con ‘yo también’ ” y a partir de esa acción miles de mujeres pudieron contar sus historias por primera vez; el caso se judicializó y se logró la condena de alguien hasta entonces intocable.

El tuit de Alyssa Milano con el “Yo tambièn” que en pocas semanas fue utilizado por millones de mujeres en más de 80 países en el mundo rompiendo su silencio muchas veces de décadas o de toda una vida.

#Cuéntalo, hashtag creado en 2018 por la periodista española Cristina Fallarás, que en sólo 10 días logró que tres millones de mujeres denunciaran las agresiones y abusos que sufrían, también es ejemplo directo de como el periodismo ejercido desde el feminismo y el activismo puede cambiar cosas. Iniciativas como #MeToo y #Cuéntalo han permitido que el relato de la violencia contra las mujeres lo expliquen las propias mujeres que nunca tuvieron espacio en los medios de prensa para hacerlo.

Contrastar las denuncias que recibimos es nuestro trabajo como periodistas, y a mí, ni mi feminisno, ni mi activismo me impiden hacerlo, al contrario; pero hay casos en los que las pruebas ya no existen, porque se trata de abusos cometidos durante la infancia y la persona agraviada recién denuncia décadas después, ¿qué me toca a mí como periodista? ¿no creer en la denuncia de una mujer o una persona diversa que asegura haber sido víctima de abuso durante la infancia?

Si ejerciese el periodismo desde la construcción patriarcal de los medios de comunicación, que antes de las redes dictaban el relato, sí, olvidaría el caso. En cambio, como periodista feminista y activista, me toca escuchar y encontrar el hilo conductor para contar esas historias, sobre todo, porque aquello de que las mujeres presentan denuncias falsas, es falso. Ejemplo: en España según La Fiscalía General del Estado, en 2019 fueron presentadas 168.057 denuncias por violencia de género, sólo 7 son falsas.

Paola Ugaz en la entrevista habló del caso Guillermo Castrillón, director de teatro peruano denunciado por 16 ex alumnas por abuso sexual, validando la investigación de los hechos. «Me tómo 3 años recopilar todos los testimonios y confirmé la importancia de la investigación de los hechos […] estas víctimas han afrontado una serie de pruebas, hay afrontado un proceso en la fiscalía». Esa investigación jamás hubiera sido posible sin la denuncia en redes sociales de las víctimas. Lo que demuestra la importancia de este tipo de denuncias. Y sin embargo, a pesar de la investigación, la justicia archivó el caso en primera instancia. Lo que confirma una vez más cómo el sistema de justicia no protege a la víctima y por qué muchas prefieren no pasar por ese calvario y solo hacer denuncias sociales. ¿Es justo juzgarlas? ¿Es justo que se queden calladas? ¿Es justo que no las escuchemos?

En 2019, yo misma publiqué el testimonio de otras 16 mujeres que denunciaban a Gerardo Berdejo, activista vegano y antianimalista, también por abusos y hasta por violación sexual. Las historias contadas por mujeres que no se conocían entre sí, demuestran el mismo modus operandi. Sólo 5 de ellas se atrevieron a denunciar y el proceso legal también está siendo un camino empedrado. Ambos casos demuestran que a la justicia no le importa que incluso un grupo de mujeres señale a un agresor.

Desde siempre instituciones y medios de comunicación han estado manejados por el sistema patriarcal, son los hombres los que han creado las leyes, son ellos los que en su mayoría imparten justicia, son los que ocupan cargos directivos en masa, los que imponen su visión como la visión de la sociedad y es por eso que las mujeres no somos creídas y la única manera que hemos encontrado de dar testimonio de nuestras historias es a través de las redes y de periodistas comprometides.

La comunicación del movimiento feminista en el Estado español”, estudio publicado en 2019, subraya que «las redes sociales son uno de los elementos distintivos de la cuarta oleada feminista». Y es que através de las redes, los mensajes llegan a todos lados al mismo tiempo. Además, antes de la pandemia, permitían la convocatoria de movilizaciones, incluso, de alcance internacional. Las redes son el arma para dejarse oír y las mujeres las están usando, y eso: asusta a los victimarios y a quienes no entienden con empatía lo que está pasando. 

Decir que todo el feminismo peruano es intolerante es otra falacia, porque no hay un sólo feminismo, hay varios feminismos: está, por ejemplo, el inclusivo, que propugna generar espacios donde las diversidades de género y raciales sean incluidas; está el abolicionista que quiere acabar con la prostitución; está el radical que quiere abolir el género, y más, así que decir que el feminismo peruano es intolerante no es cierto, lo que no toleramos son las normas del patriarcado que nos encorsetan y asfixian.

Decir que el feminismo peruano “cancela”, es decir segrega a quien piensa diferente es falso, el feminismo “cancela” a los abusadores, a los violadores, a quienes defienden al victimario en lugar de defender a la víctima, a quienes ponen por encima de la vida de la mujer, la vida de unas células. Pero esto es normal, yo como periodista hablaré con un denunciado para obtener su versión, pero no me interesa relacionarme con él, no me interesa verlo de ponente en un evento.

Imagen: 24 Horas

En la entrevista también se habló del caso Cilloniz, según entrevistador y entrevistada, el que este exconductor de programa cultural haya retenido a una actriz peruana en un ascensor no es un caso de violencia machista, tampoco lo es que el mismo personaje tenga denuncias por maltratar a su madre, según ellos este es un tema de salud mental y esto validaría a abusadores, violadores y feminicidas que se escudan en problemas mentales para justificar su misoginía y sus delitos.

Decir que lo cometido por Cilloniz no es violencia de género sino enfermedad mental es, además, falaz. El examen psicológico practicado a Cilloniz dice claramente que no padece enfermedad mental y que simplemente es un narcisista engreído que no tolera la frustración. ¿Le hubiera hecho exactamente lo mismo a un hombre? Además, decir que Cilloniz es un enfermo mental sin pruebas médicas es faltar al rigor de la investigación propugnado en toda la entrevista, y contribuir a la estigmatización de las personas neurodiversas identificándolas como violentas. Y esto último también es algo que el feminismo enseña, a practicar esas sensibilidades.

Buscando, investigando, haciendo mi trabajo de periodista feminista y activista encontré una columna de Augusto Álvarez Rodrich en la que se congratula porque las mujeres peruanas ocupan cargos de mando. «Lo mejor que se puede hacer ahora con este elenco femenino al mando de la política, para contribuir a la erradicación de la discriminación, es evaluar su desempeño al margen del género, y no como suele preferir la barra brava del feminismo, que ve cualquier crítica a ellas como ojeriza antimujer».

Y en estas pocas frases, se estaría yendo en contra de la ley de cuotas. Las mujeres no necesitamos que nadie evalúe nuestro trabajo desde el género, sino por su efectividad. Las cuotas son necesarias porque a pesar de que muchas veces estamos más o igualmente preparadas que un hombre, antes lo eligen a él y encima le pagan más. Las cuotas no son para darnos un trato de favor, sino para corregir la distorsión. Lo de «barra brava del feminismo» responde a morderse la lengua para no llamaros feminazis, pero sólo porque eso queda mal.

En estos tiempos de noeliberalismo a ultranza, de abuso de derechos humanos, de sindemia generada por el egoísmo de los más ricos sobre los pobres; en esta época en la que niñes, mujeres y diversidades siguen siendo sistemáticamente objeto de la violencia patriarcal, ser periodista feminista y activista es lo más coherente para mí y para muches que saben bien que sin acción no hay cambio. Las historias que contamos tienen que afectar, como periodista, no me veo más pasando de puntitas por las piezas que publico.


[1]               Es pertinente mencionar que antes del hashtag #MeToo que se popularizó a raiz del tuit de la actriz Alyssa Milano en el 2017, Me Too fue una organización que fundó en 2006 la activista afrodescendiente por los derechos civiles, Tarana Burke en en favor de jóvenes afroamericanas víctimas de violencia sexual.

*Imagen de portada: Nadia San Martin

Leonor Pérez-Durand es periodista audiovisual, activista, creadora de

teleoLeo.com , sitio web de noticias que aborda temas de afectan a mujeres y

diversidades, pero también, cumpliendo con los objetivos de igualdad y

justicia social del feminismo, da voz a quienes no la tienen.

“Desde mi posición profesional estoy avocada a denunciar los abusos cometidos contra las y los más débiles, ese y no otro es el objetivo de mi trabajo”.

Síguela en @teleoleo